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“Y los
Dioses gobernaron desde Akakor. Gobernaron sobre los hombres
y sobre la Tierra. Tenían naves más rápidas que el vuelo de
los pájaros; naves que llegaban a su punto de destino sin
velas y sin remos, tanto por la noche como por el día.
Tenían piedras mágicas para observar los lugares más
alejados, de modo que podían ver ciudades, ríos, colinas y
lagos. Cualquier hecho que ocurriera sobre la Tierra o en el
cielo quedaba reflejado en las piedras. Pero lo más
maravilloso de todo eran las residencias subterráneas. Y los
Dioses se las entregaron a sus Servidores Escogidos como su
último regalo. Porque los Maestros Antiguos son de la misma
sangre y tienen el mismo padre”
(La Crónica de Akakor - Karl Brugger)
El 3 de enero de
1984, Karl Brugger, corresponsal de origen alemán que por
ese entonces residía en el estado de Río de Janeiro ,
Brasil, fue asesinado en pleno día por un tirador anónimo
que le disparó a quemarropa mientras se encontraba paseando
con un colega amigo, Ulrich Eucke, por la famosa playa de
Ipanema.
En una ciudad
donde la criminalidad, marginalidad y pobreza registran una
de las tasas más elevadas del mundo, nadie prestó demasiada
atención a la desaparición del periodista. La policía abrió
un expediente para investigar el hecho, aunque las pruebas
recopiladas no fueron muy efectivas. Solamente se pudo
reconocer el arma, identificada como una ametralladora
portátil 9 mm similar a una mini UZI, y que suele utilizar
el personal militar. El agresor nunca fue detenido y el caso
entró en zona muerta.
Ocho
años antes de su deceso, Brugger, había alcanzado cierto
éxito con un libro de su autoría, “La Crónica de Akakor.
Mito y leyenda de un pueblo antiguo de Amazonia” (1976)
(1), best-sellers en Europa y EE.UU. La obra fue
la culminación de un largo reportaje que dejó un saldo de
doce tapes de grabación, con un único interlocutor, Tatunca
Nara, mestizo indígena y líder de los Ugha Mongulala quien
en forma oral contó un extraño y fantástico relato sobre los
orígenes milenarios de su pueblo.
Nacía
la leyenda de Akakor
Remontémonos a
1971. Cuenta la historia que los integrantes de la línea
área comercial alemana Swissair se encontraban paseando por
Manaus, estado de Amazonia, cuando fueron abordados por un
mendigo vestido en forma harapienta, que les solicitó el
pago de una comida. La sorpresa surgió al comprobarse que el
desconocido podía expresarse en perfecto alemán, causando el
asombro de los tripulantes y en especial de su comandante,
Ferdinand Schmidt, experimentado aviador.
El misterioso
personaje dijo llamarse Tatunca Nara, príncipe de una tribu
perdida de la selva, los Ugha Mongulala. Reveló además que
un contingente de 2.000 alemanes arribaron a su país en los
últimos tramos de la Segunda Guerra Mundial -1939-1941-,
refugiándose en Akakor, antigua ciudad subterránea legada
por maestros venidos de las estrellas.
De vuelta en
Alemania y aún impresionado por el relato de Tatunca Nara,
Schmidt, decide informar acerca del extraordinario encuentro
a un periodista, Kart Brugger quien prestaba colaboración
para una televisora pública nacional, la ARD, una de las
cadenas de comunicación más importante de Europa.
Nacido en Munich
-1941-, Brugger, además de su título como periodista,
contaba con estudios en Sociología e Historia. Con el tiempo
se transformó en un reputado especialista de culturas
nativas americanas.
Intrigado por la
confidencia, el corresponsal alemán decide aceptar el reto y
partir a Brasil en busca del “príncipe del mundo
subterráneo”. A su llegada, inicia una serie de
investigaciones que después de un año de pesquisas e
indagaciones, se verían coronadas por el éxito.
“El 3 de marzo
de 1972. M., al mando en Manaus del contingente brasileño en
la jungla, facilitó el encuentro. Fue en el bar Gracas á
Deus («Gracias a Dios») donde por primera vez me enfrenté
con el blanco caudillo indio. Era alto, tenía el pelo largo
y oscuro y un rostro finamente moldeado. Sus ojos castaños,
ceñudos y suspicaces, eran los característicos del mestizo.
Tatunca Nara vestía un descolorido traje tropical, regalo de
los oficiales, como posteriormente me explicaría. El
cinturón de cuero, ancho y con una hebilla de plata, era
realmente sorprendente. Los primeros minutos de nuestra
conversación fueron difíciles. Con cierta indiferencia,
Tatunca Nara expuso en un deficiente alemán sus impresiones
de la ciudad blanca, con sus miles de personas, la prisa y
la precipitación en las calles, los altos edificios y el
ruido insoportable. Sólo cuando hubo vencido sus reservas y
su suspicacia inicial, me contó la más extraordinaria
historia que jamás había escuchado. Tatunca Nara me habló de
la tribu de los ugha mongulala, un pueblo que había sido
«escogido por los dioses» hacía 15.000 años. Describió dos
grandes catástrofes que habían asolado la Tierra, y habló de
Lhasa, el legislador, un hijo de los dioses que gobernó el
continente sudamericano, y de sus relaciones con los
egipcios, el origen de los incas, la llegada de los godos y
una alianza de los indios con 2.000 soldados alemanes. Me
habló de gigantescas ciudades de piedra y de los poblados
subterráneos de los antepasados divinos. Y afirmó que todos
estos hechos habían sido registrados en un documento
denominado la Crónica de Akakor.”
Pero Brugger,
dudó.
“La historia
parecía demasiado extraordinaria: otra leyenda más de los
bosques, el producto del calor tropical y del efecto místico
de la jungla impenetrable. Cuando Tatunca Nara concluyó su
relato, yo tenía doce cintas con un fantástico cuento de
hadas”
A pesar de sus
vacilaciones en el terreno, el periodista decidió sondear
entre sus contactos regionales para ver si se obtenían datos
extras que validaran la historia.
Cuando le fueron
presentados los resultados, quedó sorprendido.
Supo, que la
irrupción de Tatunca Nara en escena se produjo en 1968.
“Cuando un
periódico menciona a un caudillo indio que salvó las vidas
de doce oficiales, le fueron concedidos un permiso de
trabajo brasileño y un documento de identidad. Según
diversos testimonios, el misterioso caudillo habla un
deficiente alemán y sólo comprende algunas palabras de
portugués, pero está familiarizado con varias lenguas indias
habladas en las zonas altas del Amazonas. Unas pocas semanas
después de su llegada a Manaus, Tatunca Nara desapareció
súbitamente sin dejar huella”.
En 1969 estalló
un violento enfrentamiento que involucró a las tribus
salvajes y los colonos blancos en la provincia fronteriza
peruana Madre de Dios.
“El líder de
los indios, quien, según los informes de prensa peruanos,
era conocido como Tatunca («gran serpiente de agua»), huyó
tras la derrota a territorio brasileño. Con objeto de
impedir una repetición de los ataques, el gobierno peruano
solicitó del brasileño la extradición, pero las autoridades
brasileñas se negaron a cooperar. Las hostilidades en la
provincia fronteriza de Madre de Dios se prolongaron durante
1970 y 1971. Las tribus indias salvajes huyeron hacia los
bosques casi inaccesibles cercanos al nacimiento del río
Yaco. A Tatunca Nara parecía habérselo tragado la tierra.
Perú cerró la frontera con Brasil e inició la invasión
sistemática de los bosques vírgenes. Según los testigos
oculares, los indios peruanos compartieron el destino de sus
hermanos brasileños: fueron asesinados y murieron víctimas
de las enfermedades de la civilización blanca”.
Por ese mismo
año, una terrible sequía golpeó a la región de los Ugha
Mongulala. Con el hambre en puerta, Tatunca Nara decidió
arriesgarse a salir a la superficie, para pedir ayuda a los
“Blancos Bárbaros”, y así aliviar los pesares que amenazaban
a su gente.
Su confianza se
depositó en un sacerdote (2)
“Vestido con
las ropas de los soldados alemanes, abandoné Akakor y
después de un laborioso viaje, llegué a Río Branco. Una de
sus grandes ciudades, situada en la frontera entre Brasil y
Bolivia. Aquí me dirigí al sumo sacerdote de los Blancos
Bárbaros, a quien había conocido por intermedio de los doce
oficiales blancos. Le revelé el secreto de Akakor y le hablé
sobre la miserable situación de mi pueblo. Como prueba de mi
historia, le entregue dos documentos de los dioses, y éstos
convencieron definitivamente al sumo sacerdote blanco.
