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En diciembre del 2001 fallecía luego de una penosa
enfermedad, Javier Cabrera Darquea. Médico de profesión, y
peruano por nacionalidad, sus revolucionarias teorías acerca
de las Piedras de Ica, causaron sensación, y lo convirtieron
en una pequeña celebridad, aunque su trabajo provocó
controversias a nivel internacional.

Aunque durante toda su vida buscó reconocimiento por su
labor, Cabrera fue ignorado por la mayoría de los
académicos, y murió sin obtener la aceptación por sus
descubrimientos. Durante los cuarenta años al mando del
Museo de Ica, que fundara para resguardar los controvertidos
Gliptolitos, como gustaba llamarlos, intentó por todos los
medios despertar la simpatía por su causa. Para desgracia
del médico iqueño, la difusión del tema a nivel mundial
intensificó el rechazo y oposición por un asunto que, desde
sus inicios, se catalogó como “maldito”.
Cinco años antes de su muerte, la revista española “Año
Cero” publicó una extensa investigación sobre el tema,
titulado “Las Piedras de Ica, el fin de un mito”
firmado por Vicente Paris. El artículo resultó un golpe
devastador para la credibilidad del hallazgo, y sentó
precedentes. En resumidas cuentas se apuntaba a un fraude
orquestado por los residentes locales con la complicidad de
Cabrera, señalado como el verdadero mentor detrás de las
ideas impresas en las piedras.
Aunque el reportaje no mostraba fisuras ante las pruebas
presentadas, sí contaba con una particularidad. La mayoría
de las revelaciones provenían de Irma Gutiérrez Aparcana,
que en un principio había colaborado con Cabrera, aunque
luego sería retirada de escena, dejando lugar a Basilio
Uchuya como el único tallador oficial. ¿Motivo? Según
palabras de Irma: “cuando el Dr. vio que yo decía la
verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir
que yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó
trabajos a Basilio”. Textual, sic.
Pero las idas y vueltas de los ayudantes de Cabrera no son
historia nueva, las contradicciones entre los supuestos
implicados contabilizaban años de afirmaciones y posterior
retractación.
Recorramos la historia
A principio de la década del 70’, comienzan a filtrarse los
primeros informes en la prensa sobre las controvertidas
piedras. Por ese entonces aún no se discute la autenticidad
de los Gliptolitos.
Otro periódico, “El
Dominical” (28/08/71), publicaba, “El secreto de las
11.000 piedras. ¿Posibilidad de un cataclismo
arqueológico?”, aseverando:
“Es difícil admitir tales cosas que sobrepasan nuestra
imaginación. Pero esto es posible, puesto que aquí, delante
de nuestros ojos, están las piedras y porque se pueden
fabricar una, dos, tres, cuarenta, ¡pero no once mil!”.
“En Ica hay unas piedras raras que son un enigma”,
del diario “Última Hora” (02-09-71), se declara que
el descubrimiento de Ica, ha dado la vuelta al mundo, pero
que todavía no es conocido en el Perú” //
“señala la existencia de
grabados representando secuencias de intervenciones
quirúrgicas y de trasplantes de órganos, que el doctor
Cabrera tiene la intención de presentar con motivo de un
congreso internacional de medicina”.
Toda esta aparente calma se esfumó en cuanto se conoció
“El enigma de los Andes” (1974) del escritor francés
Robert Charroux.
El investigador galo dedicó gran parte del libro a las
Piedras de Ica, bautizadas desde entonces como la Biblioteca
de los Atlantes. En él se demostraba una defensa apasionada
del descubrimiento, que Charroux, consideró uno de los más
importantes del Siglo.
“El Doctor Cabrera Darquea es no sólo el más grande
descubridor del siglo, sino de todos los tiempos. Su museo
de piedras y sus tesis abrirán dentro de algunos años la era
del conocimiento verdadero que nos fue ocultado hasta ahora
por las conjuras de mentira. Estaría orgulloso de ser su
discípulo, si él lo quisiera, y desde aquí le dedico toda mi
admiración y afecto”.
Las repercusiones no se hicieron esperar
El 17 de Enero de 1975, la revista limeña Mundial,
da a publicidad una nota sensacionalista acerca del Museo de
Cabrera, donde en trece páginas se dedica a destrozar la
tesis del médico, y poner en tela de juicio la verosimilitud
de los Gliptolitos. Irónicamente, el informe no lleva firma,
y se sabrá después que el mismo es producto de un conjunto
de redactores del medio aludido.
El escándalo es mayúsculo, y se advierte detrás una campaña
muy bien orquestada, quizás la más virulenta en contra del
“ilustre de Ica”, que desde ese entonces verá su reputación
empañada.
Las figuras de Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Arcapana
toman vuelo propio, y es a partir de este suceso cuando sus
nombres se convierten en materia obligada cada vez que se
desea ridiculizar el tema de las piedras ante la opinión
pública.
Una rápida lectura del artículo revela unas cuantas
anomalías, que hacen levantar una cuota de sospecha.
La alerta se enciende con la
declaración de la mujer de Uchuya, quien cuenta a los
reporteros del
Mundial:
“Hace varios días mi esposo y la señora Aparcana fueron
llevados por unos señores del PIP (Policía de Investigación
del Perú) para que declaren si las piedras son falsas o
legítimas. Es decir, si las han grabado ellos o han
huaqueado. Y ya mi esposo dijo que todas las piedras que le
vendió al doctor Cabrera fueron grabadas por él. Que no las
ha desenterrado de ninguna parte. La señora Irma de Aparcana
también dijo lo mismo”.
Pregunta: ¿Por qué la intervención oficial? ¿Algo que ver
con la ley 6634 sobre Protección de Monumentos
Arqueológicos? Porque si el lector ignora, de aplicarse la
legislación existente en ese país, el delito por “tráfico”
se paga con multa o el encierro en la cárcel.
El asombro continúa cuando el numerito de Irma hace su
aparición, imagen calco que repetiría casi diez años más
tarde, pero esta vez para un público aún mayor, a través de
Año Cero.
