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Traducido del inglés con autorización de
Legendary Times.
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de EVD
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Cuando Hernán Cortés, el conquistador de
México, cabalgaba a través del Valle de Otumba, a sólo
veinticinco millas al noreste de la actual Ciudad de México,
en julio de 1520, observó estructuras montañosas
peculiarmente parejas. No tenía idea de lo que la tierra
estaba ocultando bajo los cascos de los caballos. Los
aztecas llamaban al lugar “Teotihuacán”, que significa algo
así como “el lugar donde uno se convierte en un dios”. Pero
incluso en la época de los aztecas, Teotihuacán estaba en
ruinas. Los mismos aztecas no sabían quienes habían
construido en otros tiempos Teotihuacán, pero creían que los
montículos de las ruinas cubrían las sepulturas de los
dioses. Una leyenda azteca apunta: “Durante la noche,
cuando el Sol todavía no brilla, cuando no hay día, se dice
que los dioses se reunían y se sentaban en consejo en el
lugar llamado Teotihuacán.”
La moderna arqueología no ha descubierto
mucho más acerca del origen de Teotihuacán. En su apogeo, la
ciudad se extendía a lo largo de veinticinco kilómetros
cuadrados; la población de esa época está estimada en
200.000. Si uno compara a la antigua Teotihuacán con una
ciudad moderna de 200.000 habitantes, se comienza a
comprender la extensión de la infraestructura de por medio –
suministros de agua, vertederos de basura, provisión de
víveres, energía. Aproximadamente 2.600 edificaciones
importantes fueron erigidas a lo largo de las dos calles
centrales de Teotihuacán. Todos los arquitectos cumplieron
tenazmente con los planos astronómicos de unos desconocidos
predecesores durante un periodo de construcción que duró
varios siglos.
No sabemos quiénes construyeron
Teotihuacán, pero la planificación supuestamente comenzó
alrededor del año 500 a. C. Debido a que los misteriosos
constructores son desconocidos – no son aztecas, no son
mayas, y tampoco olmecas – son llamados simplemente
teotihuacanos. Estos teotihuacanos, al igual que todas las
otras naciones centroamericanas de aquella época, son
tenidos como habiendo sido gente de la Edad de Piedra sin
ningún conocimiento de los metales.
Cuán difícil es captar la planificación y
construcción de esta gran ciudad es expresado por Laurette
Sejourne, que estuvo a cargo de las excavaciones en
Teotihuacán por varios años: “Los orígenes de esta
altamente desarrollada cultura representa el más inaccesible
de todos los misterios…Aunque es difícil de creer que las
características culturales encontraron su forma definitiva
desde el principio, es todavía más difícil imaginar que la
necesaria complejidad de los requisitos intelectuales
estuvieran allí repentina y totalmente desarrollados. No
tenemos evidencia material para este asombroso proceso de
desarrollo…”
Una espléndida avenida corre en dirección
Norte-Sur en Teotihuacán. Es de unas dos millas de largo y
131 pies de ancho y es llamada hoy en día “La Avenida de los
Muertos”.
El templo y la pirámide flanquean esta
avenida por ambos lados. (Los primeros arqueólogos
supusieron que los pequeños montículos de tierra que
bordeaban cada lado de la “avenida” eran tumbas – de ahí el
nombre de “Avenida de los Muertos”. Posteriores excavaciones
demostraron que los montículos contenían estructuras de
piedra, pero el nombre persiste.) La “Avenida de los
Muertos” en sí misma representa una obra maestra de
planificación y construcción. A intervalos perfectamente
regulares, los constructores edificaron anchas
escaleras en la calle para compensar los cien pies de
desnivel. Si uno mira de Norte a Sur, tiene la impresión de
una interminable escalera que, subiendo hacia el cielo, une
la Pirámide de la Luna con el final del bulevar. Esta
pirámide cubre un área de aproximadamente 495 por 655 pies.
A la derecha de la “Avenida de los
Muertos” está la monumental Pirámide del Sol (de
aproximadamente 718 pies por 738 pies de base). Aunque ésta
es sesenta y dos pies más alta que la Pirámide de la Luna,
uno tiene la impresión, cuando mira desde arriba de la
Pirámide del Sol, de que las dos estructuras son de la misma
altura. Esto es debido al gradiente de la calle.
Todos los nombres, tales como Avenida de
los Muertos, Pirámide de la Luna, Pirámide del Sol, Templo
de Quetzalcóatl, y Ciudadela, han sido creados en tiempos
modernos. Cómo fueron denominadas originariamente estas
estructuras o para qué propósito servían no está claro
todavía. Es indiscutible, sin embargo, que la ciudad en su
totalidad fue diseñada a partir de un punto de vista
astronómico. Éste representa un modelo en miniatura de
nuestro Sistema Solar.