Accedió a mi petición y regresó conmigo a Akakor. La llegada
a Akakor del sumo sacerdote blanco provocó violentas
discusiones con el consejo supremo. Los ancianos y los
señores de la guerra rechazaron todo contacto con él. Para
evitar cualquier posible traición, exigieron incluso su
cautividad. Solamente los sacerdotes estaban preparados para
discutir una paz justa. Después de argumentaciones
infinitas, el consejo supremo concedió al sumo sacerdote
blanco un período de seis meses, durante el cual expondría a
su propio pueblo la terrible situación de los Ugha
Mongulala. Para que pudiera reforzar su historia, le fueron
entregados varios escritos de los Padres Antiguos. Si no
lograba convencer a los Blancos Bárbaros, tenía la
obligación de devolver los documentos a Akakor. Durante seis
meses, nuestros exploradores esperaron en el lugar acordado
para el encuentro en la zona alta del Río Rojo. El sumo
sacerdote blanco no regresó. (Algún tiempo después me
enteraría de que había muerto en un accidente de aviación.
De todos modos, había enviado los documentos a una lejana
ciudad llamada Roma. Esto es lo que, en cualquier caso,
dijeron sus servidores.)”
En las
postrimerías de 1972, Tatunca Nara llevó su historia a las
autoridades brasileñas, para convencerlas de tomar cartas en
el asunto.
“Con la ayuda
de los doce oficiales cuya vida había salvado, entró en
contacto con el servicio secreto brasileño. Apeló asimismo
al Servicio de Protección India (FUNAI) y le habló a N.,
secretario de la embajada de la República Federal de
Alemania en Brasilia, sobre los 2.000 soldados alemanes que,
según sostenía, habían desembarcado en Brasil durante la
Segunda Guerra Mundial y están todavía vivos en Akakor, la
capital de su pueblo. N. no creyó la historia y negó a
Tatunca Nara todo acceso posterior a la embajada. FUNAI sólo
accedió a cooperar una vez que muchos de los detalles de la
historia de Tatunca Nara sobre tribus indias desconocidas de
la Amazonia fueron comprobados durante el verano de 1972. El
servicio formó una expedición para establecer contacto con
los misteriosos ugha mongulala y dio instrucciones a Tatunca
Nara para que hiciera todos los preparativos necesarios. Sin
embargo, estos planes se vieron interrumpidos por la
resistencia de las autoridades locales de la provincia de
Acre. Siguiendo instrucciones personales del entonces
gobernador Wanderlei Dantas, Tatunca Nara fue arrestado.
Poco antes de su extradición a la frontera peruana, sus
amigos oficiales lo liberaron de la prisión de Río Branco y
lo devolvieron a Manaus”
Con los datos
recogidos, Brugger decidió emprender una expedición hacia
Akakor, que contaría con la guía de Tatunca Nara y la
participación de un fotógrafo. Pero la aventura casi termina
en tragedia.

Fotos
tomadas del archivo de Karl Brugger, donde se retratan
extrañas
formaciones con aspecto de Domo y pilares desconocidos.
“Abandonamos
Manaus el 25 de septiembre de 1972. Remontaríamos el río
Purus hasta donde pudiéramos en un barco alquilado,
tomaríamos después una canoa con motor fuera borda y la
utilizaríamos para alcanzar la región del nacimiento del río
Yaco en la frontera entre Brasil y Perú, luego
continuaríamos a pie por las colinas bajas al pie de los
Andes hasta llegar a Akakor. Tiempo necesario para la
expedición: seis semanas; probable regreso: a comienzos de
noviembre. Nuestro equipo se componía de hamacas, redes para
mosquitos, utensilios de cocina, alimentos, las ropas
habituales para la jungla y vendajes médicos. Como armas, un
Winchester 44, dos revólveres, un rifle de caza y un
machete. Además, llevábamos nuestro equipo de filmación, dos
registradoras magnetofónicas y cámaras. Los primeros días
fueron muy diferentes de lo que esperábamos: nada de
mosquitos, ni de serpientes de agua ni de pirañas. El río
Purus era como un lago sin orillas. Contemplábamos la jungla
sobre el horizonte, con sus misterios ocultos tras una
muralla verde. El primer pueblo que alcanzamos fue Sena
Madureira, último asentamiento antes de penetrar en las
todavía inexploradas regiones fronterizas entre Brasil y
Perú. Era un lugar Típico de la Amazonia: polvorientas
carreteras de arcilla, ruinosas barracas y un desagradable
olor a agua estancada. Ocho de cada diez habitantes sufren
de beriberi, lepra o malaria. La malnutrición crónica ha
dejado a estos seres en un estado de triste resignación.
Rodeados por la brutalidad de la inmensidad y aislados de la
civilización, dependen principalmente del licor de caña de
azúcar, único medio de escapar a una realidad sin esperanza.
En un bar, nos despedimos de la civilización y nos topamos
con un hombre que dice conocer las zonas altas del río Purus.
En su búsqueda de oro, fue hecho prisionero por los indios
haisha, una tribu semicivilizada que se asienta en la región
del nacimiento del río Yaco. Su relato es desalentador: nos
habla y no para sobre rituales caníbales y flechas
envenenadas. El 5 de octubre, en Cachoeira Inglesa,
cambiamos el bote por la canoa. A partir de aquí dependemos
de Tatunca Nara. Los mapas de ordenanza describen el curso
del río Yaco, pero sólo de una manera imprecisa. Las tribus
indias que viven en esta región no tienen aún contactos con
la civilización blanca. A J. y a mí nos domina un
sentimiento de incomodidad. ¿Existe, después de todo, un
lugar como Akakor? ¿Podemos confiar en Tatunca Nara? Pero la
aventura se muestra más apremiante que nuestra propia
ansiedad.”
“Doce días
después de haber dejado Manaus, el paisaje comienza a
cambiar. Hasta aquí el río semejaba un mar terroso sin
orillas. Ahora nos deslizamos a través de las lianas por
debajo de árboles voladizos. Tras una curva del río,
hallamos a un grupo de buscadores que han construido una
primitiva factoría sobre la orilla del río y criban la arena
de grano grueso con cedazos. Aceptamos su invitación de
pasar la noche y escuchar sus extraños relatos sobre indios
con el pelo pintado de rojo y azul con flechas envenenadas.
El viaje se convierte en una expedición contra nuestras
propias dudas. Nos hallamos a apenas diez días de nuestro
presunto objetivo. La monótona dieta, el esfuerzo físico y
el temor a lo desconocido han contribuido cada uno lo suyo.
Lo que en Manaus parecía una fantástica aventura se ha
convertido ahora en una pesadilla. Principalmente,
comprendemos que nos gustaría dar la vuelta y olvidarlo todo
sobre Akakor antes de que sea demasiado tarde. Todavía no
hemos visto a ningún indio. En el horizonte aparecen las
primeras cumbres nevadas de los Andes; a nuestras espaldas
se extiende el verde mar de las tierras bajas amazónicas.
Tatunca Nara se prepara para el regreso con su pueblo. En
una extraña ceremonia, se pinta su cuerpo: rayas rojas en su
rostro, amarillo oscuro en el pecho y en las piernas. Ata su
pelo por detrás con una cinta de cuero decorada con los
extraños símbolos de los ugha mongulala. El 13 de octubre
nos vemos obligados a regresar. Después de un peligroso
pasaje sobre rápidos, la canoa es atrapada por un remolino y
zozobra. Nuestro equipo de cámaras, empaquetado en cajas,
desaparece bajo los densos arbustos de la orilla; la mitad
de nuestros alimentos y de las provisiones médicas se han
perdido también. En esta situación desesperada, decidimos
abandonar la expedición y regresar a Manaus. Tatunca Nara
reacciona con irritación: se muestra violento y contrariado.
A la mañana siguiente, J. y yo levantamos nuestro último
campamento. Tatunca Nara, con la pintura de guerra de su
pueblo, cubriéndole únicamente un taparrabos, toma la ruta
terrestre para regresar con su pueblo. Este fue mi último
contacto con el caudillo de los ugha mongulala.”
Pasaría mucho
tiempo hasta que Karl Brugger y Tatunca Nara volvieran a
reunirse. Con la edición del libro, la fama de Akakor se
extendió por todos los rincones, y su historia, trascendió
fronteras.
En su crónica
oral, el líder de los Ugha Mongulala relató al periodista
germano que visitantes estelares aterrizaron en Sudamérica
hace cerca de 15.500 años, procedentes de Schwerta, lugar
remoto y “centro de un imperio conformado por numerosos
mundos situado en los confines de nuestro universo”.
Fueron 130
familias que se establecieron en este continente.
“Ellos
civilizaron a los hombres y fundaron la Tribu de los Ugha
Mongulala, que significa “Tribus Escogidas Aliadas”. Y para
sellar su alianza eterna, se unieron a ellos. De aquí que
los miembros de esta Tribu se parezcan a los Shuerta, hasta
en el color de la piel”.
Tatunca los
describió como similares a nosotros en lo físico, salvo por
un detalle: los desconocidos contaban con seis dedos. Los
extranjeros erigieron 26 ciudades, casi todas subterráneas,
tres de las cuales fueron elegidas como principales.
“La ciudad de
Akakor se extendía más allá del río Purus, en un alto valle,
situado en la frontera que divide a Brasil de Perú. La
región de Madre de Dios (Perú) y Acre (Brasil), señalarían
los límites de su territorio”
En la lengua de
Schwerta, Akakor significa Fortaleza Nota 2. (Aka: 2 Kor:
Fortaleza).
