Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

¿DESVELADO EL SECRETO DE LA CALAVERA DE LA MUERTE?

Un profundo análisis sobre la

autenticidad de la enigmática

“Calavera de Cristal de

Mitchell-Hedges”


JOSÉ ANTONIO CARAVACA

JOSÉ ANTONIO CARAVACA

España

www.caravaca.blogspot.com/

 

 

¿Una reliquia de otro tiempo?

 

Sin duda el éxito de la cuarta película del aventurero más famoso de todos los tiempos, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (2008), hizo que de nuevo todas las miradas se dirigieran hacia las enigmáticas tallas de cristal de cuarzo que exhiben varios museos del mundo, y en las que se basa el film de Steven Spielberg. Aunque no se puede negar que el asunto de los cráneos de cristal siempre ha estado presente en tertulias, reportajes y documentales dedicados a las incógnitas de la antigüedad, siendo considerado uno de los OOPARTS (Objeto fuera de tiempo) más importantes que existen.

Rodeadas de un fascinante halo de misterio, miles de páginas se han escrito intentando esclarecer la procedencia y finalidad de las intrigantes tallas, halladas supuestamente en yacimientos arqueológicos sudamericanos. Algunas de las piezas más importantes se exponen en museos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, pero sin aportar mayor información. Pese a todo lo dicho, realmente poco se sabe sobre el origen de las calaveras cristalinas, y no pocas voces se han mostrado discrepantes con las fabulosas piezas adjudicadas a la cultura precolombina. Sin duda, la más conocida de éstas polémicas reliquias es la denominada como la "Calavera del Destino”, "Calavera de la Muerte" o la "Calavera de Mitchell-Hedges que posee una historia digna de película...

 

Mitchell-Hegdes era un personaje extravagante, viajero, explorador e

incluso se dijo que fue un espía al servicio de su Graciosa Majestad...

 

 

Polémico hallazgo en Lubaantún

 

Frederick A. Mitchell-Hedges era un viajero y aventurero inglés que siempre andaba ávido de nuevas sensaciones y descubrimientos con los que enaltecer su figura como renombrado explorador, lo que le había otorgado gran popularidad en su país natal. Después de recorrer medio mundo, envuelto en mil empresas, a cuál más dispar, a principios de los años 20 se hallaba en un paraje singular, los bosques tropicales de Belice (Honduras). Desde 1924 hasta 1927 estuvo explorando la antigua colonia británica rescatando ruinas de la selva, aunque según muchos detractores sus investigaciones más bien parecían "saqueos", ya que no llevaba ningún tipo de control o registros sobre sus excavaciones y descubrimientos. Sus teorías, como no podían ser de otra manera, también se alejaban del paradigma científico establecido, pues estaba convencido de poder hallar en aquella zona pruebas de la existencia de la Atlántida de la que era un fervoroso creyente.

 