En los últimos años, el área alrededor de
Teotihuacán ha sido explorada. En importantes sitios por
todos lados, los arqueólogos encontraron dibujos indígenas
grabados en la roca los cuales, una vez relacionados, forman
una red de coordenadas sobre Teotihuacán. En la cima del
Cerro Haravillas, a unas cuatro millas y media al Oeste de
la Pirámide del Sol, fue descubierta una gran roca, de diez
pies de largo, con misteriosos signos geométricos. Desde
este punto, la Pirámide del Sol no puede ser vista, puesto
que la visión está obstruida por las estribaciones de otra
montaña, el Cerro Calavera. Cuando los investigadores
miraron con prismáticos en la dirección de la Pirámide del
Sol, que está oculta detrás de la montaña, divisaron otra
roca sobre la siguiente colina, ésta también con dibujos
grabados. El medio de un círculo apuntaba hacia la cúspide
de la Pirámide del Sol con la precisión de un compás.
Mediciones geodésicas revelaron más
misterios. Desde la cima de la Pirámide del Sol, mirando al
Oeste, uno puede observar la puesta de sol en el equinoccio
de primavera exactamente detrás de la roca marcada.
Similares rocas grabadas, ubicadas astronómicamente en
relación a la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna,
fueron halladas en el Cerro Chiconautla, a nueve millas al
sudoeste, otras hasta veintidós millas al nordeste de
Teotihuacán. Se conocen más de treinta sitios que tienen
alguna correlación con la misteriosa ciudad. Dibujos
idénticos a aquellos que están sobre las montañas y colinas
alrededor de Teotihuacán fueron descubiertos en rocas a 450
millas al Norte de esta ciudad, cerca del pueblo de Durango.
Teotihuacán debe de haber sido el centro de un sistema
geográfico y cósmico.
Durante mi última visita a Teotihuacán,
un nuevo misterio atrajo mi atención. En una cena, el
ingeniero mexicano Gerardo Levet me preguntó: “¿Vio usted
las capas de mica que fueron encontradas en las ruinas?”
“¿Mica?”, me sorprendí: “¿Qué tiene eso
de especial?”
Gerardo Levet me lo informó: “La mica se
encuentra solamente en algunos raros lugares en México. Los
grandes depósitos más cercanos se hallan en los Estados
Unidos y Brasil. La mica tiene algunas muy sorprendentes
cualidades. Por ejemplo, es resistente al calor y puede
incluso absorber extremos cambios de temperatura, los
llamados golpes de temperatura, por arriba de los 800 grados
Celsius. Hoy en día, delgadas placas de mica son utilizadas
como ventanas en altos hornos. La mica es también un
extremadamente eficiente aislante eléctrico. Es resistente
al arco voltaico, lo cual significa que aun si usted añade
alto voltaje, ninguna chispa rebotará de una placa de mica
a la siguiente. Esta capacidad aislante hizo a la mica ideal
para ser usada con modernos materiales, por ejemplo en la
tecnología de alta frecuencia, equipos de radar y ahora
también en computadoras. La mica es resistente a todos los
ácidos orgánicos. Incluso las delgadas placas de mica no se
descomponen por el ácido. ¿Cómo acaba este raro y único
material en Teotihuacán?”.
“Tal vez la mica estaba contenida en la
piedra natural que fue siendo usada allí,” sugerí yo.
“¡Error!” dijo el ingeniero Levet. “La
mica se encuentra en las regiones de alta montaña. Siendo de
Suiza, debería usted saberlo. Por otra parte, la placa de
mica en Teotihuacán ha sido artificialmente incrustada entre
placas de piedra, como un sándwich.”
Quise averiguar más. Al día siguiente, mi
asistente, Ralf Lange, y yo anduvimos entre las ruinas. Les
pregunté a varios guardias por las placas de mica. Todos
ellos aparentaban no saber nada al respecto. ¿Gerardo Levet
había estado alucinando? Finalmente, encontramos a un
anciano señor que nos dijo que las capas de mica se hallaban
a unas doscientas yardas de la Pirámide del Sol. Pero agregó
que no estaban abiertas para los turistas y habían sido
cubiertas con planchas de hierro y cerradas con candado.
Nosotros quisimos ir a ver de todos modos. Después que
buscamos por un rato, la verdad es que encontramos varias
planchas de hierro en el sitio indicado bajo un improvisado
techo de madera. Un joven guardia con uniforme azul nos
observaba y nos seguía. Nuestros argumentos económicamente
apoyados por fin lo convencieron para sacar unas llaves del
bolsillo y levantar la primera plancha de metal.

