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TEOTIHUACÁN: CADA DÍA MÁS MISTERIOSA

El hallazgo de mica en algunas habitaciones de la ciudad plantea un fascinante interrogante.

 

ERICH VON DANIKEN

ERICH VON DÄNIKEN

Suiza

www.daniken.com

 

* Traducido del inglés con autorización de Legendary Times.

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Cuando Hernán Cortés, el conquistador de México, cabalgaba a través del Valle de Otumba, a sólo veinticinco millas al noreste de la actual Ciudad de México, en julio de 1520, observó estructuras montañosas peculiarmente parejas. No tenía idea de lo que la tierra estaba ocultando bajo los cascos de los caballos. Los aztecas llamaban al lugar “Teotihuacán”, que significa algo así como “el lugar donde uno se convierte en un dios”. Pero incluso en la época de los aztecas, Teotihuacán estaba en ruinas. Los mismos aztecas no sabían quienes habían construido en otros tiempos Teotihuacán, pero creían que los montículos de las ruinas cubrían las sepulturas de los dioses. Una leyenda azteca apunta: “Durante la noche, cuando el Sol todavía no brilla, cuando no hay día, se dice que los dioses se reunían y se sentaban en consejo en el lugar llamado Teotihuacán.”

 

La moderna arqueología no ha descubierto mucho más acerca del origen de Teotihuacán. En su apogeo, la ciudad se extendía a lo largo de veinticinco kilómetros cuadrados; la población de esa época está estimada en 200.000.  Si uno compara a la antigua Teotihuacán con una ciudad moderna de 200.000 habitantes, se comienza a comprender la extensión de la infraestructura de por medio – suministros de agua, vertederos de basura, provisión de víveres, energía. Aproximadamente 2.600 edificaciones importantes fueron erigidas a lo largo de las dos calles centrales de Teotihuacán. Todos los arquitectos cumplieron tenazmente con los planos astronómicos de unos desconocidos predecesores durante un periodo de construcción que duró varios siglos.

 

No sabemos quiénes construyeron Teotihuacán, pero la planificación supuestamente comenzó alrededor del año 500 a. C. Debido a que los misteriosos constructores son desconocidos – no son aztecas, no son mayas, y tampoco olmecas – son llamados simplemente teotihuacanos. Estos teotihuacanos, al igual que todas las otras naciones centroamericanas de aquella época, son tenidos como habiendo sido gente de la Edad de Piedra sin ningún conocimiento de los metales.

 

Cuán difícil es captar la planificación y construcción de esta gran ciudad es expresado por Laurette Sejourne, que estuvo a cargo de las excavaciones en Teotihuacán por varios años: “Los orígenes de esta altamente desarrollada cultura representa el más inaccesible de todos los misterios…Aunque es difícil de creer que las características culturales encontraron su forma definitiva desde el principio, es todavía más difícil imaginar que la necesaria complejidad de los requisitos intelectuales estuvieran allí repentina y totalmente desarrollados. No tenemos evidencia material para este asombroso proceso de desarrollo…”

 

Una espléndida avenida corre en dirección Norte-Sur en Teotihuacán. Es de unas dos millas de largo y 131 pies de ancho y es llamada hoy en día “La Avenida de los Muertos”.

El templo y la pirámide flanquean esta avenida por ambos lados. (Los primeros arqueólogos supusieron que los pequeños montículos de tierra que bordeaban cada lado de la “avenida” eran tumbas – de ahí el nombre de “Avenida de los Muertos”. Posteriores excavaciones demostraron que los montículos contenían estructuras de piedra, pero el nombre persiste.) La “Avenida de los Muertos” en sí misma representa una obra maestra de planificación y construcción. A intervalos perfectamente regulares,  los constructores edificaron anchas escaleras en la calle para compensar los cien pies de desnivel. Si uno mira de Norte a Sur, tiene la impresión de una interminable escalera que, subiendo hacia el cielo, une la Pirámide de la Luna con el final del bulevar. Esta pirámide cubre un área de aproximadamente 495 por 655 pies.

 

A la derecha de la “Avenida de los Muertos” está la monumental Pirámide del Sol (de aproximadamente 718 pies por 738 pies de base). Aunque ésta es sesenta y dos pies  más alta que la Pirámide de la Luna, uno tiene la impresión, cuando mira desde arriba de la Pirámide del Sol, de que las dos estructuras son de la misma altura. Esto es debido al gradiente de la calle.

 

Todos los nombres, tales como Avenida de los Muertos, Pirámide de la Luna, Pirámide del Sol, Templo de Quetzalcóatl, y Ciudadela, han sido creados en tiempos modernos. Cómo fueron denominadas originariamente estas estructuras o para qué propósito servían no está claro todavía. Es indiscutible, sin embargo, que la ciudad en su totalidad fue diseñada a partir de un punto de vista astronómico. Éste representa un modelo en miniatura de nuestro Sistema Solar.