En la ruinas de una ciudad fantasma, denominada como Lubaantún (Lugar de las Piedras Caídas), la hija adoptiva del arqueólogo, que le acompañaba en la nueva aventura , Anna Mitchell-Hedges, fue la protagonista el 1 de enero de 1924 de un singular hallazgo cuyos ecos aún no se han apagado. Ella misma ha narrado en diversas ocasiones cómo se produjo el encuentro con la "Calavera del Destino": "durante días veíamos algo entre las piedras al recibir los reflejos del sol y no descansamos hasta hacer accesible aquel lugar. Fui yo quién lo rescató, porque mis manos eran más pequeñas que las de los demás, y se lo enseñé a mi padre. Él se resistía a creer en el descubrimiento de aquel cráneo de cristal..." Tras excavar en la zona, los componentes de la expedición no podía dar crédito a su "casual" hallazgo en aquel pequeño recoveco en el que había descendido Anna y donde además encontraron abundantes piezas de jade y cerámica. Ante los ojos de la joven apareció impecable, una perfecta réplica de un cráneo humano elaborado en cristal de roca. En las manos de un nervioso Mitchell-Hedges, el médico y experto en cultura maya, el profesor Thomas Gann, examinó cuidadosamente la calavera. Se trataba de una "escultura" de 12´7 cm de altura y unos 5 kilos de peso realizada en una sola pieza, con el detalle de la mandíbula articulada (según la versión más extendida, en un principio apareció el cráneo, encontrándose la mandíbula a los 3 meses y a unos metros del primer hallazgo). El tallado y pulido del cráneo era sencillamente magistral, inexplicable. No existía ni el más mínimo vestigio en la brillante superficie (arañazos, marcas, surcos, etc.) que pudieran indicar los materiales o utensilios utilizados para tallar semejante prodigio de la "joyería". Según las primeras apreciaciones, la calavera de cristal se dató entre el 1300 y 1400 D.C., adjudicándolo a la época azteca. Sin embargo, esto parecía contradecir a los indígenas de la zona, que tras ser entrevistados por el propio Mitchell-Hedges, afirmaban que el cráneo tenía, según sus pretéritas tradiciones, una antigüedad de al menos 3600 años y que representaba al mal. Posteriormente surgió la leyenda de que existirían 13 calaveras de cristal que solo al reunirlas desvelarían su trascendental secreto... Para el aventurero inglés aquello podría ser lo que tanto anhelaba, un vestigio de la Atlántida...

 

La extraordinaria perfección de la calavera de cristal de

Mitchell-Hedges lleva décadas custodiando su secreto.

 

Con el transcurrir de los años, sobre todo desde que pasó a ser propiedad de la hija de Hedges, tras su muerte (1959), la extraña calavera de cristal arrebatada a la jungla comenzó a tener una fama internacional sin precedentes. Entre algunas de las fabulosas afirmaciones que acompañaban a la talla, se decía que podía provocar la muerte a distancia, predecir catástrofes, e incluso se retomaba los argumentos del explorador inglés asegurando que era un objeto sagrado de la antigua Atlántida, utilizada en olvidados rituales por los sumos sacerdotes. Por no hablar de los supuestos fenómenos paranormales que se producen en los alrededores del cráneo, desde extraños ruidos hasta la aparición de luces e imágenes del pasado como atestiguó el restaurador Frank Dorland, que durante algún tiempo realizó todo tipo de experimentos con la calavera, llegando a descubrir unos "puntos de apoyo" en la base de la talla que permitían que ésta fuera erigida y se moviera como si tuviera "vida propia". También hubo quien se apresuró a garantizar que el "cráneo del destino" era en realidad de procedencia extraterrestre y que su manufactura era imposible de realizar por manos humanas. Pero no todos creyeron a pies juntillas el fantástico relato del descubrimiento....

 

Objeto de documentales y centenares de reportajes, la denominada Calavera del Destino

ha sido protagonista durante años de encontrados debates sobre su autenticidad.

Sin embargo hasta la fecha no se ha podido determinar con exactitud su origen.

 

 

Desvelando el misterio

 

