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Es frecuente que a
la hora de traducir un texto jeroglífico en donde se alude a
una circunstancia totalmente extraña a la naturaleza egipcia,
nos encontremos con que el escriba no ha sabido cómo describir
un objeto o situación, y haya acabado optando por utilizar los
sinónimos que a él le parecieron más oportunos. Lo limitados
que pueden resultar los campos semánticos en una lengua
antigua a la hora de escribir sobre aviación, mecánica,
navegación, a fin de cuentas, cualquier clase de tecnología,
obligó a los escribas egipcios a utilizar términos ambiguos
como "estrella", "sol", "refulgente", etcétera, que, fuera de
su contexto natural, no hacen otra cosa que despistar al
investigador moderno. Únicamente buceando en la posible
interpretación de algunas fuentes originales, y con
traducciones de primera mano podemos vislumbrar varias
hipótesis interesantes que describen la presencia de objetos
extraños en los cielos faraónicos. Si OVNI significa objeto
volador no identificado, los cielos del antiguo Egipto fueron
surcados por multitud de estos objetos, tal y como nos lo
demuestran los propios textos.
El cuento del
náufrago
La única copia
conservada del famoso cuento del Náufrago fue descubierta por
un egiptólogo ruso en el Museo Imperial de San Petesburgo. Al
igual que sucede con infinidad de documentos y piezas de este
museo, nada se sabe de cómo pudo haber llegado hasta allí.
Expuesto actualmente en el Museo de Moscú, El cuento del
náufrago (Pap. Leningrado 1115) fechado hacia el 2000 a. C.,
es quizá la obra más emblemática de toda la literatura en
egipcio medio. En apenas ciento noventa líneas, el escriba
relata de una manera fresca y amena las aventuras de un hombre
que tras ser el único superviviente de un naufragio producido
por una gran tormenta, es llevado por las olas a una
misteriosa isla repleta de todo tipo de riquezas. En ella
reinaba una serpiente de dimensiones descomunales —más de 15
metros, según cuenta el propio náufrago—. La descripción de
este gigantesco reptil ya es sintomática para el problema que
nos atañe: toda ella refulgía como el mismo oro y sus cejas
eran de auténtico lapislázuli.

Con todo, la parte
que nos interesa es aquella en la que la serpiente cuenta al
náufrago la trágica historia de cómo todos los miembros de su
familia perecieron tras una fatídica catástrofe. Según la
serpiente, el luctuoso suceso se produjo a causa de un
incendio provocado por la colisión de "una estrella" que vino
desde el cielo. Literalmente las líneas 129-130 de la copia
del cuento del náufrago de Moscú dicen: "aja seba jau",
"entonces, una estrella cayó"...
La gran mayoría de
los egiptólogos que han trabajado este documento, señalan que
la estrella mencionada en el cuento es un meteorito.
Posiblemente, debido a la falta de un término concreto en la
lengua egipcia que definiera la imagen de un meteorito o quizá
pensando el escriba que realmente este objeto no era más que
una simple "estrella que cayó del cielo", acabó decantándose
por el término sb3 (seba) "estrella", para denominar tan
singular llamada de atención de los dioses. Es interesante
reseñar que los dos últimos ideogramas, identificados con una
estrella de cinco puntas y el disco solar, son los utilizados
en escritura jeroglífica para indicar que una palabra
pertenece al mismo campo semántico que todas aquellas que
hacen alusión a algún concepto o fenómeno astronómico.