“La piedra grabable se extrae de un promontorio de unos 50
metros de elevación, ubicados a unos dos kilómetros de su
casa. Al llegar al sitio vimos dos perforaciones. Cada una
tendría dos metros de diámetro y uno de profundidad, más o
menos. Después de picar media hora en el suelo con la
barretilla, Irma de Arpacana logró hacer un hoyo de un metro
de diámetro, aproximadamente y de unos cincuenta centímetros
de profundidad, hasta que al fin nos dijo: - Aquí hay una -.
Era una piedra de unos 500 gramos de peso, casi del tamaño
de una mandarina. ¿Sólo esta?, le preguntamos. - Ya les dije
que son muy escasas -, nos respondió, limpiándose el sudor
del rostro”.
Otro detalle perturbador es la declaración por escrito de
Basilio, una verdadera confesión de culpabilidad. Las faltas
de ortografía corren por cuenta del artesano.

“Yo Basilio Uchuya Mendoza reconosco que todas las
piedras del doctor javier Cabrera han sido trabajadas por mí
bajo el sistema quemado de piedra luego trasada con cierra
doble filo y luego bañadas con barro y después son limpiadas
con un pequeño trapo y después son embetunadas, este trabajo
lo bengo realizando desde ase 10 años y a la única persona
que le he bendido mi trabajo es al doctor Sotil”. O sea,
a Cabrera.
“Me vi obligado”,
diría por esos días el pobre Basilio, admitiendo que su
confesión fue alentada por el propio Cabrera “quien le
recomendó que mintiese afirmando que él mismo había hecho
los dibujos que figuraban representados en las piedras”.
Era eso o la cárcel.
Juanjo Benítez en Existió Otra Humanidad (1975),
recogería más evidencias que apuntaban en esa dirección.
“Irma, al igual que Uchuya y el resto de las familias que
habita Ocucaje, llevaba muchos años - posiblemente desde
1962 - viendo las piedras que salían del fondo del desierto.
Esto podía explicar perfectamente que los motivos elegidos
por ella para «grabar» la piedra depositada sobre la arena
de su corral fueran parecidos - o trataran de parecerse,
para hablar con propiedad - a los de las auténticas
«ideografías» de la colección de Javier Cabrera. En
realidad - y según me confesó minutos después Tito Aisa -
, el verdadero objetivo de la vieja Irma no era precisamente
vender la piedra, sino «protegerse» de aquellos que
realmente podían colocarla en apuros. Tito se refería, por
supuesto, a los policías o arqueólogos oficiales. Aquella
piedra a medio grabar era la mejor prueba de que ella
«trabajaba» los cantos rodados...”.
Si los artesanos mentían, Cabrera los justificó, después de
todo nadie podía culparlos por querer desviar la atención.
Sin embargo, cuando un año más tarde publicó El Mensaje
de las Piedras Grabadas de Ica (1976), el médico volvió
a la carga, insinuando ser objeto de una conspiración.
“Aquellos campesinos que abiertamente venden ejemplares de
Gliptolitos en el caserío de Ocucaje, no creo que sean los
que han hallado los depósitos que uso la Humanidad
Gliptolítica para guardar las piedras. Los que conocen los
depósitos extraen las piedras y las llevan al caserío con
dos finalidades inmediatas: mantener la imagen que son
producto de artesanía local y mantener en secreto el lugar
de los depósitos. Pero tampoco creo que estos campesinos
como los que venden las piedras sean los únicos interesados
en que se sigan vendiendo sin tropiezo alguno. Deben ser
instrumentos de una organización cuyos jefes han urdido todo
este embuste tan propio de una auténtica mafia, que
envenenada por el ansia de hacer dinero, no le importa que
su propósito sea alcanzado aún a costa, de atentar contra el
más importante patrimonio arqueológico, no solo del Perú
sino también de la Humanidad. Esto no es imaginación. Hay
indicios reveladores, e incuestionables. Los periodistas
autores de la revista Mundial no fueron directamente a
Ocucaje; antes se entrevistaron con alguien en la ciudad de
Ica, quién les dio los nombres de los supuestos artesanos de
las piedras, a quienes debían entrevistar, según se informa
en el artículo. ¿Quién es esa persona? El hecho de que la
revista exhiba fotos de una sola piedra falsificada
demuestra que no encontraron los miles de piedras cuya
paternidad atribuyen a los supuestos artesanos; si las
hubieran encontrado las habrían fotografiado.
“En el reportaje que publica el diario el Correo y que
recoge las opiniones de Adolfo Bermúdez Jenkins, Director
del Museo Regional de Ica, se exhiben fotos de una sola
piedra. Las fotos de las revistas y el reportaje son de la
misma piedra, y una de las fotos se utiliza en ambas
publicaciones. ¿Quién a proveído de la misma foto a dos
órganos periodísticos diferentes cuyos artículos tienen el
mismo propósito? ¿Por orden de quién? Y finalmente, son
reveladoras, las palabras vertidas por el Prefecto del
departamento de Ica ingeniero Enrique Egoaguirre, a los
periodistas de la revista Mundial. Luego de señalar respecto
de Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Aparcana, “nos hemos
limitado a tomar sus declaraciones y nada mas”: el prefecto
agregó: “Esto a pesar de que hay gente interesada en este
asunto. Gente que incluso me ha llamado desde Lima para
decirme porque no hacemos esto o aquello”. ¿A quiénes se
refería el Prefecto?. Responder a estas interrogantes puede
conducir no sólo a conocer quiénes son los más interesados
en que se sigan vendiendo estos auténticos especimenes
arqueológicos, sino también a conocer los depósitos de donde
se las sigue extrayendo por millares. Así se habrá logrado
develar el misterio de Ocucaje”.
Al parecer los redactores de Año Cero no se
interesaron en investigar las contradicciones de los
artesanos, como así tampoco en las sombras que se cernían
sobre el tema; prefiriendo sacrificar a Cabrera, el chivo
expiatorio perfecto para un asunto que estaba lejos de
aclararse. Un dato no menor y que se daba como al pasar en
ese mismo artículo, es que Vicente Paris lleva a España
piedras extraídas no del Museo de Cabrera, sino de algún
sitio de extracción, y que fue un grupo de aficionados a los
fenómenos paranormales quienes realizaron los análisis
condenatorios. En un párrafo de la nota se cuenta como al
pasar dos geólogos argentinos sustrajeron una piedra del
Museo “para analizarla en su facultad. El resultado fue
concluyente: los grabados habían sido realizados con
instrumentos modernos”. Sin comentarios.