“Toda la
ciudad está rodeada por una gran muralla de piedra con trece
puertas. Éstas son tan estrechas que únicamente permiten el
acceso de las personas de una en una.
 
Tatunca Nara
Dolmen situado en la Región Sur de Brasil.
La llanura del
Este, a su vez, está protegida por atalayas de piedra en las
que escogidos guerreros se hallan continuamente en
vigilancia de los enemigos. Akakor está dispuesta en
rectángulos. Dos calles principales que se cruzan dividen la
ciudad en cuatro partes, que corresponden a los cuatro
puntos universales de nuestros Dioses.
El Gran Templo
del Sol y una puerta de piedra tallada de un único bloque
están situados sobre una gran plaza en el centro.
El templo mira
hacia el Este, hacia el Sol naciente, y está decorado con
imágenes simbólicas de nuestros Maestros Antiguos. En cada
mano, una criatura divina sostiene un cetro en cuyo extremo
superior hay una cabeza de jaguar. La figura está coronada
con un tocado de ornamentos animales. Una extraña escritura,
y que sólo puede ser interpretada por nuestros sacerdotes,
reseña la fundación de la ciudad. Todas las ciudades de
piedra construidas por nuestros Maestros Antiguos tienen una
puerta semejante. El edificio más impresionante de Akakor es
el Gran Templo del Sol. Sus paredes exteriores están
desnudas y fueron construidas con piedras artísticamente
labradas. El techo está abierto de modo que los rayos del
Sol naciente puedan llegar hasta un espejo de oro, que se
remonta a los tiempos de los Maestros Antiguos, y que está
montado en la parte delantera. Figuras de piedra de tamaño
natural flanquean la entrada del templo por ambos lados. Las
paredes interiores están tapizadas con relieves. En una gran
arca de piedra hundida en la pared delantera del templo se
encuentran las primeras leyes escritas de nuestros Maestros
Antiguos”
Luego le sigue
Akanis (Fortaleza 1), edificada “sobre una estrecha lengua
de tierra, cercana a México, dónde se enfrentan los dos
océanos (3)
La última, Akahim
(Fortaleza 3) quizás la más misteriosa, se encuentra al
norte de Brasil lindante con Venezuela.
“Se parece a
Akakor, con su puerta de piedra, el Templo del Sol y los
edificios para el príncipe y los sacerdotes. Una piedra
labrada en forma de dedo extendido señala el camino hacia la
ciudad. La entrada real está oculta detrás de una inmensa
cascada de agua. Sus aguas caen hasta una profundidad de 300
metros”. . Yo puedo revelar estos secretos porque desde hace
400 años Akahim está en ruinas. Después de guerras terribles
contra los Blancos Bárbaros, el pueblo de los Akahim
destruyó las casas y los templos de la superficie y se
retiró al interior de las residencias subterráneas. Estas
residencias están dispuestas como la constelación estelar de
los Dioses y se hallan conectadas mediante unos largos
túneles de forma trapezoidal. Hoy en día, sólo cuatro de las
residencias están todavía habitadas; las nueve restantes
están completamente vacías. Los en un tiempo poderosos
Akahim apenas ascienden actualmente a 5.000 almas.
“Akahim y
Akakor se comunican entre sí mediante un pasadizo
subterráneo y un enorme sistema de espejos. El túnel
comienza en el Gran Templo del Sol de Akakor, continúa por
debajo del cauce del Gran Río y termina en el centro de
Akahim. El sistema de espejos se extiende desde el Akai por
encima de la alineación de los Andes, hasta las Montañas
Roraina, que es como las llaman los Blancos Bárbaros.
Consiste en una serie de espejos de plata de altura
equivalente a la de un hombre y montados sobre unos grandes
andamios de bronce. Cada mes, los sacerdotes se comunican
por este sistema los acontecimientos más importantes en un
idioma de signos secretos. Fue de esta forma cómo la nación
hermana de los Akahim tuvo noticias por primera vez sobre la
llegada de los Blancos Bárbaros al país llamado Perú.”
Además de la
descripción de las ciudades subterráneas, se incluyeron
otras revelaciones importantes, que acrecentaron aún más el
enigma
Tatunca habló de
tecnología extraterrestre y documentos antiguos que se
ocultarían en los recintos.
“Mi pueblo
únicamente ha conservado la memoria del Imperio de Samón y
sus regalos a Lhasa, los pergaminos escritos y las piedras
verdes. Nuestros sacerdotes los han guardado en el recinto
religioso subterráneo de Akakor, en donde también se
conservan el disco volante de Lhasa y la extraña vasija que
puede atravesar las montañas y las aguas. El disco volante
es del color del oro resplandeciente y esta hecho de un
metal desconocido. Su forma es como la de un cilindro de
arcilla, es tan alto como dos hombres colocados uno encima
del otro, y lo mismo de ancho. En su interior hay espacio
para dos personas. No tiene velas ni remos. Pero dicen
nuestros sacerdotes que con él Lhasa podía volar más rápido
que el águila más veloz y moverse entre las nubes tan ligero
como una hoja en el viento. La extraña vasija es igualmente
misteriosa. Seis largos pies sostienen una bandeja plateada.
Tres de los pies apuntan hacia delante, otros hacia atrás.
Estos e parecen a cañas dobladas de bambú y son móviles;
terminan en unos rodillos de la largura parecida a los
lirios del valle. Fieles a los deseos de nuestros Maestros
Antiguos, los sacerdotes recogieron todos los conocimientos
y todas las experiencias y lo conservaron en las residencias
subterráneas.
Los objetos
que dan testimonio de 12.000 años de la historia de mi
pueblo se guardan en una habitación labrada en la roca. Aquí
se hallan también los misteriosos dibujos de nuestros Padres
Antiguos. Están grabados en verde y en azul sobre un
material desconocido para nosotros. Ni el agua ni el fuego
pueden destruirlo.” // “Uno de los mapas muestra que nuestra
Luna no es la primera y que tampoco es la única de la
historia de la Tierra. La Luna que nosotros conocemos
comenzó a acercarse a la Tierra y a girar en derredor de
ella hace miles de años. En aquel entonces el mundo tenía
otro aspecto.
“En el Oeste,
allí donde los mapas de los Blancos Bárbaros solamente
registran agua, existía una gran isla. Asimismo en la parte
septentrional del océano se encontraba una gigantesca masa
de tierra. Según nuestros sacerdotes, ambos quedaron
sumergidos bajo una inmensa ola durante la primera Gran
Catástrofe, la de la guerra entre las dos razas divinas. Y
añaden que esta guerra trajo la desolación a la Tierra y
también a los mundos de Marte y de Venus, que es como los
Blancos Bárbaros los llaman.”
Y también de
cuerpos alienígenas en estado de suspensión.
“Entré en el
recinto religioso al despuntar la mañana, poco después de la
salida del sol. Envuelto en el traje dorado de Lhasa,
descendí por una espaciosa escalera. Me condujo al interior
de una habitación, y ni aún ahora puedo decir si ésta era
grande o pequeña. El techo y las paredes eran de un color
infinitamente azulado. No tenían ni comienzo ni final. Sobre
una losa de piedra labrada había pan y una fuente de agua,
los signos de la vida y la muerte. Un profundo silencio
reinaba en la habitación. Repentinamente, una voz que
parecía proceder de todas partes me ordenó que me levantara
y que entrara en la siguiente habitación, que se parecía al
Gran templo del Sol. Sus paredes estaban recubiertas de
muchos y muy diversos instrumentos. Brillaban y resplandecía
en todos los colores. Tres grandes losas hundidas en el
suelo fosforecían como el hierro. Contemplé maravillado los
extraños instrumentos durante algún tiempo. Tan deslumbrados
estaban, mis ojos por la brillante luz que tarde bastante
tiempo en reconocer algo que ya nunca olvidaré. En el centro
de la habitación cuyas paredes irradiaban una misteriosa luz
se encontraban cuatro bloques de piedras transparentes.
Cuando, lleno de temor, pude acercarme, descubrí en ellos a
cuatro misteriosas criaturas: cuatro muertes vivientes,
cuatro humanos durmientes, tres hombres y una mujer. Yacían
en un líquido que los cubría hasta el pecho. Eran como los
humanos en todos los aspectos, sólo tenían seis dedos en las
manos y seis dedos en los pies.”
Cuando esta
información llegó a oídos de los investigadores, Erich von
Däniken, de origen suizo, fue uno de los primeros en retomar
la posta abandonada por el periodista alemán. En el libro de
Brugger, Däniken, figuraba en los créditos como redactor del
prólogo de Akakor, y por ende, contaba con antecedentes en
el tema. Teniendo en cuenta el espíritu aventurero que el
escritor tan bien supo imprimir en sus libros, no resultó
sorpresa su intención de lanzar una expedición en busca de
la ciudad perdida, a pesar de la experiencia fallida de
Brugger. Pero desde el comienzo, arreciaron las
dificultades.
En Testigo de
los Dioses, el suizo relató los pormenores que hicieron
fracasar la operación.