La serpiente, por
su parte, ha sido interpretada como una alegoría del dios
solar Ra. Su aspecto dorado, el hecho de que en su familia
fueran setenta y cinco miembros, coincidiendo con los setenta
y cinco nombres que tenía este dios y otros supuestos
paralelismos, parecen relacionar la presencia del náufrago en
la isla con una representación figurada del paso del hombre al
Más Allá. No obstante, parece un poco incoherente para la
mentalidad egipcia que un objeto extraño a la tierra venido de
fuera —¿un meteorito? — tenga éxito en un hipotético intento
de hacer daño al todopoderoso dios solar Ra. Si leemos la
leyenda mitológica que describe la vida de Ra, nos daremos
cuenta de que no se hace otra cosa que cantar las victorias de
este dios sobre sus enemigos en las tinieblas, especialmente
la serpiente Apofis. ¿Qué clase de cuerpo celeste era aquel
que derrotó al mismísimo y todopoderoso dios Ra? También, la
propia presentación de la serpiente ante el náufrago, haciendo
el mismo estruendo que una tormenta, se aleja de la mentalidad
religiosa egipcia: los dioses no se aparecían a los humanos,
para contactar con ellos usaban a los sacerdotes como medio de
comunicación. Curiosamente, este mismo matiz es también
apreciado en otros documentos que reflejan la hipotética
aparición de un objeto volador desconocido.
Otros
investigadores han visto en El cuento del náufrago un relato
velado de la colisión de una nave espacial en tierra. En este
sentido, y siempre desde la óptica de esos autores, la figura
de la serpiente representaría al único superviviente de los
pasajeros que tripulaban dicha nave. Su aspecto dorado sería
la descripción primitiva de una extraña clase de traje
espacial que cubriría al insólito reptil. Si bien no tenemos
constancia alguna de la caída de meteoritos en el antiguo
Egipto por el hallazgo de cráteres o algo similar, sí podemos
presentar algunas pruebas que puedan indicarnos la dirección
del trabajo en nuestra investigación.
Contamos con varios
descubrimientos arqueológicos de lingotes de hierro
meteorítico, hallados en diferentes tumbas en época tan
arcaica como el Imperio Antiguo, mil años antes de que el
mineral de hierro apareciera en Egipto de manos de los
hititas, con uno de los cuchillos descubiertos en la tumba de
Tutankhamón. Muy probablemente, los sacerdotes egipcios,
viendo la procedencia estelar de estos meteoritos, pudieron
llegar a pensar que se trataba de algún tipo de mensaje de los
dioses o algo parecido, de suerte que guardaron los restos de
la piedra, restringiendo su conocimiento y uso a los iniciados
más avezados de los templos. ¿Utilizaron los antiguos egipcios
el hierro meteorítico en vez del cobre como se ha venido
diciendo hasta ahora, para labrar las piedras de una dureza
extrema como la diorita o el granito? La presencia de
meteoritos en los textos egipcios podría ser una prueba a su
favor para encontrar, por fin, una solución lógica a tan
esquivo problema.
El Papiro Tulli
Alberto Tulli fue
en su día el conservador jefe de la sección egipcia en el
Museo Vaticano. Al igual que hicieron otros descubridores de
documentos egipcios, como Westcar, Rhind, Leopold-Amster,
etcétera. Alberto Tulli dio nombre a un papiro, papiro Tulli,
un documento mucho más enigmático que el de ninguno de sus
antecesores.

El manuscrito fue
encontrado, estudiado y publicado por el egiptólogo italiano
Boris de Rachewiltz. Este documento consistía en un pequeño
fragmento datado en la XVIII dinastía durante el reinado del
faraón. En él se hacía alusión a la aparición en el cielo de
un extraño "círculo de fuego Tutmosis III". La traducción del
texto dice como sigue (Fortean Society, The Doubt, nº 41,
1953):
"En el año 22,
tercer mes de la estación de peret (la germinación) en la hora
sexta del día (14 h.) [...] dos escribas de la Casa de la Vida
vieron un círculo de fuego que estaba viniendo por el cielo.