La vida de las Piedras de Ica anterior a Basilio e Irma -
Breve cronología.
1613: El comentarista indígena Juan Santa Cruz Pachacuti
Llamqui escribió en Relación de antigüedades de este reyno
del Pirú, que en los tiempos del inca Pachacútec, fueron
halladas en el reino de Chincha, en Chinchayunga, muchas
piedras labradas denominadas mancos.
1626: Jesuita Fray Pedro Simón menciona en su libro
“Noticias Historiales” (noticias 4 y 5) lo que él llama
las piedras grabadas de Ica. Se cree que este religioso
habría conocido muy bien el santuario secreto del cerro de
Ocucaje. Incluso lo habría quizás inventariado en parte, sin
revelar su existencia y significado. Por extremado celo
devoto y tal como lo hicieron los clérigos de la Edad Media,
habría según se dice, interpolado el mensaje de los
Antecesores Superiores intercalando en la gliptoteca algunas
piedras grabadas representando el pecado original, la
Natividad, la fuga a Egipto y la Pasión de Jesús.
1909: el arqueólogo Carlos Belli, en colaboración de unos
cuáqueros (el hecho es atestado por su propio hijo), efectúa
una larga serie de sondeos en el valle de Nazca y del río
Ica.
1955: Hermanos Carlos y Pablo Soldi. Llegan a coleccionar
114 piedras, más tarde donadas el Museo Regional de Ica.
1960: Se rumorea que el primer descubridor de las piedras
fue un sepulturero del desierto de Ocucaje.
1961: El profesor Alejandro
Pezzia Assereto conservador del museo de Ica, escribía las
siguientes líneas en un libro editado en 1968 (Ica y el Perú
Precolombino, Tomo I “Arqueología de la provincia de Ica).
“En el valle de Ica,
desde el año 1961, vienen apareciendo en el mercado gran
número de piedras grabadas que se manifiestan como nuevo
vestigio artístico elaborado por los artistas precolombinos
iqueños. Es interesante hacer notar que las piedras de las
que hablamos intrigan a los arqueólogos; hicieron su
aparición por vez primera en 1960. Se las encuentra
particularmente en los yacimientos ocultos bajo la vertiente
de las colinas de las haciendas Ocucaje y Callando, en el
valle del río Ica (a la entrada a las pistas)”.
1961: El profesor Augusto Calvo, rector de la Universidad
Nacional de Ingeniería hace unas excavaciones en Ocucaje y
descubre en unas tumbas precolombinas numerosas piedras
grabadas de las que empieza a hacer colección. Prosigue sus
exploraciones en el sector de Toma Luz de la hacienda
Callando, en valle de Ica.
1965: Hermánn Buse de la Guerra, uno de los mayores
historiadores peruanos, publica Introducción al Perú,
haciendo mención a las Piedras de Ica.
1966: El Doctor Cabrera recibe de la mano de Félix Llosa
Romero, amigo de la infancia, un pisapapeles, donde observa
la figura de un pez desconocido.
1966: Los profesores Alejandro Pezzia Assereto y Augusto
Calvo, excavan en el cerro Uhle del sector de la Banda, de
la hacienda Ocucaje y encuentran unas piedras grabada., en
Ocucaje, valle de Ica, en el año 1953, contenían solamente
un cadáver y eran fosas estrechas, mucho más sencillas que
las descritas, cubiertas con cantos de río circulares o
masas de arcilla.
1972: Se realiza en Lima el Primer Congreso de Arqueología
Andina donde Hermánn Buse expone el caso de las piedras de
Ica, ante la incredulidad y falta de interés de los
participantes.
El doctor peruano Julio C. Tello afirma que conoce la
existencia de las piedras por su padre que tenía esta
información por haberla oído de su abuelo.
A pesar de estos importantes antecedentes, uno de los
puntos que a mi entender presentaba la mayor objeción se
refería al sitio de extracción. Y no era un asunto menor. El
silencio de Cabrera en cuanto a revelar la fuente madre de
los Gliptolitos, enfurecía a sus críticos, que veían en esta
negativa la comprobación de sus sospechas. Pero aunque nunca
señaló la ubicación exacta, Cabrera, dejó pistas, una de las
cuales recoge Benítez.
“Los arqueólogos - le dije - se preguntan por qué no
señalas el lugar o yacimiento de donde se sacan tantos
miles de piedras grabadas. Y tienen razón, pienso. Eso
aclararía la situación y haría progresar la investigación
sensiblemente... Siempre tuve la impresión de que Javier
Cabrera esperaba aquella pregunta final. Y no sabría
precisar hasta qué punto nos relató todo lo que realmente
conocía en ese momento. Siempre que he solicitado permiso
para realizar excavaciones - respondió Cabrera Darquea muy
serio - se me ha negado. Ya sé que no soy arqueólogo. Pero,
¿es que acaso no se están concediendo esas licencias a
personas que tampoco lo son?» Yo he hecho un estudio.
Dispongo de un plano y tengo, lógicamente, información que
me pondría en la pista de ese depósito en menos de un mes»
Aquello me dejó atónito.
“Por un lado, Javier Cabrera reconocía la existencia de ese
yacimiento o depósito. Pero, por otra parte, parecía querer
decirnos que él no había entrado en dicho lugar... Pero,
¡ojo! - prosiguió - , yo no haré público jamás dicho
yacimiento arqueológico mientras no tenga la seguridad de
que el Ejército lo controla y protege. ¿El Ejército? -
pregunté con extrañeza - ¿y por qué precisamente el
Ejercito? Javier Cabrera me miró en silencio e hizo un
esfuerzo para no seguir hablando. Fue precisamente en aquel
instante cuando yo supe a ciencia cierta que el doctor había
estado en el gran depósito, que había visto lo que realmente
contenía y que - por ello - exigía la salvaguarda del
Ejército”.
En otra frase enigmática se leía:
“Y yo sé que el presidente de la República, cuando sepa
verdaderamente qué es lo que encierra el suelo de Ica, nos
proporcionará todo su apoyo”.