“Hace dos años
entré en contacto, sin que ello guardase ninguna relación
con el libro de Brugger, con un señor de Manaus llamado
Ferdinand Schmidt. Dicho señor Schmidt había sido toda su
vida piloto de la Swissair. Después de jubilarse aceptó la
misión de trabajar para la Cruz Roja en Brasil. Esa misión
le llevó a Manaus, y en el marco de sus actividades tuvo
ocasión de tratar muchas veces a Tatunca Nara. Este le contó
al señor Schmidt la historia de su tribu, exactamente en los
mismos términos que más tarde publicaría Brugger. Schmidt y
yo intercambiamos algunas cartas, y luego tuvimos una
entrevista en Zürich. Yo propuse organizar una expedición al
territorio de la tribu de Tatunca, como única manera de
verificar hasta qué punto era verídica tan extraordinaria
historia. Schmidt regresó a Manaus y, en su calidad de
experto piloto, empezó a programar la expedición,
manteniéndose al mismo tiempo en contacto con Tatunca, quien
dijo hallarse dispuesto a guiar un pequeño grupo hasta los
lugares donde moraba su tribu. /../ La expedición estaba
prevista para la primera quincena de julio (1977), y
deberíamos acercarnos cuanto fuese posible al territorio de
la tribu empleando dos helicópteros. Contábamos para ello
con la autorización de la Comisaría brasileña de asuntos
indígenas, la FUNAI. El jefe de la expedición iba a ser
Tatunca Nara, pues sólo él sabía el emplazamiento de la
misteriosa ciudad. Pese a mi gran curiosidad, yo no deseaba
lanzarme a ciegas a una aventura que iba implicar para mí un
esfuerzo financiero bastante considerable. Después de las
conversaciones preliminares, Ferdinand Schmidt convenció al
caudillo indígena para que regresara solo, de momento, a
reunirse con los de su tribu y recoger allí una prueba
convincente de la existencia de artefactos técnicos como los
descritos por él. Por ejemplo, Tatunca podría tomar
fotografías de los mismos. La presentación de esos
documentos sería la señal de salida para la expedición, ya
preparada en todos sus detalles. Tatunca recibió una cámara
de manejo sencillo y, además, un motor fuera de borda nuevo
para su barca. A finales de marzo salió de Manaus con
instrucciones de regresar dos meses más tarde. Tatunca nunca
apareció”.
“Ahora bien,
como los indios no tienen la noción de la puntualidad tan
definida como nosotros, los retrasos no son cosa rara
tratándose de ellos. Por otra parte, era posible que la
demora viniese impuesta por condiciones climáticas adversas.
A veces, los afluentes del río Negro, llevan tan poco
caudal, que dejan pasar una lancha motora y se hace preciso
aguardar a las próximas lluvias. El 10 de julio aterricé en
Manaus. Tatunca aún no había aparecido. El retraso era de un
mes y medio. Sin su presencia, hubiese sido absurdo iniciar
la expedición con los helicópteros. Pero la empresa que
alquilaba los helicópteros no estaba dispuesta a tener
inmovilizados por mucho tiempo sus costosos aparatos.
Insistió en que avisáramos con cuatro semanas de
anticipación, cuando estuviéramos dispuestos a utilizarlos.
Por tanto, si yo hubiera dado luz verde a la expedición el
10 de julio, habríamos tenido que partir cuatro semanas más
tarde, con Tatunca o sin él. Como a mediados de julio
Tatunca seguía si aparecer, anulé la expedición. “
“Saqué pasaje
para regresar a Europa, y precisamente el último día de mi
estancia allí se presentó Tatunca con su barca por el río
Negro. Su primera pregunta fue si habíamos recibido las
fotos, entregadas diez días antes a un carguero comercial
con instrucciones que nos fuesen transmitidas a nosotros.
Desde luego, no habíamos recibido nada. Tatunca dijo que
había estado con los de su tribu en la ciudad de Akahim, y
nos reiteró de nuevo sus manifestaciones acerca de los
depósitos de material técnico de los dioses en la mencionada
ciudad. El caso es que no llevaba consigo ninguna prueba.
Cuando se lo reprochamos, él nos contestó que su obligación
era mirar por su pueblo y no por nosotros, y que no podía
traicionar a los suyos llevándose ningún objeto de los que
ellos consideraban sagrados; que ello sería lo mismo que
para nosotros robar una Iglesia. Nuestra conversación duró
doce horas, y todavía no sé que pensar de toda esa historia.
Lo que nos contó no era ilógico ni imposible… ¡pero sí
extraordinariamente improbable! Tatunca notó mi
desconfianza, y prometió hablar con sus sacerdotes aquella
misma noche…” // “Tatunca dijo que los indios sabían
comunicarse por vía extrasensorial o, como diríamos
nosotros, telepática. (4) Si bien, según Tatunca,
esa clase de comunicación no emplea palabras ni frases, sino
una concentración intensa de sentimientos, de sensaciones
como el hambre, el amor, la amistad, el odio, la felicidad,
la guerra, la enemistad, y así sucesivamente. Con ello sería
posible crear símbolos y entenderse a distancia. Dijo que
todos los indios practicaban esta clase de comunicación
telepática desde su primera infancia.” // “Aplacé mi regreso
veinticuatro horas. Al día siguiente, Tatunca se presentó
con mucho aplomo y dijo que había conseguido explicar a sus
sacerdotes que no podía presentarse ante mí con las manos
vacías, pues el hombre blanco no le haría caso. Ahora tenía
permiso de los sacerdotes para aportar una prueba capaz de
convencerme. Por consiguiente, partiría de nuevo a reunirse
con los suyos, recogería la prueba y volvería a Manaus. El
señor Schmidt quedó encargado de avisarme por teléfono
cuando todo ello se hubiese cumplido. Hasta la fecha Tatunca
no se ha presentado con las pruebas prometidas. Sigo
esperando.”
Cuando Tatunca se
relacionó con Däniken, le contó detalles inéditos de las
ciudadelas y que diferían un tanto del relato confiado a
Brugger. Uno de esos ejemplos se presentó con Akahim.
El indígena
señaló que en esa fortaleza se “adoraba un objeto
misterioso que hace mucho tiempo atrás había sido entregado
a los sacerdotes por los Dioses venidos del cielo en una
nave brillante. Un objeto milenario que según las
tradiciones comenzaría a cantar en el momento que esos
Dioses retornaran a la Tierra. Y que recientemente había
comenzado a emitir extraños zumbidos semejantes al de las
abejas, causando un intenso fervor y reverencia entre su
pueblo”.
Esto motivó las
ansias del escritor por encontrar el objeto extraterrestre.
A pesar de sus
reservas iniciales, Däniken dio luz verde para que la
expedición se concretase. Nuevamente Tatunca y Schmidt
fueron convocados. El gobierno brasileño la autorizó, pero
con la condición que se contará con la participación de
Roldão Pires Brandão, un renombrado arqueólogo y
expedicionario. Faltando dos días para arribar a Akahim, se
produjo un confuso episodio que involucró a Pires Brandão,
(5) el cual resultó herido de bala en un brazo,
hecho calificado como “accidente”.
Durante la
travesía truncada, Pires Brandão observó extrañas
formaciones en la selva. A su regreso partió en un vuelo por
la zona, dándose cuenta que esos montículos no eran
normales, sino que se asemejaban a pirámides. (6)
Por esa época un grupo de exploradores ingleses intentaban
llegar a Akahim a través de Venezuela. Temiendo perder la
primicia, el arqueólogo informó de su descubrimiento a la
revista Veja, una de las más importantes de Brasil.
El 1 de Agosto de 1979, un reportaje de cinco páginas mostró
el increíble hallazgo. La noticia recorrió el mundo. Cuatro
años antes, en 1975, el satélite Landsat de la Nasa
había captado diez formaciones piramidales en el sudeste del
Perú, en la zona de Alta Madre de Dios.

Pirámide
de Akahim. Revista Veja 01-08-79
“Dichas
pirámides y la ciudad de Akahim se situaban en la cordillera
de Parima, en el sistema montañoso del Gurupira, en las
fuentes donde nace el río Padauiri (que es afluente del Río
Negro). Su localización está cercana a la frontera con
Venezuela y el territorio es considerado por el gobierno
brasileño de “seguridad nacional”. Las pirámides son de base
cuadrangular y la más elevada debe tener entre 100 y 150
metros de altura. Las otras son de menores dimensiones. El
arqueólogo Roldao Pires Brandao observó que “las pirámides
por su forma son idénticas a las descubiertas en México”.
Las fotos publicadas por la revista Veja muestran otras
construcciones cubiertas por vegetación baja.” // “La
expedición brasileña pudo fotografiar las pirámides desde
unos cuatro kilómetros de distancia pero, les fue imposible
aproximarse a ellas ni a las ruinas de la ciudad abandonada
de Akahim ya que no podían abrirse camino a través de la
tupida jungla por falta de braceros.
“La expedición
brasileña asegura haber tenido como guía al indio Tatunca
Nara que, no solo les llevó hasta el lugar donde se ubicaban
las pirámides sino que prosiguieron hasta el noroeste,
siguiendo las crestas de la Sierra de Curupira, hasta llegar
a las inmediaciones de las ruinas de una ciudad perdida y
abandonada medio escondida entre la espesura de la selva. En
ella pudieron observar incontables bocas de cavernas por
entre las rocas del lugar adyacente.