Existían varias lagunas sobre el hallazgo que hacían sospechar sobre un posible montaje por parte del sensacionalista explorador. No existían fotografías ni documento alguno que avalara el hallazgo del cráneo en el paraje de Lubaantún, ni siquiera que la hija del explorador estuviera en el lugar. Y sobre todo, lo que más hace recelar a los escépticos es que el cráneo se conociera públicamente mucho tiempo después de su descubrimiento, y no precisamente a través de Mitchell-Hedges, sino en la páginas de una revista de antropología inglesa llamada Man (Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland, 1936), señalándose como dueño al Sr. Burney, y donde se refleja un estudio comparativo de dicho cráneo con otro perteneciente al Museo Británico desde 1897. Y para mayor controversia, la "Calavera del Destino" apareció en el folleto de una casa de subastas en 1943, donde fue adquirida por el famoso explorador antes de celebrarse ninguna puja por 400 libras (algunas fuentes indican que el British Museum ofreció 350 libras). Además, quienes dudan que el cráneo de cristal de cuarzo pertenece a un emplazamiento arqueológico maya, afirman que les parece muy incomprensible que en la biografía del aventurero inglés (Danger My Ally. 1954), tan dado a vanagloriarse de sus hazañas y periplos, que incluso aseguraba ser espía de su Graciosa Majestad, apenas había dedicado algunas líneas a la célebre talla pero sin indicar ni dónde ni cómo la consiguió. "La Calavera del Destino -decía Hedges- es de cristal de roca puro y, según los científicos, hacerla debió llevar unos 150 años, generación tras generación, trabajando todos los días de sus vidas, frotando con arena una inmenso bloque de cristal de roca hasta que finalmente emergió el cráneo perfecto. Tiene al menos 3.600 años y, de acuerdo con la leyenda, el gran sacerdote de los mayas la utilizaba en la celebración de ritos esotéricos. Dicen que, cuando invocaba a la muerte con la ayuda de la calavera, la muerte siempre acudía. Se la considera la encarnación de todo mal. No deseo probar ni explicar este fenómeno". Aunque en el mismo libro Hedges admite que tras perder un juicio por calumnias contra el periódico Daily Express en 1928 sucedieron unos acontecimientos funestos: "Salí de la corte con mi mente en un remolino. Se me había aprobado como mentiroso cuando estaba diciendo la solemne verdad. Mi pequeña reputación había sido aplastada; muchos de mis llamados amigos no me conocían más, y mi fe en la justicia británica y en los métodos de la ley había recibido un golpe de cual – seré franco – nunca se ha recuperado". "Estaba mentalmente aletargado. Incluso hoy el recuerdo tiene el poder de batirme profundamente. Y no obstante… al final de cuentas, ¿qué importa? Actualmente casi todas las personas que tomaron parte en la acción están muertas. El jefe instigador del Daily Express murió miserablemente; el juez está muerto; Sir Patrick Hastings está muerto; dos de sus otros testigos también están muertos. Solamente dos de ellos que estaban activos en contra mía aún están viviendo".

 

La aparición de la calavera de Mitchell-Hedges en las páginas de la revista MAN (1936),

y la ausencia de datos que hicieran pensar que pertenecía al explorador ingles no hacían

sino arrojar mayor incertidumbre a la historia del supuesto descubrimiento en Lubaantún.

 

 

Pese a todos los datos en contra, los defensores de la historia de la calavera, afirman que si Hedges ocultó la existencia de la talla, hasta prácticamente la década de los 50 fue para no entregarla a los "patrocinadores" de su expedición. ¿Pero cómo podía explicarse que la calavera estuviera en posesión de otra persona y que saliera incluso en subasta?, ¿compró Mitchell-Hedges la talla e inventó toda la trama de su descubrimiento? Anna mucho tiempo después explicó que su padre entregó, a modo de "empeño", el cráneo a un amigo de toda la vida" llamado Sidney Burney con la intención de recuperarla más tarde, como así hizo. Quienes conocían a Hedges siempre comentaron que el aventurero se negó a contar como llegó, verdaderamente, la "Calavera de la Muerte" a sus manos. Así lo dejaba escrito en su extravagante biografía: "Tengo mis razones para no revelar cómo entró en mi posesión"...

 

Fotografía de la Calavera de la Muerte que aparece en el libro de Hegdes.

Resulta cuanto menos extraño que no se recogieran muchos datos en la biografía

del explorador sobre su procedencia, y mucho más que solo le dedicara unas líneas.