Más definiciones sobre el depósito:
“Parte de ese túnel donde se encuentran las piedras sufrió
los efectos de un movimiento sísmico y quedó inclinado. La
mayor parte de las piedras que constituyen la «biblioteca»
gliptolítica rodaron y ocultaron gran parte de lo que
acompañaba a las piedras grabadas”.
¿Alguna
pista de ese túnel?
Benítez dejaba entrever casi al final de Existió Otra
Humanidad una probable conexión entre Perú y Ecuador,
enlazados sus territorios por pasajes subterráneos
antiquísimos, quizás una de las claves para resolver el
misterio de los Gliptolitos. Hay que mencionar que por esa
misma época se conoció el libro de Erich von Däniken, El
Oro de los Dioses (1975), que mencionaba el
descubrimiento realizado en Ecuador por un aventurero
húngaro pero nacionalizado argentino, Juan Moricz, que
habría localizado restos de una civilización desconocida en
los subsuelos selváticos.

Una información aislada que recibiera una expedición
española en 1994, con el objeto de comprobar las
aseveraciones de Moricz, en Ecuador me puso en alerta. Allí
se decía que “cuando hace años se construyó el aeropuerto
de Cuenca, los operarios encontraron en el subsuelo una
piedra triangular, en la que figuraba un sol en lo alto,
debajo un elefante (¿un mamut acaso?), y bajo éste una serie
de símbolos”, de factura similar a los declarados en su
libro por Däniken. Era un dato importante porque el hallazgo
fue realizado por simples trabajadores, que no ganaban nada
especulando con el tema.
Quiso la suerte que un ingeniero de la zona de Ica, Ernesto
Ayza me contactara hace un tiempo para relatarme su
testimonio, una historia que después de leerla fue clave
para relacionarla con el hallazgo de Ecuador. Ernesto me
permitió reproducirla, pasajes que transcribo a
continuación:
“Aproximadamente año 1993 en la ciudad de Lima, me
encontraba con mi buen amigo e investigador de las piedras,
Tiberio Petro León, y estábamos tomando un café cerca de la
construcción de lo que es hoy el edificio más alto de esta
ciudad, el CENTRO CIVICO. Habíamos llevado algunas piedras
para ser analizadas y catalogadas geológicamente y el grueso
de ellas estaba dentro de un maletín pero había una un poco
mayor que no entraba en el maletín por lo que la pusimos a
un costado de éste y sobre la mesa.
“A su vez se encontraba al lado de nuestra mesa una ocupada
por tres obreros de la construcción con los respectivos
cascos. Notamos que se interesaban mucho por nuestra piedra
y nos preguntaron que de dónde procedía, a lo que
contestamos, para no alargar la historia, que la habíamos
comprado en Ica... acto seguido que ¿cuánto habíamos
pagado?, respuesta rápida, que alrededor de cinco dólares
por ésta; ¡gran revuelo entre ellos! y pelea verbal con
recriminaciones....les preguntamos el porqué, y nos
contaron que ellos en algún momento trabajaban para una
compañía que construía una carretera alrededor de la bahía
de Paracas, en un determinado momento del avance al pasar la
retro excavadora empezaron a aparecer piedras como la
nuestra por lo que se preguntaron qué hacer con ellas, uno
de ellos propuso venderlas pero los demás opinaron que nadie
les daría un centavo y ahora se daban cuenta del error ya
que optaron por ponerlas en la cimentación”.
El análisis de estas dos informaciones sugiere no ya la
existencia de un túnel aunque no se descarta, sino la
posibilidad de algo mucho más profundo, y que apunta a los
subsuelos sudamericanos, que por causas desconocidas tienen
esparcidas en sus entrañas estos extraños objetos que cada
tanto hacen su aparición. Esta reafirmación la obtenemos
estudiando la genealogía de las Piedras de Ica, que confirma
en parte esta suposición.
Para su mejor compresión recurrimos a Javier Cabrera.
“La llamada «Revolución de la Montaña» se produjo - según
dice la Ciencia - en la Era Secundaria. Al final de dicha
etapa - poco más o menos hace 65 millones de años - se
registró un formidable cataclismo, saltando la mayoría de
las montañas del planeta. Y aparecen los Apeninos, Montañas
Rocosas, Alpes, Himalaya, Alto Atlas y, por supuesto, los
Andes. Pero, el hecho de que la cordillera andina se
levantara en esos tiempos no significa que el resto de la
costa peruana, y concretamente, el departamento de Ica,
“naciera” con ella…Y aquí está la prueba. Los técnicos
peruanos han trazado este mapa geológico de Ica. ¿Y qué
vemos en él? ¡Que Ocucaje pertenece a la Era Paleozoica! Es
decir, surgió mucho antes que Los Andes.
“El terreno donde se encuentran las piedras grabadas
corresponde, por tanto, a una era muy anterior a los Andes.
Y junto a zonas del Paleozoico, los geólogos han descubierto
también otras áreas del Mesozoico y del Terciario y - ¡cómo
no! - del Cuaternario… Ocucaje es una pura y constante
sorpresa en ese sentido. En el departamento de Ica se han
encontrado, incluso, diatomeas, que corresponden al
Precámbrico. ¡Y en superficie! Eso nos remonta ya a tiempos
anteriores a la Era Primaria, hace más de 500 millones de
años. Sin embargo, nos empeñamos en afirmar que esta zona de
la costa de Sudamérica se levantó única y exclusivamente
cuando lo hicieron los Andes… Pero disponemos de un segundo
dato, vital para completar este aspecto del problema. Porque
una de las placas tectónicas del globo se encuentra
precisamente aquí, en Nazca. Y abarca no sólo la citada área
de Nazca, sino los departamentos de Ica, Ayacucho y bastante
más. Entonces, si la placa tectónica de Nazca es mucho más
antigua que Los Andes y las piedras grabadas han sido
encontradas en dicha placa tectónica, ¿por qué los
arqueólogos siguen empecinados en que esta “biblioteca” no
puede ser anterior al surgimiento de Los Andes?