Foto © Erich von Däniken
En cuanto el Sol dio en el fondo del
agujero, sus rayos fueron reflejados brillantemente por la
mica, que cubría el suelo en piezas de un tamaño de cuatro
por ocho pulgadas. El mismo efecto sorprendente se repitió
cuando la segunda y la tercera y finalmente la cuarta
plancha de hierro fueron levantadas. Ahora podíamos
distinguirlas claramente: las placas de mica estaban metidas
entre las placas de piedra formando el cielorraso de la
habitación de abajo. Una placa de piedras, todas apiladas
una encima de la otra y unidas con argamasa, era seguida por
una placa de mica, de aproximadamente tres pulgadas de
espesor, y luego otra placa de piedras apiladas. Removí una
de las placas de mica y la sostuve contra la luz. Podía ser
fácilmente dividida en delgadas láminas con el pulgar. Era
indudablemente mica moscovita, del tipo que nuestros abuelos
acostumbraban llamar “vidrio de Moscú”.

Foto © Erich von Däniken
La moscovita, un hidrosilicato de potasio
y aluminio, se encuentra predominantemente en el granito,
algunas veces en la forma de una veta que corre a lo largo
de la piedra. Los depósitos menores están presentes en las
Montañas Gotthard en Suiza y en los Alpes Zillertal de Tirol.
Los grandes depósitos se hallan en India, Madagascar, Sud
África, Brasil y los Estados Unidos, y en el área del Lago
Baikal en Rusia. Muchos países son dependientes de la
importación de mica, entre ellos los países de
Centroamérica, cuyas montañas consisten en su mayor parte de
roca volcánica. ¿De dónde vino la mica utilizada en
Teotihuacán?
Pero la pregunta más apremiante era: ¿Por
qué gente de la Edad de Piedra cubrió y aisló las
habitaciones con mica si no era posible para ellos saber
acerca de sus propiedades? La gente de la Edad de Piedra no
fundía metales, por lo tanto no podrían ser conscientes de
las cualidades de resistencia al calor de la mica. La gente
de la Edad de Piedra no utilizaba equipos de alta
frecuencia, ¿así que por qué usaban mica? La gente de la
Edad de Piedra no manipulaba peligrosos ácidos. ¿Por qué
usaban mica? ¿Y de dónde vino ésta?
Varias habitaciones fueron aisladas con
un cielorraso de mica. ¿Qué almacenaban en estas
habitaciones? ¿Qué era procesado en esas habitaciones? Los
arqueólogos hacen silencio. Yo puedo pensar en dos posibles
respuestas, pero encuentro a ambas insatisfactorias.
Primero, un gran calor era producido en
la habitación cubierta por las placas de mica – calor que no
tenía que salir de la habitación. Éste se aplicaría, por
ejemplo, para el funcionamiento de un horno de fundición.
Sin embargo, ya que la capa del fondo del cielorraso, la
cual está hecha de piedra, se habría calentado primero, los
rastros de una exposición a tales altas temperaturas serían
todavía visibles en la roca. Me fue imposible verificar eso
porque el guardia persistió en su negativa de no dejarnos
entrar a las cámaras subterráneas.
En segundo lugar, ¿estaba la habitación
debajo de las placas imaginada para estar protegida de una
fuente exterior de calor? Esta posibilidad tampoco es
satisfactoria, porque la placa de mica está cubierta por
veinte pulgadas de roca, las cuales por sí mismas habrían
proporcionado muy buen aislamiento contra el calor.
¿Fueron llevados a cabo experimentos en
las habitaciones? Gerardo Levet afirma que un arqueólogo
amigo de él le contó que dos tuberías corren directamente
desde estas habitaciones hasta el centro de la Pirámide del
Sol. Se conoce la existencia de una cámara debajo del centro
de la Pirámide del Sol, pero la entrada está bloqueada por
pesadas puertas de hierro. ¿Qué se oculta al público allí?
¿Estaba el equipo de los dioses guardado
bajo el revestimiento de calor? Para ser totalmente
especulativos: ¿Fue ésta la fuente central de energía para
Teotihuacán?
A pesar de las muchas preguntas y las
escasas respuestas, una cosa es cierta: los planificadores y
constructores de Teotihuacán deben de haber sido conscientes
de, o por lo menos algunas, de las particulares propiedades
de la mica. De lo contrario ellos no se habrían tomado toda
la molestia de utilizar ese aislamiento en forma de
sándwich. ¿No permite eso tener en cuenta para la
conclusión que unos grandes desconocidos, los dioses,
construyeron las habitaciones para su propio uso? Es obvio
que alguien sabía dónde y cómo obtener la mica y estaba
familiarizado con sus propiedades, y que ese alguien no fue
uno del pueblo de la Edad de Piedra que construyó
Teotihuacán.
EL AUTOR es escritor. Pionero en la investigación de la hipótesis del antiguo
astronauta, ha publicado hasta el presente 27 libros, entre
ellos el best seller mundial Chariots of the Gods?
(Recuerdos del Futuro). Por sus aportes en el campo de
la arqueología, y otras ramas científicas la Universidad del
Estado de Bolivia le otorgó el título de Doctor Honoris
Causa.
© Erich von Däniken – Todos los derechos reservados.
Traducido y publicado con permiso expreso del autor.
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor.
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