 

En los últimos años, el área alrededor de Teotihuacán ha sido explorada.  En importantes sitios por todos lados, los arqueólogos encontraron dibujos indígenas grabados en la roca los cuales, una vez relacionados, forman una red de coordenadas sobre Teotihuacán. En la cima del Cerro Haravillas, a unas cuatro millas y media al Oeste de la Pirámide del Sol, fue descubierta una gran roca, de diez pies de largo, con misteriosos signos geométricos. Desde este punto, la Pirámide del Sol no puede ser vista, puesto que la visión está obstruida por las estribaciones de otra montaña, el Cerro Calavera. Cuando los investigadores miraron con prismáticos en la dirección de la Pirámide del Sol, que está oculta detrás de la montaña, divisaron otra roca sobre la siguiente colina, ésta también con dibujos grabados. El medio de un círculo apuntaba hacia la cúspide de la Pirámide del Sol con la precisión de un compás.

 

Mediciones geodésicas revelaron más misterios. Desde la cima de la Pirámide del Sol, mirando al Oeste, uno puede observar la puesta de sol en el equinoccio de primavera exactamente detrás de la roca marcada. Similares rocas grabadas, ubicadas astronómicamente en relación a la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, fueron halladas en el Cerro Chiconautla, a nueve millas al sudoeste, otras hasta veintidós millas al nordeste de Teotihuacán. Se conocen más de treinta sitios que tienen alguna correlación con la misteriosa ciudad. Dibujos idénticos a aquellos que están sobre las montañas y colinas alrededor de Teotihuacán fueron descubiertos en rocas a 450 millas al Norte de esta ciudad, cerca del pueblo de Durango. Teotihuacán debe de haber sido el centro de un sistema geográfico y cósmico.

 

Durante mi última visita a Teotihuacán, un nuevo misterio atrajo mi atención. En una cena, el ingeniero mexicano Gerardo Levet me preguntó: “¿Vio usted las capas de mica que fueron encontradas en las ruinas?”

 

“¿Mica?”, me sorprendí: “¿Qué tiene eso de especial?”

 

Gerardo Levet me lo informó: “La mica se encuentra solamente en algunos raros lugares en México. Los grandes depósitos más cercanos se hallan en los Estados Unidos y Brasil. La mica tiene algunas muy sorprendentes cualidades. Por ejemplo, es resistente al calor y puede incluso absorber extremos cambios de temperatura, los llamados golpes de temperatura, por arriba de los 800 grados Celsius. Hoy en día, delgadas placas de mica son utilizadas como ventanas en altos hornos. La mica es también un extremadamente eficiente aislante eléctrico. Es resistente al arco voltaico, lo cual significa que aun si usted  añade alto voltaje,  ninguna chispa rebotará de una placa de mica a la siguiente. Esta capacidad aislante hizo a la mica ideal para ser usada con modernos materiales, por ejemplo en la tecnología de alta frecuencia, equipos de radar y ahora también en computadoras. La mica es resistente a todos los ácidos orgánicos. Incluso las delgadas placas de mica no se descomponen por el ácido. ¿Cómo acaba este raro y único material en Teotihuacán?”.

 

“Tal vez la mica estaba contenida en la piedra natural que fue siendo usada allí,” sugerí yo.

 

“¡Error!” dijo el ingeniero Levet. “La mica se encuentra en las regiones de alta montaña. Siendo de Suiza, debería usted saberlo. Por otra parte, la placa de mica en Teotihuacán ha sido artificialmente incrustada entre placas de piedra, como un sándwich.”

 

Quise averiguar más. Al día siguiente, mi asistente, Ralf Lange, y yo anduvimos entre las ruinas. Les pregunté a varios guardias por las placas de mica. Todos ellos aparentaban no saber nada al respecto. ¿Gerardo Levet había estado alucinando? Finalmente, encontramos a un anciano señor que nos dijo que las capas de mica se hallaban a unas doscientas yardas de la Pirámide del Sol. Pero agregó que no estaban abiertas para los turistas y habían sido cubiertas con planchas de hierro y cerradas con candado. Nosotros quisimos ir a ver de todos modos. Después que buscamos por un rato, la verdad es que encontramos varias planchas de hierro en el sitio indicado bajo un improvisado techo de madera. Un joven guardia con uniforme azul nos observaba y nos seguía. Nuestros argumentos económicamente apoyados  por fin lo convencieron para sacar unas llaves del bolsillo y levantar la primera plancha de metal.