“Yo les pido nuevamente que se acerquen a Ica, que estudien
las piedras, que analicen los terrenos… Según esto, ¿qué
edad podrían tener los grabados y altorrelieves de las
piedras? Nadie puede averiguarlo realmente. Podrían ser de
finales del Mesozoico, con más de 65 millones de años. O del
comienzo, con más de 200 millones… ¡Y quién sabe si mucho
más…! Observa el plano geológico y te darás cuenta de otro
detalle extraordinario. El verdadero “arqueólogo” de esta
zona de Ocucaje ha sido el río Ica… Él ha abierto los
estratos. Él los ha dejado al descubierto. Y aquí ves zonas
que pertenecieron al Paleozoico… El río nos está mostrando
una verdad incuestionable.”
Según escribiera Charroux en su libro Archivos de Otros
Mundos (1977):
“Se comenzaron a encontrar las piedras, de forma masiva,
hace unos quince años, cuando una especie de desviación del
río Ica hizo afluir sus aguas sobre las tierras vírgenes de
la zona de Ocucaje. Se hallaron entonces grandes cantidades
de piedras grabadas” // “He aquí, pues la clave del enigma:
en 1961, el río Ica abandona su curso normal y va zapar a
los cerros del pueblo de Ocucaje. Las aguas arrastran las
arenas de estas colinas desérticas y ponen al desnudo una
necrópolis, o más exactamente un santuario, donde un pueblo
desconocido ha depositado sus archivos prehistóricos.
“Más de 10.000 piedras tapizan el suelo: no hace falta sino
agacharse para recogerlas. El pueblo de Ocucaje está en las
cercanías (aproximadamente un kilómetro) y los habitantes no
tardan en notar la presencia de aquellas piedras negras o
grises, pero todas grabadas con dibujos fantásticos.
Transportan estas piedras misteriosas hasta sus pobres
moradas, a menudo con gran esfuerzo, ya que algunas ¡pesan
400, 600 kilos y más¡ Las depositan contra las paredes, en
las bodegas oscuras que flanquean sus habitaciones, incluso
las dejan sobre la plaza del pueblo”.
La visión de Charroux , el primer investigador europeo en
interesarse por las Piedras de Ica, se refuerza una vez más
con las revelaciones del ingeniero Aysa a quien me permito
citar nuevamente, testimonio que considero excepcional
proviniendo de un residente local:
“Allá por el año 1985 yo era gerente de una compañía de
turismo y como siempre encima de mi escritorio solía tener
algún ejemplar de las piedras de Ica y el libro de
Javier…resulta que uno de los chóferes de la flota entró a
mi solicitud para recibir instrucciones acerca de su trabajo
y luego de recibirlas me preguntó sobre la piedra grabada
que tenía frente a él, recuerdo que le resumí sobre el
asunto y entonces el me preguntó si quería saber acerca de
su experiencia sobre el tema, a lo que lógicamente respondí
que me interesaba efectivamente. Me contó entonces que
siendo él aún muy joven, en ese momento le calculo que
debería frisar los sesenta y algo, se tuvo que alejar de su
tierra en busca de trabajo, creo debe haber sido alrededor
de los años cuarenta, y lo contrataron con algunos otros
obreros para realizar trabajos en unas tierras a la altura
de la desembocadura del río Ica; el referido trabajo
consistía en hacer una zanja de aproximadamente 150 metros
de largo por uno y medio de profundidad por uno de ancho…me
contó que entre los muchos cantos rodados que sacaban
empezaron a aparecer una buena cantidad de ellos que
ostentaban dibujos como los de la piedra de mi escritorio.
“Mi pregunta obviamente fue de qué se hizo de aquellas
piedras, a lo que me contestó que ellos, su cuadrilla, eran
personas sin mayor cultura y que les llamaba muchísimo la
atención por lo cual dilucidaron entre todos ellos y no
faltó por allí algún “sabiondo” que aconsejó que las
desaparecieran enterrándolas junto con las mezclas de
cemento en aquella pared ya que de no hacerlo podría
intervenir alguna entidad y les quitarían este trabajo, por
lo que así procedieron. Está claro que luego de tantos años
de lo sucedido le llamó enormemente la atención encontrarse
con otro ejemplar de estos, él no conocía que Javier ya
tenía un museo de ellas en Ica”.
Si las Piedras de Ica están esparcidas por toda la región de
Ocucaje, y tal vez prolongándose su influencia a otras
regiones o países, eso explica porqué no se puede dar una
solución a corto plazo que ayude a resolver el enigma. Aún
aceptando la existencia de un plano, como el mencionado por
Cabrera señalando uno de esos sitios de extracción, el
problema de fondo continuaría, porque de encararse un
trabajo en este sentido, la tarea sería casi ciclópea.
Cabe preguntarse entonces qué pudo provocar un
desplazamiento de tal magnitud. ¿Resultado de un
cataclismo? Cabrera así lo creía, pero ¿tenemos pruebas?
Volvamos a citar al médico iqueño en su larga charla con
Benítez:
“Este continente que ves a la izquierda de lo que hoy es
Sudamérica era Mu. Actualmente, sin embargo, esta masa
continental ya no existe frente a nuestras costas. ¿Por qué?
En razón de la "deriva" de los continentes, Mu fue
desplazándose hacia Occidente. Y con el transcurso de
millones de años chocó con la India, Arabia y parte de
Europa, formando lo que hoy es Asia. Mu, por tanto,
deberíamos buscarlo en la actualidad en la zona asiática...
Pero ese lento desplazamiento de Mu a través de lo que hoy
llamamos océano Pacífico provocó el nacimiento de decenas
de archipiélagos y miles de islas que quedaron "descolgados"
de la primitiva masa continental... Aquello me hizo acudir
rápidamente a uno de los mapamundis que Javier Cabrera tenía
colgado de una de las paredes del museo. Mis ojos buscaron
frente a las costas de Chile. Sí - me dije a mí mismo - ,
allí estaba. Pero, ¿cómo era posible? ¿Es que aquel
desplazamiento podría tener alguna relación con la
misteriosa y enigmática isla de Pascua?