No tenía cabeza. Su olor era desagradable. Entonces, ellos
tuvieron miedo y huyeron, [...] y fueron a decírselo a Su
Majestad. Todo está recogido en la Casa de la Vida. Su
majestad reflexionó sobre lo que había pasado. Han
transcurrido muchos días después de lo ocurrido [...] Son
numerosos al igual que todo [...] Ellos brillan en el cielo
como el Sol lo hace sobre las cuatro columnas que sujetan el
cielo. [...] Entonces los círculos de fuego [...] El ejército
del rey estaba (en aquel lugar) y Su Majestad los vio (con sus
propios ojos). Esto sucedió después de la hora de la última
comida. Allí arriba (en el cielo), ellos se marcharon hacia el
sur. Del cielo cayeron peces y aves [...] algo inaudito desde
el comienzo de los tiempos. Su majestad colocó incienso para
apaciguar a Amón Ra, Señor de las Dos Tierras [...] en un
documento de la Casa de la Vida [...] eternidad".
Resulta muy
sospechoso que el papiro Tulli esté "desaparecido". Por otra
parte, cuando uno tiene noticia de que le propio Boris de
Rachewiltz protestó enérgicamente por tergiversación que se
había hecho de su traducción todo parece indicar que este
documento es un auténtico fraude, toda vez que absolutamente
nadie ha podido verlo nunca, ni siquiera el propio de
Rachewiltz.
La estela de
Gebel Barkal
Para acabar con
este apartado no debemos olvidarnos de la famosa estela de
Gebel Barkal, quizá fuente de inspiración del papiro Tulli.
Esta losa, conservada hoy en el Museo de Jartum (Sudán), fue
descubierta entre unos escombros situados frente a una columna
del primer patio (el B 501) en el gran templo de Amón, el dios
de piel azul, al pie de la cara este de la mencionada montaña
de Gebel Barkal. Este lugar fue uno de los enclaves políticos
más importantes de la Época Tardía de Egipto. La parte más
antigua de su templo es paralela cronológicamente a la
fundación de la cercana Napata, realizadas ambas posiblemente
por el faraón Tutmosis III en la dinastía XVIII. El apogeo de
esta comarca llegaría en el declive del Egipto faraónico con
su dinastía nubia, la XXV.
En la actualidad el
desierto de Bayuda, emplazamiento en el que se alza Gebel
Barkal, está siendo excavado por una expedición española.
Lugar de difícil acceso y casi imposible tránsito, es muy
conocido por la cantidad de grupos de arqueólogos que se han
perdido alguna vez entre las dunas del desierto.
Recientemente, un grupo de funcionarios sudaneses encontró la
muerte tras deambular perdido durante diez días en el desierto
de Bayuda, paraje en donde ni siquiera las brújulas ayudan a
encontrar la salida por la inmensidad del desierto.
Un sitio insólito
para erigir un monumento no menos intrigante. El material del
que está hecho la estela de Gebel Barkal es granito gris
procedente de la tercera catarata (Tombos). Tiene 173
centímetros de altura, 97 de ancho y 15 de grosor. Le falta la
esquina inferior derecha y la inscripción en general está muy
deteriorada debido al desgaste sufrido por la piedra.
Sobre la luneta de
la estela se grabó una escena de ofrendas en la que aparece el
faraón Tutmosis III que, con su casco de guerra, realiza una
libación al dios Amón, divinidad titular del templo. La
representación está protegida mágicamente por un disco solar
alado con dos serpientes uraeus bajo sus alas.

El contenido de la
estela de Gebel Barkal es muy conocido en el ámbito
egiptológico al poseer una segunda versión del relato de
algunas de las campañas más importantes del faraón Tutmosis
III en Asia, aparte de las conocidas en los textos grabados
sobre los muros del templo de Karnak. Y es precisamente la
glorificación del dios Amón como protector del faraón en estas
batallas el motivo por el cual esta estela fue erigida en su
templo de Gebel Barkal, en el año 47, 3 mes de la Inundación,
día 10, bajo la Majestad de Horus, Tutmosis III
(aproximadamente, el 23 de agosto de 1457 a. C.).