Al parecer,
según testimonios posteriores, la ciudad ya había sido vista
por pilotos civiles y militares de las Fuerzas Aéreas
Brasileñas que sobrevolaron la región. Un etnólogo que les
acompañó, Ryoku Yuhan, llegó a la conclusión, después de
haber examinado “desde lejos” la ciudad, de que las ruinas
tenían gran semejanza con construcciones de estilo incaico y
deben tener una antigüedad de “cientos de siglos” (?).
Incluso apuntó la posibilidad de que tales ruinas
correspondiesen a las de El dorado, tan buscadas por los
españoles. Esta ciudad fue localizada a unos 180 kms del
lugar donde se ubicaban las pirámides.”
El descubrimiento
de las pirámides del Amazonas, le brindó a la historia de
Akakor una publicidad extra. Trunca Nara, aumentó su
credibilidad entre los investigadores, que intuyeron tras su
relato una fuente de verdad.
“Además de
estas poderosas ciudades, los Padres Antiguos erigieron tres
recintos religiosos sagrados: Salazere, en las zonas altas
del Gran Río; Tiahuanaco, sobre el Gran Lago: y Manoa, en la
llanura elevada del Sur. Eran las residencias terrestres de
los Maestros Antiguos y un lugar prohibido para los Ugha
Mongulala. En el centro se levantaba una gigantesca
pirámide, y una espaciosa escalera conducía hasta la
plataforma en la que los Dioses celebraban ceremonias
desconocidas por nosotros. El edificio principal estaba
rodeado de pirámides más pequeñas e interconectadas por
columnas, y más allá, sobre unas colinas creadas
artificialmente, se situaban otros edificios decorados con
láminas que resplandecían.
Cuentan los
sacerdotes que con la luz del Sol naciente las ciudades de
los Dioses parecían estar en llamas. Éstas radiaban una
misteriosa luz, que se reflejaba en las montañas
nevadas.”//" También los recintos religiosos son un misterio
para mi pueblo. Sus construcciones son testimonio de un
conocimiento superior, incomprensible para los humanos. Para
los Dioses, las pirámides no sólo eran lugares de residencia
sino también símbolos de la vida y de la muerte. Eran un
signo del sol, de la luz, de la vida. Los Maestros Antiguos
nos enseñaron que hay un lugar entre la vida y la muerte,
entre la vida y la nada, que está sujeto a un tiempo
diferente. Para ellos, las pirámides suponían una conexión
con la segunda vida”.
Con la noticia en
primera plana, Däniken optó por una nueva expedición, la
cual tampoco prosperó. Solo alcanzó para un relato oral de
Ferdinand Schmidt. (7)

Pirámide
oculta en la maleza de la selva Amazonia.
“Llegados al
punto más abajo de la catarata mayor, en el que estaba
enclavado nuestro antiguo campamento, nos plantamos en
veinte minutos de marcha a través de la selva ante la pared
rocosa que había que escalar. Alcanzamos el punto más alto,
que estaba poblado de muchas variedades de cactus, y que
ofrecía una grandiosa panorámica hacía el oeste. Desde aquí
pude fotografiar las tres pirámides y la inmediata cadena
montañosa con las antiguas ruinas de Akahim. A partir de
ahora nos encaminamos juntos en dirección hacia la catarata,
a través de la selva, y a poca distancia de la orilla. De
repente había ante nosotros, apoyado en un árbol, un indio.
Entre él y
nosotros mediaba una hondonada pequeña. Tatunka se detuvo y
exclamó “Ramos”.El indio se encaminó hacía Tatunka y ambos
se abrazaron. Ramos tenía cabellos negros que le caían sobre
los hombros, lucía una cinta trenzada en la frente, era de
piel bastante oscura, pero tenía ojos claros, verdes. De la
oreja derecha le pendía una cadenita en forma de gota, con
alguna figura y un reborde exterior decorado.”
Ramos era el jefe
de la tropa de los Mongulala y estaba allí con sus
guerreros, quienes esperaban más arriba. Ramos advirtió a
Tatunka que los sacerdotes de su tribu habían decidido su
casamiento con la princesa que le había sido asignada hace
ya muchos años. Después Ramos le preguntó por el escritor (Däniken),
ya que los Mongulala esperaban encontrarse con él, en lugar
de con Ferdinand Schmidt. Como Tatunka debía volver para
casarse con la princesa, Schmidt tuvo que elegir entre
proseguir él solo con Ramos y sus guerreros o echar para
atrás y regresar: El suizo sabía que apenas quedaban unos
kilómetros para alcanzar Akahim, la ciudad donde se
ocultaban las reliquias tecnológicas de los dioses. Schmidt
estaba en un dilema. Ramos y sus guerreros no le daban
garantías por su vida tanto en su viaje a Akahim como en el
retorno a Manaos. Pese ello, con cierta osadía, se empeñó en
ir a Akahim. Pensó que, después de tan largo y penoso camino
por una jungla donde llovía copiosamente la mayor parte del
tiempo, estando a un par de pasos del objetivo tanto tiempo
esperado no podía desaprovechar aquella oportunidad que, tal
vez, fuese la última.
Pero Tatunka le
dijo que tenía miedo de volver solo a la civilización.
Argumentó que, si regresaba sin Schmidt, los blancos -y en
especial el propio Däniken-, querrían saber de su paradero y
Tatunka se preguntaba si creerían la palabra de un indio.
Schmidt pensó que si le daba una carta para Erich von
Däniken el problema quedaba resuelto. Pero el indio no lo
veía claro. Si les daba la carta a los blancos estos podrían
pensar que él la escribió presionado por amenazas. De esta
forma, Schmidt no tuvo más remedio que volver con Tatunka a
Manaos.
Resignado, el
suizo captó la señal de alerta, marchándose de regreso a su
país.
Otros
investigadores desoyeron “las señales”, y continuaron
buscando las ciudades subterráneas... La mayoría desapareció
en la selva amazónica.
Lista
macabra
1977: Un joven
norteamericano obsesionado con Akakor arriba al Cuzco, para
tratar de organizar una expedición que lo conduzca hacia las
zonas desconocidas de del sureste del Perú. Contrató a una
guía para que lo acompañara hasta las fuentes del Río Yaco,
donde esperaba entrevistarse con un “indígena” que lo
llevaría a la ciudad oculta. Nunca más se lo vio con vida.
1980: John Reeds,
otro norteamericano desaparecido. Una carta fue encontrada
dentro de sus pertenencias donde declara estar a dos días de
Akahim. En la misma hay elogios hacia Tatunca Nara. Sin
embargo contra los deseos de éste se internó solo en la
selva.
1983: Herbert
Wanner. Ciudadano suizo. Desaparecido y encontrado muerto.
Tuvo contacto con Tatunca Nara. Interrogado negó cualquier
implicancia.
1986: Christine
Heuser. Investigadora alemana de la AAS. (8) Pasó
cuatro semanas con Tatunca Nara. Se cree que tuvo un romance
con el líder de los Ugha Mongulala. Hasta hoy figura como
desaparecida.
En la distancia,
Karl Brugger observaba los acontecimientos que se sucedían y
planificaba su regreso en silencio, el cual se concretó en
1981. Acompañado de Tatunca Nara, intentó convencer a un
cineasta, Orlando Senna para que produjera un video
documental sobre Akakor.
Senna se negó a
participar, argumentando: “que no estaban dadas las
condiciones de seguridad para una incursión a zonas tan
inhóspitas”.
Cuando en 1984
sobreviene la muerte del periodista, un nuevo capítulo
comienza a escribirse en la intrincada y enigmática historia
de Akakor.
Hasta ese
entonces no existían objeciones demasiado graves en contra
de la figura de Tatunca Nara, pero todo eso cambió cuando
desde Alemania se difundió que el indígena en realidad era
un ciudadano de ese país con un pasado como convicto.
Günter Hauck, tal
su verdadero nombre, figuraba en los archivos policiales
alemanes como desaparecido desde el 15 de Febrero de 1968,
fecha, en la cual abordó un barco para dirigirse a Río de
Janeiro. A partir de allí, su rastro se perdía.
El expediente
también mencionaba, que durante su estadía en prisión fue
conocido con el apodo de Tatunca Nara.
Solo el dato de
la fecha, bastaba para demoler una de las primeras
incongruencias detectadas del relato que Tatunca contara a
Karl Brugger. Era imposible que su proclama de príncipe de
Akakor fuera viable en 1968, teniendo en cuenta que su
ingreso a Sudamérica se produjo en esa misma época.
En medio de la
polémica, otro tema salió a luz. Se denunció que en los días
posteriores a la muerte de Brugger, el consulado alemán
entró a su departamento y se llevó toda la documentación
privada del periodista.
¿Qué estaba
pasando?