“Al regresar frente a la piedra donde Javier Cabrera me
había señalado el citado continente Mu, le pregunté sin
rodeos: ¿Qué relación puede haber entonces entre este
desaparecido continente y Pascua? Todo. Miré al investigador
con incredulidad. -Todo, repito. Como te digo, la «deriva»
del continente Mu dejó un «rastro» de islas a todo lo largo
del océano Pacífico. En muchos casos, ese desgajamiento de
la masa continental coincidió con zonas donde existía una
floreciente cultura, tal y como se refleja en estos miles de
piedras grabadas. Y Pascua fue uno de estos ejemplos. La
Polinesia, repito, no es otra cosa que el "reguero" dejado
por el continente Mu en su camino hacia lo que hoy
constituye Asia. Pero las gentes que pudieron quedar en esos
archipiélagos e islas terminaron por mezclarse. Y también
los habitantes de Mu - una vez que el continente formó
definitivamente Asia - se vieron sometidos a constantes
cambios. En esa nueva área del globo, el medio ambiente
resultaba totalmente distinto.
“Durante mis viajes por diversas zonas del Perú había
observado un hecho para el que no tenía explicación. En
numerosos poblados y ciudades - especialmente en aquella
región de Ica - los indígenas ofrecían a los turistas las
más variadas tallas de madera. Tallas que, en un principio,
yo consideré producto de la artesanía local. Pero un hecho
posterior, ocurrido en el desierto de Ocucaje, así como los
testimonios de numerosos peruanos - expertos en la materia
- , me hicieron comprender que muchas de aquellas tallas de
madera negra y desconocida tenían una gran antigüedad. Los
indígenas y campesinos - según pude comprobar en el citado
desierto de Ocucaje - dedicaban buena parte de su tiempo a
«huaquear» o rastrear las zonas arqueológicas, desenterrando
muchas de estas Millas entre los restos de las tumbas
prehispánicas.
“El propio profesor Cabrera Darquea disponía de una
formidable colección de estas figuras de madera. Pero lo que
verdaderamente me llamó la atención desde un principio en
las citadas tallas fue la abrumadora semejanza con los
gigantescos «moais» de la referida isla de Pascua. Muchos de
aquellos idolillos tenían un claro perfil «pascuense». Pero,
¿cómo podía ser? Mi asombro llegó al máximo en una clara
mañana del invierno peruano cuando, mientras visitaba el
Museo Regional de Ica, uno de mis acompañantes me señaló un
arcaico y artístico remo de madera. En uno de sus extremos
habían labrado ocho figurillas que me recordaron
inmediatamente las mencionadas estatuas gigantes de la
enigmática isla de Pascua. Aquellas figuras encontradas por
azar en un remo incaico, posiblemente anterior a la llegada
de los conquistadores españoles, se tocaban, incluso, con
los mismos gorros o sombreros que aún lucen algunos de los «moais».
Como se sabe, en un principio parece ser que la totalidad de
estas formidables estatuas de piedra disponía de los citados
gorros. En la actualidad, y quizá como consecuencia de
movimientos sísmicos o de sucesivas catástrofes, esos
adornos de piedra aparecen desgajados de las cabezas de las
estatuas y esparcidos por las proximidades de los «moais».Mil
veces me formulé la misma pregunta: ¿A qué se debía aquel
parecido, aquella semejanza, entre estas tallas de madera
encontradas a miles en las tierras Peruanas y los
fantásticos y desconocidos seres que quedaron representados
en las estatuas de Pascua?
“Ahora, al escuchar al profesor Cabrera, al oír que el
desaparecido continente Mu fue dejando un extenso «rastro»
de islas en su camino hacia lo que hoy es Asia, todo parecía
más claro. ¿Es que ésta podía ser la explicación a la
desconcertante isla del Pacífico? Estas tallas encontradas
en Perú - le planteé a Javier Cabrera - y las estatuas de
la isla de Pascua tienen una profunda semejanza. ¿Por qué? -
No olvides que esta remotísima civilización que dejó las
piedras grabadas cubría y se extendía por todo el planeta.
Había una intercomunicación. Las tallas encontradas en los
desiertos y tumbas del Perú son muy similares, en efecto, a
las estatuas de la isla de Pascua. Sin embargo, ¿por qué los
«moais» no son similares a los habitantes actuales de dicha
isla? ¿No te lo has preguntado? La razón confirma una vez
más la gran antigüedad de esta civilización. Los hombres
representados en las estatuas de Pascua no se parecen a los
actuales «pascuenses» porque el tiempo transcurrido entre
ambos es enorme. Sin embargo, los «moais» sí son idénticos a
los seres representados en el altiplano peruano de
Marcahuasi. Ambos son hombres de eras remotas del planeta. Y
al igual que sucede con los animales, también las distintas
Humanidades que han ido poblando el mundo han ido cambiando.
El hombre de Tiahuanaco, por ejemplo, era rechoncho, de gran
cabeza, piernas cortas, brazos largos y cuatro dedos en cada
mano. Muy parecido, por tanto, al hombre "gliptolítico".
Pero, ¿qué raza actual se asemeja a ese hombre de Tiahuanaco
o al de las piedras grabadas? Esto, necesariamente, nos
remonta a un pasado de la Tierra del que desconocíamos casi
todo. Ahora, con la aparición de esta "biblioteca", la mente
del hombre de nuestro "filum" cambiará»”.
Una fotografía recibida el año pasado a través de una
colega amigo, fue clave para empezar a encauzar la hipótesis
de Cabrera.

En esa toma, se observa una línea de Nazca dirigiéndose
hacia el Océano Pacífico.
A su vez en Fantástica Isla de Pascua, libro de
Francis Mazière que visitara la tierra de los Moai en la
década del 60’, se lee: “Debíamos examinar de nuevo el
problema de las famosas calzadas enlosadas que penetran en
el mar, y que han llevado a muchos autores a pensar que la
Isla de Pascua era en otros tiempos más basta”. Sin
embargo Mazière, pudoroso, se rehúsa a pensar en una
extensión territorial.
No es el caso de Franz Kowacs
en “La misteriosa Isla de Pascua”, que con vehemencia
escribe: “para la
arqueología oficial, estas calzadas sumergidas sencillamente
no existen. En el mejor de los casos se trataría solo de
corrientes de lava agrietada… o de rampa para barcos.