Sin embargo,
dejando de lado el testimonio sobre las victorias de Tutmosis
más allá del Eúfrates, lo más impresionante de todo el
documento, es el relato de su campaña en Nubia, razón
principal de que se encuentre esta estela en Gebel Barkal,
cuyo final no deja de sorprender a propios y a extraños. Las
líneas 33, 34, 35 y 36 del texto (faltan unos 19 centímetros
al comienzo de cada una de ellas) describen con todo lujo de
detalles la aparición de una estrella luminosa que se presentó
en el campo de batalla, atacó a los enemigos del faraón (los
nubios) para luego volver a desaparecer en el horizonte. La
traducción de la estela siguiendo la edición del texto del
americano George Reissner es la siguiente:
(33) [faltan 16,85
centímetros] "Escuchad, ¡oh pueblo de la Tierra del Sur!, que
estáis [viviendo] en la Montaña Sagrada llamada "Trono de las
Dos Tierras" entre las gentes [¿de Egipto?] [aunque esta
tierra] era desconocida. Conoced el milagro de Amón Ra, en
presencia de las Dos Tierras. Algo que nunca ha sido visto.
(34) [faltan 18 centímetros] [...¿Los guardas?] estaban
viniendo con el fin de hacer por la noche (el cambio regular
de) la guardia. Había dos guardias (sentados uno frente a
otro). Una estrella vino aproximándose desde el sur. El hecho
nunca había sucedido. [La estrella] se colocó sobre ellos y
ninguno entre ellos pudo permanecer (allí). (35) [faltan 19,75
centímetros] Se giró como si nunca hubieran existido, y
entonces ellos cayeron sobre su sangre. Ahora [la estrella]
estaba detrás de ellos (iluminando) con fuego sus rostros;
ningún hombre entre ellos pudo defenderse, ninguno miró
alrededor. Ellos no tenían más caballos ya que (éstos)
atemorizados habían huido a la montaña. (36) [faltan 20,75
centímetros] [Tal es el milagro que Amón hizo por mí, su amado
hijo] con el fin de hacer ver a los habitantes de las tierras
extranjeras el poder de Mi Majestad".
Se habrá apreciado
en una primera lectura de la estela, lo ambiguos que resultan
algunos de los pasajes expuestos en la traducción, hecho que
se debe a las lagunas existentes al comienzo de cada línea.
Por ello, debemos suponer que las personas que son atacadas
por esta extraña luz no son los guardas mencionados al
comienzo del pasaje, sino un grupo de enemigos nubios, ya que
de otra manera el texto no tendría sentido. Esta suposición es
apoyada por el contenido de la línea 5 de la estela en la que
el faraón se autoidentifica con "una estrella entre los dos
arcos del cielo, cuando ésta cruza el firmamento". De esta
manera, el faraón Tutmosis III ponía en antecedentes sobre el
extraordinario relato que estaba apunto de relatar.
La edición del
texto en jeroglífico —la misma que hemos empleado para esta
traducción— fue realizada en 1933 por George Reissner para la
publicación egiptológica Zeitschrift fur Ägyptischen Sprache
und Altertumskunde (nº 69, 24-39). Sin embargo, Reissner, que
trabajaba para la Universidad de Boston (EE.UU.), no hace
ningún comentario al respecto de tan extraordinario evento, y
se limita a colocar ante la línea 34 el subtítulo de "El
milagro de la estrella", haciendo buena la palabra empleada
por los egipcios para describir tan extraordinario fenómeno:
sb3, ("seba") "estrella".
La egiptóloga
Barbara Cumming en una traducción mucho más moderna de la
estela de Gebel Barkal realizada en su Egyptian Historical
Records of later Eighteenth dynasty, fascicle I (Warminster
1982), dedica una nota a pie de página en la que afirma que
"la naturaleza exacta de este ‘milagro’ es incierta. Por la
descripción parecería haber sido un meteorito o posiblemente
el fenómeno llamado ball lightning ("bola luminosa", quizá un
relámpago globular), cuya existencia ha sido demostrada aunque
no explicada".