 

 

Más cráneos... más interrogantes

 

El British Museum de Londres y el Museé Quai Branly de Paris (primero lo custodió el Musèe de El Homme), poseen desde finales del Siglo XIX, dos cráneos de cristal de cuarzo que también han sido objeto de encendidas y acaloradas polémicas sobre su autenticidad. Posteriormente el Smithsonian de Washington, se añadió a los museos que tenían en su catálogo un cráneo vítreo cuando recibió en un paquete anónimo una calavera de cristal (la mayor de todas, 25´5 cm de altura), que al parecer había sido comprada en México en el año 1960 (algunas fuentes citan como su primer dueño al político mexicano Porfírio Díaz). Para ser exactos el Smithsonian compró ya en 1886 una pequeña calavera de cristal de 3´7 cm de altura, con un orificio vertical que desapareció de sus estanterías en 1973. Se exponía como una falsificación, ya que se creía que era una bola de cuarzo de ornamentación (por tanto la perforación que lo atravesaba por completo sería original), que fue re-esculpida en el Siglo XIX dándole aspecto de calavera. No siendo al parecer la única pieza de este tipo existente.

 

Aunque durante muchos años nadie dudó que los cráneos podrían ser restos de las civilizaciones centroamericanas, y de hecho así se reflejaban en sus respectivas vitrinas, la no aparición de más calaveras u objetos ceremoniales semejantes en yacimientos arqueológicos, elevaron las interrogantes de los expertos. Sobre todo, la poca documentación fidedigna sobre el origen de las tallas era lo que más hacía recelar a los estudiosos, comprada a terceros con pocas referencias en el caso de las instituciones británicas y francesas, remitente desconocido en el caso norteamericano y la excéntrica historia de Frederick A. Mitchell-Hedges en el caso de la calavera del destino, no hacían sino predecir una futura re investigación de los cráneos cuando las nuevas tecnología pudieran arrojar luz al enigma...

 

El cráneo expuesto en el Museo Británico tampoco ha podido

librarse de la polémica que envuelve este tipo reliquias de cristal.

 

 

Los primeros análisis

 

Movido por la creciente curiosidad hacia la calavera propiedad de Anna, en los años 70, la compañía de alta tecnología Hewlett-Packard, sometió a la pieza a diversos análisis, concluyendo que no se apreciaban marcas de herramientas en la misma que pudieran indicar como se había elaborado. La calavera y la mandíbula pertenecían al mismo bloque de cristal de cuarzo. El cristal de cuarzo tiene una dureza 7 en la escala de Mohs y muy pocos materiales, como el diamante, es capaz de labrarlo. Los analistas de H-P determinaron que, aproximadamente, se hubieran necesitado 300 años de trabajo continuado para elaborar el cráneo. Lo que hubiera supuesto que, al menos, 10 generaciones de una misma familia de "artesanos", se dedicaran exclusivamente al tallado y pulido de la insólita calavera mediante erosiones con arena u otros elementos. Aunque advirtieran en su informe que algunas partes del cráneo pudieron realizarse con ayuda de una máquina. Un trabajador de H-P que trabajó en el estudio comentaba que para duplicar el cráneo necesitaba un año y 100.000 dólares. Lamentablemente al no poder aplicar la técnica del Carbono 14 no se pudo fijar ninguna antigüedad a la talla.

 

La calavera "francesa" posee un orificio vertical que la atraviesa.

 

Pero sin embargo, fueron los análisis de las otras calaveras las que determinaron el destino de todas ellas. El Smithsonian, en las investigaciones realizadas con su "cráneo anónimo" valiéndose de las más modernas técnicas, hallaron restos de carburo silicio (9,5 escala Mohs), un abrasivo moderno empleado desde de la década de los cincuenta, que debieron utilizar las personas que cincelaron el cráneo con la ayuda de una "muela". Por tanto las pesquisas apuntaban, al igual que con la pieza de Hedges, que ésta no se había realizado con métodos manuales de la época precolombina. Tiempo después, estudios similares realizados a la calavera francesa, de unos 10 cm de alto, que posee una perforación que la atraviesa verticalmente, detectaron restos de abrasión mecánica que evidenciaban antes los ojos de los expertos que la talla era relativamente reciente. Incluso hallaron unas "muestras de agua" que podían datar a la talla como perteneciente al siglo XIX. La siguiente en caer fue la calavera inglesa, de unos 15 cm de altura, cuyo cuarzo fue identificado como de una veta procedente de dos lugares muy distantes de Centroamérica, Madagascar o Brasil, siendo el primero el origen más probable. Los principales yacimientos de cristal de cuarzo a principios del siglo XIX se hallaban en Alemania, situados junto a Idar-Oberstein, una ciudad de grandes artistas joyeros de la que nos ocuparemos más adelante, después se descubrieron enormes filones en Brasil , Madagascar y en Uruguay .