Desearíamos dejarnos convencer por esas tranquilizantes
conclusiones si no existieran, a algunos miles de kilómetros
al oeste de la Isla de Pascua, en el otro extremo de la base
del triángulo polinesio, en el archipiélago de las Tongas,
unas rutas originariamente encajonadas y cuya función es un
completo misterio. Una de estas rutas divide la isla Ualeva
en dos partes, su ancho es de dos metros y está cubierta por
una abundante vegetación que acentúa su trazado. Otra ruta
está en la isla Vavau, y tal como las “calzadas” de la isla
de Pascua, sale de la costa y sube en línea recta por la
ladera del monte Kafoa. Según el arqueólogo americano McKern,
que las ha estudiado detenidamente, no hay duda de que se
trata de rutas. ¿Sus constructores eran los mismos que
hicieron las avenidas pascuenses, o bien se pretenderá que
ahí también se está en presencia de “corrientes de lava”?”
Calzadas y líneas que se dirigen al mar. ¿Reminiscencias de
una antigua masa continental con base en el Pacífico?
En “Dioses del Pasado”,
Renato Longato, escritor e investigador peruano residente en
USA, brinda datos importantes que refuerzan nuestra
hipótesis en cuanto a la conexión Ica-Pascua.
“No debemos dejar de lado las
serias dudas con respecto a la presencia de una masa de
tierra hoy sumergida en la extensa área del pacífico sur que
bien pudo haber desaparecido producto de una serie de
terremotos del llamado círculo del fuego. Esta gran zona
sísmica se extiende desde las costas de Sudamérica hasta
Alaska. En toda la zona podemos afirmar que todos los
movimientos sísmicos son cosas de cada día. La existencia de
numerosas islas esparcidas a lo largo del Pacífico Sur
sugiere la alta posibilidad de una masa de tierra en toda
esa área. Mi interés se centraba en saber en que placa
tectónica se asienta la Isla de Pascua debido a su “aislada
ubicación” en comparación con otras islas del mundo”.
Longato entrevista con este
objetivo a un sismólogo y vulcanólogo que le confirman lo
siguiente: “la Isla de Pascua está ligeramente al este de
la Placa del Pacífico extendiéndose hacia el centro a lo
largo de las cadenas de las Islas Salas y Gómez. Estas
cadenas eventualmente se fusionan con la cadena de Nazca,
siendo que ésta última se introduce debajo del Perú.”.
Termina su informe diciendo: que “el hecho de encontrarse
en su propia micro placa y poseer volcanes inactivos le ha
permitido ser favorecida geológicamente a diferencia de
otras islas que pudieron desaparecer en épocas remotas”.
Confirmando a su vez
“la latente posibilidad de una actividad telúrica entre las
placas del Pacífico, Sudamericana y Nazca”.
A través de los aportes de Longato se confirma las
suposiciones esgrimidas por Cabrera en cuanto a este punto,
pero las similitudes entres estas dos regiones son aún más
perturbadoras, porque desentrañando Pascua, tal vez
resolvamos algunos de los misterios de Ica.
Retomemos las palabras del
iqueño: “Los hombres representados en las estatuas de
Pascua no se parecen a los actuales «pascuenses» porque el
tiempo transcurrido entre ambos es enorme”. Le contaron
a Francis Mazière:
“Los primeros habitantes de la Isla son supervivientes de la
primera raza del mundo. De color amarillo, muy altos, de
brazos largos, tórax poderoso, enormes orejas pero sin
lóbulos relajados, pelo rubio puro, cuerpo lampiño y
brillante. No conocen el fuego. Esa raza existía antaño en
otras dos islas de la Polinesia. Vinieron en barco de una
tierra situada detrás de América”.
¿Cuál era su origen entonces? La leyenda de la isla cuenta
la historia de Hotu Matua, mítico rey que arribó a Pascua
con un séquito de casi 17 personas que escaparon de una gran
catástrofe marítima. El lugar de procedencia era Hiva,
aunque se desconoce su localización. Además de enseres y
barco este Noé del Pacífico trajo consigo miles de tablillas
rongo rongo, indescifrables en la actualidad. ¿Estaba Hiva
situado detrás de América como contó el lugareño a Maziére?
En las piedras de Ica hay dos Gliptolitos que muestran la
conformación de la Tierra en épocas pasadas. Uno de ellos
muestra el continente americano, con sus dos hemisferios
unidos – norte-sur-, conformando una sola masa territorial.
El Gliptolito cuenta además con otros dos hemisferios: uno
al oeste, sobre el océano Pacífico y otro al este, en el
Atlántico. ¿Mu y Atlántida? Para Cabrera no había dudas. Y
aquí entramos otra vez en el tema de un posible cataclismo,
como se explica al principio.
Volvamos a Pascua
La escritura rongo-rongo, quizás uno de los últimos enigmas
que quedan por resolver, guarda secretos no revelados.
Muchos fueron los intentos por encontrar una clave que ayude
en la traducción de los pictogramas ininteligibles. Por años
los principales expertos mundiales lucharon por descifrar el
misterio que se esconde en esas tablillas apodadas
“parlantes”. Verdaderas guerras entre especialistas, que
ante la ausencia de una Piedra Rosetta, como la encontrada
por Champollión en Egipto, vieron hasta el momento frustrado
sus ansias de gloria. Quizás uno de los impedimentos que
impidió mayores avances en el campo fue mantener una postura
local, donde se veía a la escritura de Pascua como un
producto aislado y sin correspondencia. Para 1921 se realizó
un descubrimiento que rompía con el estigma del
aislacionismo pascuense, y que aunque no aceptado, y
ferozmente discutido, brindaba al tema una perspectiva
global, fuertemente resistido por sus implicancias. Tuvo
lugar en la región de la India.
Dos ciudades Mohenjo Daro y
Harappa salieron a luz, e iniciaron una especie de
revolución arqueológica.
“Las pruebas irrefutables
aportadas por Marshall y Daya habían conseguido dar por
tierra con la opinión generalizada que afirmaba que ninguna
cultura organizada (¡ni qué decir de una adelantada!) había
podido existir en ese lugar. Capitales gemelas, Harappa y
Mohenjo-Daro fueron en la India el punto de partida de una
vasta sociedad comercial y agrícola cuyo dominio abarcó un
área estimada en unos 1.500 Km. de largo por otros 800 kms.
de ancho. De estructura arquitectónica compleja, y más
adelantada en términos comparativos – para la misma época –
que la de los egipcios u otros pueblos de Asia occidental,
estas ciudades del Valle del Indo contaban, incluso, con
baños con agua caliente y modernas redes cloacales”.