Por su parte, Serge
Sauneron en el Dictionnaire de la civilisation égyptienne
(editado por George Posener, Paris 1959) en la página 30
defiende la suposición de que se trate de un cometa y,
concretando más, juega con la posibilidad de que realmente sea
el conocido cometa Halley. Este cometa pudo haber sido visto,
entre otras fechas, en 1465 a. C. momento que coincidía con el
reinado de Tutmosis III, muy cercano al 1457 que propone la
fecha del encabezamiento de la estela de Gebel Barkal.
Sin embargo, esta
teoría es refutada por Dimitri Meeks en el prestigioso
diccionario egiptológico Lexikon der Ägyptologie (Wiesbaden
1980). Meeks, en su opinión, aferrándose a lo repentino del
fenómeno y al movimiento de la "estrella" prefiere considerar
que se trataba de un meteorito.
Pero ¿es factible
que un simple meteorito siga una trayectoria determinada, se
detenga exactamente sobre un grupo de personas, los destruya y
siga su camino? ¿Qué meteorito sigue incandescente a tan corta
distancia de la superficie terrestre tras pasar las capas más
frías de la atmósfera y desarrolla movimientos tan lentos?
¿Tenía inteligencia en sus movimientos esa "estrella" o nos
encontramos ante una exageración del escriba egipcio quien se
limitó a cumplir órdenes del faraón? Demasiado fácil para ser
cierto. Con todo, podemos añadir una tercera interpretación
que hasta la fecha nadie ha propuesto quizá por parecer un
poco temeraria.
Pudiendo descartar
explicaciones naturales del tipo de meteoritos o cometas, por
la razones que hemos venido presentando, llegamos a un punto
en el que solamente nos queda una salida. ¿Fue la estrella
observada por Tutmosis III en Nubia lo que hoy denominaríamos
un Objeto Volador No Identificado, que fue interpretado por
los sacerdotes egipcios como la gloria del todopoderoso dios
Amón? Para defender mínimamente esta hipótesis no debemos
pasar por alto dos detalles de vital importancia,
perfectamente marcados en el texto jeroglífico.
Por un lado, cuando
la estela menciona al final de la línea 34 que la "estrella"
se colocó sobre ellos, parece dar a entender que la bola de
fuego o lo que fuera permaneció inmóvil a poca altura, la
suficiente como para poder comprobar a simple vista que estaba
justo encima de los enemigos. Este fenómeno no se hubiera dado
si se tratara realmente de un cometa o una estrella fugaz,
cuya elevada altura en el horizonte no permitiría determinar
de un vistazo su posición exacta con respecto a un punto
concreto del espacio terrestre.
Tampoco tenemos que
pasar por alto que en la línea siguiente —la 35— "[la
estrella] estaba detrás de ellos (iluminando) con fuego sus
rostros". De este breve pasaje podemos deducir varias ideas
importantes. Primero, que aquel objeto se encontraba lo
suficientemente cerca como para iluminar el rostro de los que
allí estaban, lo que da a entender que era algo extraordinario
y que en el momento anterior de la escena eso no ocurrió. En
segundo lugar, quizá el más importante, que el total de la
escena descrita en la estela de Gebel Barkal estaba dividido
en varios momentos perfectamente separados en el tiempo,
fenómeno que no pudo haberse producido si se hubiera tratado
de una estrella fugaz, un cometa, o un meteorito.
De confirmarse
finalmente esta última hipótesis, podríamos encontrarnos ante
el documento más antiguo encontrado hasta la fecha en Egipto y
quizá de toda la Antigüedad, que haga mención a un OVNI tal y
como lo entendemos hoy.
El caso de
Amarna
Cambiando de
tercio, uno de los períodos más problemáticos de toda la
historia egipcia y no precisamente por que haya sido marginado
del estudio de los investigadores, es la época de Amarna. En
apenas diecisiete años, se sucedieron circunstancias atípicas
a la cultura egipcia, que repercutieron en un cambio radical
en las formas de pensamiento, el arte, las relaciones
internacionales, etcétera. Amenofis IV, Akhenatón, de quien
con el tiempo se ha sabido que no era ningún demente y que
sabía a la perfección lo que se hacía, imaginó una nueva
religión basada en la energía que desprendía el disco solar en
contraposición a la divinidad tradicional del Sol como astro
celeste.