 

En el año 2004, el profesor Ian Freestone, de la Universidad de Gales en Cardiff, examinó el "cráneo británico" y llegó a la conclusión de que sus cortes y pulidos habían sido producidos por una herramienta de ruedas que no podía pertenecer a los aztecas, ya que estos artilugios fueron introducidos por los europeos.

 

El mito de las calaveras de cristal parecía desmoronarse y todo apuntaba a un gran fiasco. De hecho los defensores de que todo el asunto de los cráneos era un montaje moderno, comprobaron que la procedencia de las dos tallas de los museos europeos era el mismo. El controvertido anticuario Eugene Boban, que durante algunos años tuvo una tienda en México y se dedicó al comercio de piezas precolombinas entre 1860 y 1890, era poseedor de las dos calaveras que posteriormente acabaron expuestas en los museos británico y francés (algunos autores manifiestan que Boban tenía en su poder 3 cráneos de cristal). Las mismas fuentes argumentan que las piezas fueron elaboradas en un pequeño pueblo alemán de grandes artesanos a finales del Siglo XIX, y que el ingenio de Boban hizo el resto para adjudicarlas a un yacimiento arqueológico centroamericano. Asimismo se supo que el Museo Nacional de México no quiso comprar el cráneo ofrecido por el anticuario galo, y que posteriormente, tras pasar por varias manos, la célebre joyería Tiffany la vendió al museo británico en 1897 por unas 120 libras. Antes de este evento, tras establecerse en su país natal en 1860, Eugene Boban consiguió vender un cráneo al museo francés en 1878.

 

Todas estas "evidencias" representaron un duro golpe para la credibilidad de las tallas. La mayoría de los especialistas consultados estaban seguros de los resultados delatados por las nuevas técnicas de vanguardias, creyendo a pies juntillas que los gerentes de los distintos museos habían sido engañados y por ende todo aquel que había creído que los cráneos de cristal pertenecían a los aztecas o los mayas. Pero aún quedaba por analizar en profundidad el considerado cráneo más perfecto de todos, la "Calavera de la Muerte". ¿Acabaría corriendo la misma suerte de sus "hermanos" de cristal?..

 

Los expertos están convencidos que la talla que custodia el Smithsonian es

falsa y de manufactura contemporánea, al igual que el resto de cráneos de cristal.

 

 

¿Son falsos los cráneos de cristal?

 