Surgieron
versiones acerca de un nuevo libro que Brugger pensaba
publicar a la brevedad. Según sus allegados, el periodista
confió que estaba trabajando en una hipótesis más
controversial acerca del tema de las ciudades subterráneas,
y que de conocerse causaría sensación. También habló sobre
incursionar en el tema nazi y sus exploraciones en la jungla
sudamericana, pues dijo contar con documentos inéditos que
avalarían su investigación. (9)
De estas
afirmaciones se desprende que Brugger nunca perdió las
esperanzas de encontrar las ciudades perdidas. Podemos
suponer que era consciente de la verdadera identidad de
Tatunca Nara, pero aún así el indígena continuó jugando un
papel fundamental en el trazado de su historia. Tal vez
Brugger no creyó necesario hacer público un detalle que
ponía en riesgo la credibilidad de su libro, y, por otra
parte, hasta sus últimos días tuvo la certeza de que Tatunca
no mentía.
Pero si no
mentía, no se explica el fracaso de todas las expediciones
emprendidas, incluyendo la del propio Brugger. Ahora bien,
en el tren de conjeturas, ¿qué es lo que se esconde tras
Akakor? Y, ¿por qué ese repentino interés en el factor nazi?
Veamos:
Durante la
redacción de Crónicas de Akakor, Tatunca Nara contó a
Brugger una intrigante historia. Refirió que en 1936
Sinakaia, príncipe de su pueblo por esos años, tomó parte en
el asalto de Santa María, poblado brasileño situado en las
zonas altas del Río Negro. Los Ugha Mongulala asesinaron a
gran parte de los ocupantes, exceptuando a cuatro mujeres
que fueron hechas prisioneras. Sólo sobrevivió una monja de
nacionalidad alemana, Reinha, que más tarde renunció a sus
hábitos y se casó con Sinkaia. De esta unión habría nacido
Tatunca Nara.
Cuatro años
después, en 1941, la nueva princesa partió como embajadora
en un viaje secreto hacia Alemania. Un año después, Reinha
regresó con algunos dirigentes alemanes. Se estableció una
alianza entre los dos pueblos. El acuerdo contemplaba que
Akakor recibiría dos mil soldados alemanes para enseñar a
los Ugha Mongulala el manejo de armas poderosas, y que, a
cambio, estos últimos se comprometían a construir grandes
fortificaciones y a ganar nueva tierra cultivable. Pero la
parte más importante del acuerdo estableció que los alemanes
desembarcarían en la costa brasileña y ocuparían las
ciudades más importantes. Los guerreros de los Ugha
Mongulala apoyarían la campaña mediante rápidas incursiones
sobre los poblados de los Blancos Bárbaros situados en el
interior del país.
Tras la esperada
victoria, Brasil sería dividido en dos territorios: los
soldados alemanes reclamarían las provincias de la costa;
los Ugha Mongulala serían satisfechos con la región sobre el
Gran Río que les había dado por los Dioses 12.000 años
antes.
Según Tatunca los
soldados alemanes tenían una ruta de viaje que les permitía
ingresar al Continente Sudamericano sin problemas.
“El punto de
partida lo constituía una ciudad alemana llamada Marsella.
Se les decía que su destino era Inglaterra. Una vez a bordo
de la nave, que podía moverse bajo el agua como un pez, les
era revelado su auténtico destino. Después de viajar durante
tres semanas por el océano oriental, llegaban a la
desembocadura del Gran Río. Aquí les recogía un barco más
pequeño, que los transportaba hasta las zonas altas del Río
Negro. En la última parte de su viaje eran acompañados por
exploradores de Ugha Mongulala. El trayecto hasta la gran
Catarata situada en la frontera entre Brasil y Perú lo
realizaban en canoas, y desde aquí solamente eran necesarios
veinte horas de camino hasta llegar a Akakor. En conjunto el
viaje de los soldados alemanes duraba unas cinco lunas.”
Para 1945 dos mil
soldados alemanes se encontraban viviendo en Akakor. La
finalización de la Segunda Guerra interrumpió el plan
original. Ante la imposibilidad de volver a Alemania, los
soldados optaron por establecerse con los Ugha Mongulala.
En este punto de
su libro, Brugger, prestó mucha atención y decidió buscar
registros históricos que dieran asidero a la versión
brindada por Tatunca.
Escribió:
“Las
operaciones en América del Sur de las asociaciones secretas
alemanas no fueron menos numerosas y bien fundadas. Ya en
1938, un submarino alemán reconoció la zona inferior del
Amazonas. Su tripulación hizo una investigación geográfica y
estableció contactos con la colonia alemana en Manaus.
Realizó asimismo el primer film histórico sobre la Amazonia,
que todavía se conserva en los archivos de Berlín Oriental.
El material fotográfico hecho público demuestra que el
interés de los investigadores fue mucho más allá de la mera
recogida de datos personales. Otra operación, que se halla
documentada en los archivos de la fuerza aérea brasileña,
fue el viaje del barco de la S.S. Carolina en junio de 1943
desde Maceió hasta Belem. Sólo puede imaginarse cuáles eran
las órdenes del audaz carguero alemán. La fuerza área
brasileña pensó que transportaba un cargamento de armas para
agente secretos alemanes y atacó el barco sin éxito. Más
esta explicación, vista retrospectivamente, parece poco
probable. Nunca hubo colonia alemana alguna en el área de
Maceió ni tampoco instalaciones de las fuerzas brasileñas.
Hay numerosas referencias sobre operaciones secretas del
Tercer Reich en Brasil. Testigos oculares afirman haber
observado el desembarco de submarinos alemanes en la costa
de Río de Janeiro. Un periodista de la revista brasileña
Realidad e incluso descubrió en el Mato Grosso una colonia
alemana, compuesta al parecer exclusivamente de antiguos
miembros de las S.S.
“Según la
Crónica de Akakor, 2.000 soldados alemanes llegaron a la
capital de los ugha mongulala entre 1940 y 1945. El punto de
partida de esta operación secreta lo constituyó Marsella.
Entre sus miembros se encontraban A. Jung de Rastatt, H.
Haag de Mannheim, A. Schwager de Stuttgart, y K. Liebermann
de Roth. Mujeres y niños acompañaron al último grupo. El
contacto había sido facilitado por una hermana misionera
alemana de la estación de Santa Bárbara. Una investigación
de los datos contenidos en la Crónica de Akakor suministró
la evidencia de que los cuatro soldados mencionados fueron
dados por muertos en 1945. Según información recibida de la
diócesis amazónica, la estación misionera de Santa Bárbara
fue atacada y destruida por tribus salvajes indias en el año
1 936. Entre los numerosos muertos se encontraban varias
monjas alemanas.
“Teniendo en
cuenta los preparativos técnicos que el desembarco de 2.000
soldados alemanes habría requerido, los datos son
insuficientes. Pero las operaciones de los comandos secretos
alemanes durante la Segunda Guerra Mundial podrían ser
comprobadas en los casos en los que hubieran sido
organizadas por la Abwehr. Los documentos sobre las
actividades de la división extranjera del Partido Nacional
Socialista o de asociaciones secretas del tipo de la
Ahnenerbe o bien nunca fueron registrados o bien fueron
quemados. Técnicamente, el desembarco de 2.000 soldados
alemanes podría haber sido posible. La predilección de
Hitler por las ciencias ocultas debió haberle urgido a
establecer contactos con un «Pueblo Escogido».* El biógrafo
de Hitler, Rauschning, caracteriza al «Führer del Gran
Imperio Alemán» de la siguiente manera: «Los planes y las
acciones políticas de Hitler únicamente pueden comprenderse
si uno conoce sus más profundos pensamientos y ha
experimentado su convicción de la relación mágica entre el
hombre y el Universo».”
Coincidimos con
Brugger, que tanto la Abwehr, como la Ahnenerbe, contaban
con los medios necesarios para implicarse en una operación
de esta envergadura.
La Abwehr, fue el
servicio de inteligencia alemán que comenzó a funcionar en
1866. Durante la Segunda Guerra Mundial fue dirigido por el
Contralmirante Wilhelm Canaris (1887-1945?). (10)
Además de estar encargado de la inteligencia, la Abwer,
desarrolló tareas de espionaje, contrainteligencia,
seguridad, actividades de sabotaje y subversión. En
Sudamérica se concentraron en tareas de inteligencia naval y
marítima. Muchos países del continente que simpatizaban con
los alemanes, prestaron una valiosa colaboración a la causa
nazi.
Algunos biógrafos
sostienen que Canaris fue “el artífice de un plan
denominado Z-Plan, un plan, para continuar la guerra, en
caso de que Alemania perdiera militarmente. También creó una
organización denominada “Die Kette” (11) , para
continuar la guerra desde fuera de Alemania si el territorio
era invadido y cuyo símbolo era un águila alemana sobre un
Sol negro. Tanto el Z-Plan como la organización Die Kette no
fueron concebidos con fines a corto o mediano plazo, sino
para perdurar por varias generaciones”.
Una hipótesis no
confirmada sugiere que Canaris, quien era amigo del general
Franco, “obtuvo la península de Jandia (Fuenteventura) en
las Islas Canarias por su contribución en la guerra civil,
supuestamente era una base secreta de submarinos que sería
descubierta después de la guerra, donde los alemanes la
utilizarían como vía de escape, aprovisionamiento y escala
rumbo a otras bases secretas en América del Sur y la
Antártica. Esta residencia llamada Villa Winter sería del
General Gustav del servicio de inteligencia alemán al que
los nativos de la isla llamarían “Don Gustavo”. Esta base
estaría construida bajo alto secreto sobre cuevas y caverna
naturales que comunicarían a su vez con la residencia
camuflada que serviría de bunker y punto de observación de
la costa.”