 

                       

 Foto © Erich von Däniken

 

En cuanto el Sol dio en el fondo del agujero, sus rayos fueron reflejados brillantemente por la mica, que cubría el suelo en piezas de un tamaño de cuatro por ocho pulgadas. El mismo efecto sorprendente se repitió cuando la segunda y la tercera y finalmente la cuarta plancha de hierro fueron levantadas. Ahora podíamos distinguirlas claramente: las placas de mica estaban metidas entre las placas de piedra formando el cielorraso de la habitación de abajo. Una placa de piedras, todas apiladas una encima de la otra y unidas con argamasa, era seguida por una placa de mica, de aproximadamente tres pulgadas de espesor, y luego otra placa de piedras apiladas. Removí una de las placas de mica y la sostuve contra la luz. Podía ser fácilmente dividida en delgadas láminas con el pulgar. Era indudablemente mica moscovita, del tipo que nuestros abuelos acostumbraban llamar “vidrio de Moscú”.

 

                                 

 Foto © Erich von Däniken

 

La moscovita, un hidrosilicato de potasio y aluminio, se encuentra predominantemente en el granito, algunas veces en la forma de una veta que corre a lo largo de la piedra. Los depósitos menores están presentes en las Montañas Gotthard en Suiza y en los Alpes Zillertal de Tirol. Los grandes depósitos se hallan en India, Madagascar, Sud África, Brasil y los Estados Unidos, y en el área del Lago Baikal en Rusia. Muchos países son dependientes de la importación de mica, entre ellos los países de Centroamérica, cuyas montañas consisten en su mayor parte de roca volcánica. ¿De dónde vino la mica utilizada en Teotihuacán?

 

Pero la pregunta más apremiante era: ¿Por qué gente de la Edad de Piedra cubrió y aisló las habitaciones con mica si no era posible para ellos saber acerca de sus propiedades? La gente de la Edad de Piedra no fundía metales, por lo tanto no podrían ser conscientes de las cualidades de resistencia al calor de la mica. La gente de la Edad de Piedra no utilizaba equipos de alta frecuencia, ¿así que por qué usaban mica? La gente de la Edad de Piedra no manipulaba peligrosos ácidos. ¿Por qué usaban mica? ¿Y de dónde vino ésta?

 

Varias habitaciones fueron aisladas con un cielorraso de mica. ¿Qué almacenaban en estas habitaciones? ¿Qué era procesado en esas habitaciones? Los arqueólogos hacen silencio. Yo puedo pensar en dos posibles respuestas, pero encuentro a ambas insatisfactorias.

 

Primero, un gran calor era producido en la habitación cubierta por las placas de mica – calor que no tenía que salir de la habitación. Éste se aplicaría, por ejemplo, para el funcionamiento de un horno de fundición. Sin embargo, ya que la capa del fondo del cielorraso, la cual  está hecha de piedra, se habría calentado primero, los rastros de una exposición a tales altas temperaturas serían todavía visibles en la roca. Me fue imposible verificar eso porque el guardia persistió en su negativa de no dejarnos entrar a las cámaras subterráneas.

 

En segundo lugar, ¿estaba la habitación debajo de las placas imaginada para estar protegida de una fuente exterior de calor? Esta posibilidad tampoco es satisfactoria, porque la placa de mica está cubierta por veinte pulgadas de roca, las cuales por sí mismas habrían proporcionado muy buen aislamiento contra el calor.

 

¿Fueron llevados a cabo experimentos en las habitaciones? Gerardo Levet afirma que un arqueólogo amigo de él le contó que dos tuberías corren directamente desde estas habitaciones hasta el centro de la Pirámide del Sol. Se conoce la existencia de una cámara debajo del centro de  la Pirámide del Sol, pero la entrada está bloqueada por pesadas puertas de hierro. ¿Qué se oculta al público allí?

 

¿Estaba el equipo de los dioses guardado bajo el revestimiento de calor? Para ser totalmente especulativos: ¿Fue ésta la fuente central de energía para Teotihuacán?

 

A pesar de las muchas preguntas y las escasas respuestas, una cosa es cierta: los planificadores y constructores de Teotihuacán deben de haber sido conscientes de, o por lo menos algunas, de las particulares propiedades de la mica. De lo contrario ellos no se habrían tomado toda la molestia de utilizar ese aislamiento en forma de sándwich. ¿No  permite eso tener en cuenta para la conclusión que unos grandes desconocidos, los dioses, construyeron las habitaciones para su propio uso? Es obvio que alguien sabía dónde y cómo obtener la mica y estaba familiarizado con sus propiedades, y que ese alguien no fue uno del pueblo de la Edad de Piedra que construyó Teotihuacán.

 

 

EL AUTOR es escritor. Pionero en la investigación de la hipótesis del antiguo astronauta, ha publicado hasta el presente 27 libros, entre ellos el best seller mundial Chariots of the Gods? (Recuerdos del Futuro).

 

© Erich von Däniken – Todos los derechos reservados.

Traducido y publicado con permiso expreso del autor.

 

Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor.

 

 

© Legendary Times – Todos los derechos reservados.

Traducido del inglés con autorización expresa de Legendary Times

 

Prohibida su reproducción sin autorización previa de Legendary Times.

 

 

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