En 2008 y auspiciado por el éxito del film de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, el canal de televisión National Geographic decidió realizar un exhaustivo reportaje sobre la talla de Mitchell-Hedges y llegar hasta el fondo de la cuestión. Tras el fallecimiento de Anna (2007), el propietario del cráneo era Bill Homann que gustosamente se prestó a que le realizaran cuantas pruebas fueran necesarias para demostrar de una vez por todas si era una reliquia arqueológica antiquísima. Con unos despliegues nunca vistos antes, la "Calavera de la Muerte" fue examinada detenidamente utilizando, entre otros medios, un potente microscopio electrónico. Así se ratificó los primeros exámenes efectuados por H-P en los años setenta, que determinaban que el cráneo no poseía ninguna marca de herramienta que evidenciara cómo se había efectuado, lo que en sí mismo representa una buena incógnita. No obstante, los expertos consultados por National Geographic, en el reportaje titulado "La Leyenda de la Calavera de Cristal", relataron que para confeccionar la talla se había utilizado "pasta de diamantes para los cortes" y que probablemente fuera de finales del Siglo XIX, utilizándose para su ejecución "instrumentos mecanizados como por ejemplo los utensilios de un dentista". Aunque a medida que avanza el documental los mismos especialistas reconocen, contradiciendo su anterior aserción, que el cráneo de Mitchell-Hedges, pudiera haberse elaborado a partir de 1930, afirmando en todo momento que se trata de un fraude arqueológico. Por otro lado, en el documental hacen hincapié en la poca credibilidad que otorgan al relato del explorador inglés que a su vez, todo hay que decirlo, no aportó, en su día, ninguna documentación para aclarar el asunto. A favor de esta tesis hay que indicar que la versión del hallazgo no se ha mantenido homogénea a lo largo de los años y ha sufrido algunas variaciones, por lo que es certero sospechar que el supuesto descubrimiento de Lubaantún pueda ser una farsa. Otra de las hipótesis barajadas es que Mitchell-Hedges comprara la calavera de cristal para regalársela a Anna el día de su 17 cumpleaños, justamente cuando fue encontrada.

 

Eugene Boban, anticuario francés por cuyas manos pasaron miles de piezas

arqueológicas de Centroamérica, es señalado como uno de los perpetradores

del fraude de las calaveras de Cristal. De hecho fue poseedor de tres de

ellas, dos de las cuales acabaron en vitrinas de museos europeos.

 

 