Resulta sugestiva
la mención de bases sudamericanas. ¿Pudo haberse establecido
alguna en territorio brasileño? No, si pensamos que este
país le declaró la guerra al Eje en 1942, factor que
complica cualquier acción de esa índole. Pero las
posibilidades están abiertas y no se pueden descartar.
Como segunda
opción tenemos a la Ahnenerbe.
La Sociedad de
estudios para la antigua historia del espíritu (Deutsche
Ahnenerbe), (12) mejor conocida como la Herencia
de los Ancestros, fue creada el 1 de Julio de 1935. En sus
comienzos funcionó como un Instituto de Investigaciones
avanzadas de las SS para luego independizarse. Sus mentores
fueron Henrich Himmler, (13) Herman Wirth (14) y
Walter Darre (15)
“Tuvo como
objetivo impulsar una sociedad que estudiara el origen del
germanismo y diera sólidas bases científicas a la doctrina
oficial del partido nazi. Otras inquietudes propulsaban
investigar el alcance territorial y el espíritu de la raza
germánica, rescatar y restituir las tradiciones alemanas,
difundir la cultura tradicional entre la población germana.
Llegó a contar con 43 departamentos dedicados a las danzas
populares y canciones tradicionales, estilos regionales,
folklore, leyendas, geografía sagrada, etc. El símbolo de la
Ahnenerbe era la runa de la vida.”
“Uno de los
departamentos de investigación más insólitos, era el que se
dedicaba a las actividades esotéricas. Los intereses
versaban sobre: búsqueda del Santo Grial, excavaciones de
vestigios atlantes, exploración al Tibet, prácticas de yoga,
estudios de antiguos cultos paganos, viajes al interior de
la Tierra para comprobar si es hueca, etc”.
Al mando de esta
sección se encontraba Friederich Hielscher, (16)
un hombre enigmático y del cual hay pocos datos.
Hielscher
propulsó la famosa expedición al Tíbet (1938/1939). La
misión fue comandada por el antropólogo Erns Schaefer,
acompañado por cinco sabios alemanes y veinte miembros del
la SS.
“Bajo el lema
del “Encuentro de la svástica occidental con oriental”,
lograron establecerse contactos políticos de alto nivel con
el gobierno tibetano que se manifestaron, entre otros, en la
declaración oficial de amistad de Qutuqtu de Rva-sgren, el
regente tibetano, puso por escrito a la atención del notable
señor Hitler, rey de los alemanes, que ha conseguido hacerse
con el poder sobre el ancho mundo”.
Se realizaron
estudios raciales y se filmó un documental. Entre los
documentos que los expedicionarios llevaron a Berlín se
cuenta el Kangschur, “un conjunto de sagradas escrituras
tibetanas en 108 volúmenes”, además del ritual de iniciación
guerrera Tantra Kalachakra... (17)
Pero la misión al
Tíbet tuvo un objetivo menos publicitado, que fue el de
establecer contacto con los habitantes de un reino
subterráneo que llamaban Agartha. (18) Pensaban
que después del diluvio que sumergió a la Atlántida, algunos
de los sobrevivientes buscaron refugio en las cumbres de las
montañas más altas. Otros habrían optado por instalarse en
las entrañas de la Tierra.
Casi todos los
científicos de la Ahnenerbe, estaban convencidos de la
existencia del Agartha. Su creencia era tan fuerte que
después de la expedición del Tíbet “se organizaron nuevos
viajes para intentar encontrar la entrada al mundo interior
en diversos puntos de Asia y América del Sur”.
En los Andes,
además de la búsqueda de estas entradas, se realizaron
importantes estudios arqueológicos. Uno de los mayores fue
el realizado en el altiplano boliviano, cuna de la famosa
Tihuanaco. (19) El arquitecto Edmund Kiss,
miembro destacado de la Ahnenerbe, escribió un libro sobre
sus observaciones en el área que tituló “La puerta solar
de Tihuanaco y la cosmogonía glaciar de Horbiger”
(20) (1937). Kiss vio en Tihuanaco los restos de una
colonia atlante y pensaba que sus orígenes se remontaban a
la era terciaria, habitado por gigantes de raza nórdica
aria.
Junto con la
Ahnenerbe coexistieron otras organizaciones que también
tuvieron una vinculación esotérica. Una de ellas fue la
Thule], (21) de donde surgirían dos importantes
desprendimientos: Sol Negro y la Logia Luminosa o Sociedad
Vril.
Sol Negro: Fue un
cuerpo especial nombrado SS “Schwarze Sonne”, que significa
el sol interior de la tierra (el núcleo).
“Las teorías
geológicas y astronómicas que manejaban los científicos
nazis aseguraban que la Tierra como el resto de los cuerpos
cósmicos, es en realidad un planeta hueco y no macizo a cuyo
interior se podría acceder en las condiciones adecuadas. En
lugar de un núcleo central se creía que existía un sol
interior, o negro, en contraposición con el Sol exterior,
que iluminaba y permitía la vida y el crecimiento de
plantas, animales y también hombres más desarrollados que
los caminaba sobre las superficies del planeta.”.
Sol Negro tuvo
dos objetivos: buscar las entradas al mundo subterráneo y
poner en marcha proyectos secretos en cuanto a tecnología de
avanzada.
La Logia Luminosa
o Sociedad Vril. Fue fundada por el profesor de geopolítica
y esoterista berlinés Karl Haushoffer. Se dice que la fuente
de inspiración para su creación, se basó en el libro La
Raza Futura, del escritor inglés Bulwer Lytton, donde se
describía a una sociedad subterránea que utilizaban una
misteriosa energía, el Vril.. (22)
Entre los
objetivos de la logia estaba el de:
“Investigar
más los orígenes de la raza aria y saber como esas
capacidades mágicas que duermen en la sangre pueden ser
reactivados para convertirlas en vehículos sobrehumanos”//
“Los documentos nazis capturados tras la caída del Tercer
Reich indican que Hitler y sus partidarios lanzaron varias
expediciones en búsqueda de una entrada al mundo interior.
Geógrafos y científicos alemanes recibieron la orden de
encontrar un túnel que condujera a los Vril-ya (como se
denominó entonces a ese pueblo oculto). Se revisaron los
planos de minas alemanas, suizas e italianas para ubicar
posibles pozos, e incluso Hitler ordenó a un coronel de
inclinaciones intelectuales que investigara la vida de Lord
Bulwer Lytton, con la esperanza de conocer dónde y cuándo el
autor había visitado el mundo de los Vril-ya.”
Los nazis creían
que a través de la energía Vril se podrían “acceder a
profundos conocimientos en el campo de la tecnología
atómica, muchos de los cuales aún no han sido descubiertos,
y cuyo manejo erróneo habría provocado la abrupta
desaparición de civilizaciones antiguas de las que apenas
hay algún registro, como es el caso de antiguos textos
hindúes donde aluden a Vimanas volantes y armas con rayos
¿atómicas?”.
Según algunos
estudiosos del ocultismo “el Vril sería una fuerza
cósmica originaria, que subyace en cada hombre. Para los
hindúes el Vril es la serpiente Kundalini que duerme
atrofiada en nuestra columna vertebral a la espera de ser
activada".
Unos de los
proyectos más ambiciosos que llevaron a cabo Sol Negro y
Sociedad Vril, consistió en desarrollar naves aéreas de
formas discoidales, similares a los actuales Ovnis. Aunque
estos “proyectos” son muy resistido por los estudiosos y
considerados como poco viables, es bien sabido que los
aliados encontraron en algunas instalaciones subterráneas
algunos de estos prototipos. ¿Pero de dónde sacaron los
nazis ideas tan de avanzadas en materia aeronáutica? ¿En que
modelos se inspiraron?
Veamos:
Cuenta la leyenda
que “a finales de 1919 un selecto grupo compuesto por
miembros de la sociedad -Thule y Vril-, celebraron una
reunión en una antigua masía. Llevó la voz cantante el Dr.
Shuman, su especialidad eran las energías alternativas.
Presidió la reunión la médium María Ostiz, también estaba
presente otra médium, la joven Sira de 18 años. María Ostíz
mostró unos textos que según ella había recibido de unos
espíritus de Aldebarán. (23) Uno estaba
escrito en idioma sumerio (antiguo egipcio) y el otro estaba
cifrado en el código secreto de la Orden Templaria. Ambos
textos fueron traducidos, eran planes para el desarrollo de
una tecnología de avanzada que permitiría el poder llegar a
las estrellas”.
Como resultado de
este contacto se diseñaron los primeros “discos volantes”.
De ello se ocupó
el “grupo Schumann en íntima relación el con departamento de
E-4, de la SS, especializado en “armas milagrosas”.