Las teorías
tradicionales siempre han visto que Akhenatón, para generar
una ruptura clara con el influyente clero del dios tebano
Amón, se las ingenió para construir una nueva capital para
Egipto, Akhetatón —"el horizonte del disco solar" —, a mitad
de camino entre las dos ciudades más importantes del país:
Menfis al norte y Tebas al sur. De esta manera, una decisión
política sirvió para que se diseñara de nueva planta una
capital ubicada en el Egipto Medio.
Sin embargo, Cyril
Aldred uno de los mejores egiptólogos de este siglo, profundo
estudioso de la época amarniana y de la figura de Akhenatón,
no parece estar muy convencido de estos planteamientos. Según
él, la construcción de Akhetatón, la nueva capital, se debió a
la necesidad de construir un hogar para el dios al igual que
sucedía con otras divinidades egipcias. Amón tenía su sede en
Tebas; Ptah en Menfis; Khnum en Elefantina y Ra en Heliópolis.
Ahora bien, si tal
y como nos mencionan los himnos referidos a Atón, éste era tan
universal que sus rayos cubrían toda la faz de la tierra, y
que él mismo era el límite de todas las cosas, ¿por qué eligió
Akhenatón un lugar tan alejado de otros centros urbanos o de
la rutas comerciales? ¿Por qué no eligió un emplazamiento ya
existente en donde pudiera reutilizar una infraestructura
agrícola y prefirió comenzar desde cero en un territorio yermo
de poco más de 200 kilómetros cuadrados? Los textos nos dan la
respuesta.
En las estelas de
frontera que se erigieron en el contorno de la nueva capital,
Akhenatón hace referencia a las extrañas circunstancias que
rodearon a tan singular fundación urbana. Según éstas, el
propio dios Atón se apareció a Akhenatón en forma de "gran
disco" y se posó sobre el lugar exacto en donde quería que se
le construyera la ciudad.
Este suceso, que
recuerda asombrosamente a la mayoría de las apariciones
marianas modernas, en donde la Virgen María promueve la
construcción de una capilla sobre el lugar de la aparición, es
un hecho sin precedentes en la religión egipcia. El carácter
mistérico y esotérico de estas creencias hacía que los dioses
nunca se aparecieran a los hombres a excepción de los propios
sacerdotes, aunque siempre en las profundidades del recinto
sagrado.
Entonces, ¿debemos
preguntarnos qué es lo que vio Akhenatón o se trata de la
simple majadería de un loco fanático? ¿Vio realmente este
faraón un disco posándose sobre una colina?
El propio nombre de
la ciudad en jeroglífico, Akhetatón, puede resultar
esclarecedor. Aunque literalmente signifique "el horizonte del
disco solar", Akhenatón pudo utilizar este término ya que le
recordaba muy de cerca su extraña visión. El ideograma que
viene a significar "horizonte" en egipcio se escribe con el
dibujo de un disco sobre unas montañas.
¿Casualidad?
¿Capricho de Akhenatón? Solamente una investigación seria y
exhaustiva podrá darnos repuestas a tan abrumadores
interrogantes.
Una cosa es cierta,
hace miles de años los cielos del antiguo Egipto fueron
surcados por extraños objetos. Quizá ellos sean los mismos que
lo hacen hoy día.
EL AUTOR
se licenció en Historia
Antigua en la Universidad de Valladolid (España). Es
egiptólogo y ha publicado hasta la fecha 11 libros, 8 de los
cuales están dedicados a la cultura egipcia. También ha
publicado casi 300 artículos en diferentes revistas
especializadas en arqueología y enigmas históricos.
Actualmente es director de la prestigiosa Revista de
Arqueología.
© Nacho Ares 2004 – Derechos reservados
Publicado con permiso del autor
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor.
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