Pero si analizamos en profundidad todo lo expuesto por los científicos consultados por el conocido canal televisivo nos daremos cuenta de algunos errores de bulto, que, quizás, pretendan enmascarar un resultado aventurado. O al menos se puede comprobar que no realizaron todas las gestiones oportunas para esclarecer definitivamente el enigma, dejando de lado algunas cuestiones básicas y lógicas en un estudio como el que se pretendía realizar. Para empezar no deja de ser curioso que en ningún momento del reportaje concreten como se ha podido realizar la talla de manera tan perfecta. Es más, no exponen siquiera una teoría fundamentada y detallada sobre el autor y origen de la pieza, limitándose vagamente a hablar de herramientas de muela e instrumentos de dentista .No realizan, ni siquiera en plan teórico, una réplica de la calavera para demostrar cómo pudo realizarse en las fechas estimadas por los especialistas del reportaje. E incluso, sería muy interesante que duplicaran la "Calavera de la Muerte" con la ayuda de nuestra avanzada tecnología de tallado. No averiguan, o al menos no queda claro del todo, la procedencia del cuarzo que compone el cráneo cuando sin embargo celebran que la talla británica pertenece a un yacimiento de Madagascar. No exponen la opinión de expertos y joyeros que podrían determinar al menos una fecha aproximada de ejecución para la talla, analizando el aspecto y pulido de la misma y valorando qué tipo de herramientas debieron utilizar los artesanos. Se echan muy en falta las aplicaciones informáticas en la ejecución de todo el reporte, puesto que no efectúan un escaneo en tres dimensiones del cráneo para comprobar la perfección y ejecución del acabado (una técnica similar fue utilizada para constatar la esfericidad de las grandes esferas rocosas de Costa Rica). Y para terminar, no se concluye la tarea emprendida en 1936 por el antropólogo G. M. Morant que argumentaba que la calavera de Mitchell-Hedges (llamada entonces de Burney) y el "cráneo británico" tenían puntos en común y probablemente el segundo fuera una copia del primero. Aunque fue un artículo discutido, poco reconocido e incluso erróneo en algunas apreciaciones, no estaría mal que a la luz de las nuevas tecnologías se emprendiera una comprobación de dicha tesis que no deja de ser sugerente. Es muy extraño que dentro de un reportaje destinado a desentrañar los misterios de la "Calavera del Destino" se hayan suprimido todos estos puntos vitales para determinar la naturaleza y origen del cráneo. Aunque no son los únicos puntos oscuros en la investigación emprendida por el citado canal. Se sabe a ciencia cierta, por los registros existentes, que las tallas del Bristish Museum y del Museé Quai Branly son de finales del Siglo XIX, por tanto habría que clarificar quién estaba en disposición de elaborar, y con que propósito, las calaveras de cristal en esas fechas y si era posible manufacturarlas. En el caso del cráneo de Hedges, se toma como fecha de antigüedad, no la del hallazgo, puesto que no hay documentación al respecto, sino la de la aparición en la revista Man en 1936. ¿Era posible realizar esta talla a mediados de los años treinta? Los análisis de Hewlett-Packard y de National Geographic han coincidido en que no existen ningún tipo de marcas, señales ni ralladuras que puedan determinar cómo se han ejecutado los cortes o pulido de la pieza y la opinión unánime de los especialistas coinciden al señalar que el cráneo es una obra maestra de la joyería. Aunque hayan hablado de "pasta de diamantes para los cortes" es una simple suposición y no una certeza como han pretendido hacer creer al desprevenido televidente. En lo único que se basan para afirmar que son tallas recientes, sobre todo en el caso que ilustraban especialmente, el de la calavera de Mitchell-Hedges, es que no se ha podido realizar en fechas remotas, ya que afirman haber encontrado marcas de herramientas modernas. A este respecto el especialista Michael D. Coe, de la Universidad de Yale (Connecticut, USA) aseguraba que "el hallazgo (en los cráneos) de marcas de ruedas (de maquinaria) no son pruebas de que los cráneos son modernos”. Tampoco tiene explicación lógica que la fecha de la elaboración de la talla, supuestamente hallada en Lubaantún, se vaya adelantando hasta prácticamente hacerla coincidir con la época de su presentación en sociedad en las páginas de una revista de divulgación científica a mediados de los años treinta. Datación muy "sui generis" que aplican a todos los cráneos y que realmente no necesita de tanta investigación y encuesta, puesto que podría resumirse como; fecha de aparición pública de la calavera, fecha de elaboración. Hay que recordar que desde 1878 el museo de Francia exhibe su pieza y se decía que Eugene Boban tenía 3 calaveras en su poder antes de esa fecha. Y hay que reseñar que el anticuario francés durante su estancia en México se mostró siempre enemigo de las falsificaciones arqueológicas como denunció en un periódico local en 1881. Tampoco se recuerdan las palabras de Allan Jobbins un experto en piezas de joyería del Museum British que analizó la "Calavera del Destino" para un documental de Arthur C. Clark en la década de los setenta, aseverando que, aunque creía que era un trabajo posterior a 1700: "no hay evidencias de que se haya usado herramienta metálica, no hay evidencia positiva (…) pero podía haberse disfrazado hábilmente (...) Es una obra hábil y muy sofisticada. Si fue realizado por personas primitivas es asombroso porque el nivel de tallado a mano es de primerísima calidad (...)". También añadió que incluso con el auxilio de las técnicas contemporáneas se debió necesitar mucho tiempo para su tallado. Jobbins, siendo honesto pese a su gran escepticismo, admitía que le era imposible determinar el origen del cráneo.

 

Por contra, la información que ofrece el canal National Geographic en Internet sobre su producción televisiva es contradictoria con lo que podemos ver en las pantallas: "de la mano de especialistas, seremos testigos privilegiados del proceso de identificación de las piezas, un análisis llevado a cabo por verdaderos expertos, que aporta la conclusión definitiva sobre el origen de las calaveras confirmando una sospecha largamente acariciada: No se trata de objetos de arte precolombino ni de ningún tipo de restos arqueológicos. En realidad, los cráneos se fabricaron en Europa en el siglo XIX, utilizando diferentes tipos de manufacturas relacionadas con las que suelen emplearse en joyería". Nada de esto aparece en el documental puesto que no interviene ningún joyero ni se muestra ninguna talla similar y muchísimo menos se certifica que todas las calaveras son de finales del siglo XIX. Incluyendo que la autoría europea tampoco queda clara ni señalada ya que se habla genéricamente de Francia y Alemania como posibles orígenes.