Para fines de
1934 los nazis consiguieron su “primera nave circular
experimental propulsada por energía antigravitatoria. La
RFZ-1”. Se calcula que se diseñaron una veintena de esos
aparatos.
¿Energía
antigravitatoria? ¿Ciencia ficción?
Una fuente rusa
cuenta con otra información sobre el mismo tema.
“Un UFO chocó
cerca de la ciudad de Freiburg en 1936. El UFO fue
recuperado y los científicos alemanes con la ayuda de la
Schutzstaffel (SS) lograron repararlo e incluso modificar el
sistema de energía y de propulsión. Sin embargo, los
esfuerzos se vieron obstaculizados y se convirtió en una
especie de tecnología “Alien” fallida.”.
Sea cual sea la
verdad sobre estas investigaciones, es innegable que la
Ahnenerbe, así como sus organizaciones hermanas, Thule-SS,
Sol Negro y Sociedad Vril, comulgaban con ideas extrañas y
adherían a estudios enigmáticos, tanto en el campo de lo
paranormal como el de la arqueología mística. El esoterismo
y simbolismo que rodearon cada una de sus actividades es una
prueba de esta afiliación. Por lo tanto, pudieron ser muy
capaces de trasladar y ocultar algunos de estos “proyectos”
que desafiaban la más pura lógica a lugares remotos e
inaccesibles, para poder continuar con estos experimentos.
Hay que entender que toda la documentación de estas
“organizaciones” fue mandada a destruir (24) y es
muy poco el conocimiento que se tiene de su real
funcionamiento. ¿Fue la selva amazónica uno de los sitios
elegidos? ¿Encontró Karl Brugger un verdadero asentamiento
de estos grupos esotéricos? Es una certeza probable y una
elección válida dentro de la compleja arquitectura nazi.
Pero tenemos más
pistas. Examinemos otras hipótesis. Trasladémonos a la selva
de Venezuela, en los límites del sertao brasileño. ¿Alguna
relación con Akahim?
Volvamos a releer
algunos de los conceptos publicados por la revista Veja:
“Dichas
pirámides y la ciudad de Akahim se situaban en la cordillera
de Parima, en el sistema montañoso del Gurupira, en las
fuentes donde nace el río Padauiri (que es afluente del Río
Negro). Su localización está cercana a la frontera con
Venezuela y el territorio es considerado por el gobierno
brasileño de “seguridad nacional”.//” En ella pudieron
observar incontables bocas de cavernas por entre las rocas
del lugar adyacente. Al parecer, según testimonios
posteriores, la ciudad ya había sido vista por pilotos
civiles y militares de las Fuerzas Aéreas Brasileñas que
sobrevolaron la región.”
Ahora centrémonos
en dos historias que recogió el investigador francés Robert
Charroux en su libro “El Enigma de los Andes” y
saquemos conclusiones.
La
Agartha de Venezuela
“Se trata de
una extraña historia, que uno sentiría la tentación de
clasificar en dossier de los reinos imaginarios –El Dorado,
Paititi, túnel de Moricz-, si dos auténticos arqueólogos,
David Nott de Liverpool, y Charles Brewer Carias de Caracas,
secundados por diez sabios de diferentes nacionalidades y
los servicios de la aeronáutica venezolana, no se tomaran el
asunto muy en serio. Los cráteres están situados no lejos de
las fuentes de los ríos Caura y Ventuari, es decir, cerca
del Cerro Pava (1.641 m), y del pico Masiati (1.495 m), en
la entrada de Sierra Paracaima, que constituye un punto
avanzado del sertao brasileño. Los volcanes están
extinguidos desde hace miles sino de millones de años, de
forma que los geólogos, arqueólogos y botánicos esperan
encontrar allí una fauna y una flora desaparecidas desde
hace mucho tiempo de la superficie del Globo. En enero de
1974, un primer equipo de tres miembros descendió a uno de
los cráteres, de trescientos metros de profundidad, y un
diámetro de cuatrocientos metros aproximadamente. Recogieron
abundante material en plantas y animales vivientes de
especies desconocidas, o extintas desde la Era Secundaria.
Un subterráneo de 1.500 metros de longitud une los dos
cráteres, y, según rumores, a decir verdad no controlados,
estaría aún actualmente en uso, pues se habrían encontrados
en él huellas de tránsitos recientes. Esto por lo que se
refiere a la parte comprobada del descubrimiento cuyos
resultados más importantes los medios científicos de
Venezuela mantienen secuestrados, por misteriosas razones.
Esta reticencia dio lugar a investigaciones privadas cerca
de autóctonos de las montañas circundantes cuyos nombres
indígenas son Jaua-Kidi y Sari Inama-Jidi. Se conoció
entonces las fantásticas leyendas que se refieren al
misterio de los dos cráteres.
“La región de
Jaua-Jidi es un bosque de gran densidad, casi impenetrable y
apenas habitado. Resultó muy difícil para los investigadores
venezolanos entrar en relación con los hombres de esa zona
que viven en estado salvaje, y que es en realidad la
prolongación de la selva brasileña. Huyen de los blancos,
hablan una lengua desconocida y no entienden el español. No
obstante, mestizos de la ciudad de Esmeralda, en el Orinoco,
pudieron acercárseles, y de ellos proceden las informaciones
que fueron divulgadas por toda Venezuela. “Varias veces,
hombres extraños y extrañamente vestidos han sido vistos en
los bosques de Jaua-Jidi. No parecen querer acercarse a los
indios, y se aventuran sólo a poca distancia de los
cráteres. Su piel es de color marfil amarillento: tienen
grandes ojos, como los de los jaguares, largos cabellos de
diferentes colores. Parecen temerosos y huyen en cuanto oyen
un ruido insólito. Se cree que viven en una región que se
extiende en el fondo de los cráteres y en inmensas salas
subterráneas. Hay entradas secretas y desconocidas que dan
al bosque”. // “Dos o tres noches antes que David Nott,
Brewer Carias, G. Dunsterville y sus compañeros llegases a
los lugares se observó, una intensa actividad de las “cosas
voladoras”.”//”Los indios tuvieron la sensación de que los
hombres extraños eran reforzados por una tropa importante, o
bien, por el contrario, que desalojaban el lugar ante de la
llegada de los arqueólogos. Sea lo que fuere, dejaron pocas
huellas de su paso por las galerías, aunque, las suficientes
como para que se esté seguro de que su existencia no es un
mito. Los indios creen que el reino de los Dos Cráteres se
extiende bajo la montaña, que sus salidas están
herméticamente cerradas.”
La
central científica de Narciso Genovese
“Mario Rojas
Avendaro (25) escribió su relato “a partir
de las declaraciones que le habría hecho un ex discípulo de
Guglielmo Marconi: el físico, filólogo y humanista Narciso
Genovese, profesor de un instituto de la baja California.
Según N. Genovese, los discípulos de Marconi, a la muerte de
su maestro en 1938, decidieron continuar sus estudios y sus
experimentos sobre la utilización de la energía solar o
cósmica, pero tomando todas las precauciones necesarias para
que estas no pudieran servir a la guerra o a fines
criminales. Noventa y ocho sabios y técnicos de diferentes
naciones habrían formado una sociedad análoga al Comité
Pugwash y se habrían retirado a una región desierta de la
Cordillera de los Andes (o de la selva), donde viven
aislados e ignorados. Su trabajo consiste en domesticar las
fuerzas eléctricas del espacio pacífico y universal”.
Ampliemos este
último pasaje.
Las confidencias
que Narciso Genovese realizara a la prensa, se plasmaron más
tarde en un libro que se tituló “Yo he viajado a Marte”
(1958), controvertido y polémico, por las afirmaciones que
allí se recogían.
“Un grupo de
personas, profundamente adentradas en los secretos de las
ciencias físicas, reunidas en un lugar secreto de la selva
sudamericana, forman una comunidad de las ciencias físicas,
dedicada únicamente a la investigación científica. Libres de
todo compromiso con gobiernos o potencias, disponen sin
embargo de un respaldo económico (26)
ilimitado que ha permitido un avance sin obstáculos con el
logro de resultados asombrosos y prácticos que se
participarán a la Humanidad poco a poco en la medida que
esto convenga”
“Noventa y
ocho hombres, provenientes de seis naciones europeas, son
las que forman esta institución de sabios que se dedican
cuanto pueden y saben en provecho de la Humanidad, con la
juramentada decisión de encaminar sus descubrimientos
exclusivamente al bien.
“Tres
principios básicos dan unión a esta comunidad:
1- Una sola
religión: Dios, infinito y sapientísimo arquitecto del
Universo.
2- Una sola
patria: La Tierra
3- Un solo
fin: Hacer nuestros aliados a los habitantes de otros
planetas del Sistema Solar”
“El maestro,
el guía científico de este Movimiento Guillermo Marconi,
cuyas investigaciones, la mayor parte desconocidas, han
marcado el derrotero que hasta aquí hemos seguido. Marconi,
con sus descubrimientos, unió a todos los habitantes de la
Tierra y prefirió la muerte antes que divulgar asombrosos
hallazgos científicos que en esos momentos históricos
habrían sido instrumentos de destrucción. Pero Marconi tuvo
amigos íntimos, copartí |