 

Por tanto, las conclusiones de los especialistas denotan que los cráneos no pertenecen a ninguna cultura precolombina, pero, por el momento, se desconoce por completo la autoría de los mismos. Parece que los expertos de National Geographic, en contra de lo que pueda suponerse tienen aún muchas piezas sueltas en su particular rompecabezas. Evidentemente, la ausencia de mayor documentación sobre la procedencia exacta de los cráneos y la carencia de datos contrastados de las expediciones que los descubrieron arrojan mucha incertidumbre al asunto. Es significativo que los cráneos de cristal existentes en el mundo, incluido el de Mitchell-Hedges carezcan de pasado "contrastable" académicamente, y no exista ni la más mínima posibilidad de comprobar que proceden de una excavación arqueológica. La desconfianza está muy justificada, pero ello no es motivo ni razón para que no se realicen los estudios y análisis correspondientes que verifiquen sin lugar a dudas la verdadera naturaleza y origen del denominado "Cráneo de la Muerte", que a juicio de todos los profesionales es el de mayor importancia. Aunque su procedencia pueda estar lejos de Centroamérica, su sola presencia justifica que se intente esclarecer con mayor exactitud quién pudo realizar la talla. La extraordinaria perfección y belleza de calavera "descubierta" o más probablemente "comprada" por Mitchell-Hedges bien merece el esfuerzo.

 

Cráneo de cristal realizado en 1996 por Georg Brandt, convencido que todas

las tallas existentes en el mundo han sido realizadas por joyeros modernos.

La calavera pesa 1600 gramos y el cuarzo pertenece a un yacimiento

de Madagascar (África). Esta valorado en 10.000 dólares.

 

 

Quizás la teoría más plausible y que debería investigarse en profundidad, sería la de los joyeros alemanes, que podría explicar el origen de los cráneos de cristal. Algunos estudiosos señalan como autores de las tallas a los artesanos de la ciudad Idar-Oberstein, en el sur de Alemania, que utilizaban para sus creaciones, antes de las importaciones, cuarzo de los Alpes suizos, e incluso se atreven a dar una posible fecha de elaboración de las calaveras entre los años 1867 y 1886. En Idar-Oberstein desde el siglo XVI se dedican a la alta joyería y muchas de sus obras de arte se comercializaban sin señalar a sus autores, por lo que podría explicarse la poca información existente sobre los cráneos y sus talladores. Un artista contemporáneo de la citada localidad germana, Georg Brandt, está plenamente convencido de que las calaveras que exponen los museos fueron realizados por sus antecesores. Por ello en 1996 se embarcó en la realización de una calavera de cristal de cuarzo a tamaño natural, que logró reproducir con gran perfección, con ayuda de ruedas de madera, polvo de diamantes e instrumental de dentista... pero ¿era posible esto hace 72 años?, ¿qué resultaría de comparar ambas calaveras? No deja de ser curioso que el documental "La Leyenda de la Calavera de Cristal" concluya con una frase paradójica que rompe el eje fundamental de la investigación; ¿quién las fabricó y por qué?... sigue siendo un misterio.

 

EL AUTOR ha publicado más de 100 artículos de investigación sobre OVNIS, criptozoología, arqueología y otras cuestiones relacionadas con lo heterodoxo. Actualmente colabora en la Revista ENIGMAS y otros medios: Prensa/Radio/Televisión.

 

 

© José Antonio Caravaca, 2008 – Todos los derechos reservados

Publicado con autorización expresa del autor

 

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