Pero la verdadera hecatombe se desató en 1932 cuando un
especialista húngaro Guillermo de Hevesy, presentó a la
Academia de Inscripciones y Bellas Artes de París un informe
que daba cuenta, de la semejanza “existente entre los
signos de la escritura pascuense clásica y un gran número de
glifos (130 signos similares sobre un total de 270) hallados
en los sellos de los templos de las antiquísimas ciudades de
Mohenjo-Daro y Harappa, ambas situadas en el Valle del Indo,
que habían sido descubiertas poco antes, y señaladas como
centro de una cultura desaparecida unos dos mil setecientos
años de la era cristiana”. ¿Era posible? Culturas
separadas por miles de kilómetros compartiendo una similitud
de escrituras. Pero había más, estas ciudades del Valle del
Indo presentaban un signo perturbador, la existencia de
esqueletos con radiación de graduación más elevada que la
desatada en Hiroshima. ¿Explosión atómica? Quizás.
La revisión de los glifos hallados en Mohenjo Daro y Harappa
dejó a la vista más interrogantes, ya que se detectaron
animales desconocidos así como extrañas plantas fusionadas
con ellos. Algo que se repite en Pascua si atendemos las
observación realizada por un misionero que en 1864 contó:
“en todas las chozas se encuentran tablillas de madera o
palos cubiertos de varios tipos de caracteres jeroglíficos:
son figuras de animales desconocidos en la isla que los
indígenas trazan con piedras afiladas”. ¿En las
ideografías que adornan los gliptolitos no encontramos fauna
y flora también extraña al continente americano?
Dijeron los locales a Meziére:
“La primera raza
inventó la escritura Rongo-Rongo, que inscribió sobre
piedras. Esta escritura solamente subsiste en Asia entre las
cuatro partes del mundo habitado en otros tiempos por la
primera raza”.
¿La escritura de Mohenjo Daro es el nexo con Pascua, unidos
en el pasado por un continente? El lector tiene la decisión.
De nuevo a Ica
Otro Gliptolito registra la caída de un cuerpo esférico
¿meteorito o planetoide?, estrellándose con el planeta.
Un tema que en Pascua adquiere resonancia.
“En el año 1973 un lingüista brasileño llamado Vaz de Melo,
afirmó haber descifrado las tablillas rongo-rongo.
Hablarían, según él, de un gigantesco maremoto con olas de
más de treinta metro de alto que habría hundido un
archipiélago del que formaba parte la Isla de Pascua”. “Se
habla de habitantes aterrizados que trataban en vano “de
hacerse a la mar sus embarcaciones, cuando una enorme bola
de fuego (quizás un meteorito) se estrelló contra una
extremidad del archipiélago, provocando una violenta
sacudida telúrica que sumergió en las aguas a todos los
islotes adyacentes, produciendo la muerte de todos los
habitantes”.
Vaz de Melo se negó a revelar su método de traducción.
¿Podemos tomarlo en serio?
Emmanuel Velikovsky en su polémico libro Mundos en
Colisión “emitió la hipótesis según la cual el
planeta Venus habría sido literalmente arrojado de Júpiter
en una época que se remontaría a unos miles de años
solamente. Al pasar cerca de la Tierra, Venus habría
provocado un maremoto planetario del que todas las
tradiciones del mundo guardan el recuerdo bajo la forma del
Diluvio”. El Chilam Balam libro sagrado de los
Mayas descubierto en Yucatán “habla de un enorme
meteorito caído en la Tierra hace varios miles de años. Este
espectacular caída habría causado el hundimiento de muchas
tierras y una completa modificación del mapa del mundo”.
Otro autor Louis Claude Vincent, continuador de las teorías
de James Churchward, “que ha estudiado todas las
tradiciones referidas a la caída de una “estrella” sobre
nuestra planeta en tiempos muy remotos, el choque provocado
por este suceso produjo una brusca inversión de los polos”.
Muchas leyendas amerindias señalan que el Sol no apareció
por más de 50 años, y que sufrieron innumerables penurias en
ese terrible período. Hay quien lo describe como un terrible
invierno nuclear.
Si un cataclismo de estas características tuvo lugar, eso
explica las anomalías de las Piedras de Ica, su extraña
similitud con Pascua y de ésta con las del Valle del Indo.
¿Estamos ante restos de esa primera raza madre que habitó el
Pacífico?
Más pruebas. El Candelabro o Tridente de Paracas. Según J.J.
Benítez el “eje central del candelabro señala al sur.
Exactamente a 180”. O sea hacia el Pacífico. Coincidimos
con el escritor navarro que en el Perú no se encuentran
registros acerca de su origen. Claro que enfocando el asunto
como una visión global, como venimos tratando hasta ahora,
el candelabro encuentra su sitio en la escritura enigmática
de Pascua y las ciudades del Indo.
A continuación un ejemplo.

Un sabio vasco argentino del que poco se acuerdan,
Florencio de Basaldúa, escribió varios libros sobre la
prehistoria americana. Fue contemporáneo de Florencio
Ameghino, y creía que en América se habían desarrollado
civilizaciones muy avanzadas. Postuló la existencia de un
continente desaparecido, que llamó Austerría, que habría
comunicado al continente americano con Asia en el pasado.
Basaldúa sostuvo que el glifo de Paracas era el símbolo
dominante del Manu (legislador), que en eras remotas llegó
de Austerría con una colonia hacia América.
Taylor Hensen fue una etnóloga que se dedicó a estudiar las
leyendas y mitos del pueblo Apache. Cual sería su sorpresa
cuando identificaron a Tiahuanaco, la ciudadela muerta
enclavada en los andes bolivianos, como el lugar de origen
de sus antepasados, “describiendo, sin haberla visto
nuca, la estatua del "blanco barbudo". El dios empuña dos
espadas en posición vertical, lo que significa "amistad
hasta cierto limite". Las espadas forman ángulo recto
con los antebrazos, y con la cabeza un tridente, que es
nuestra señal secreta de reconocimiento. Allá donde se alza
la estatua, es el lugar de nuestro origen”. Y no debemos
olvidar que Tiahuanaco siempre estuvo asociado con un
continente desaparecido, para ser más precisos del Pacífico.
Nuestra tarea concluye aquí. Este trabajo intenta un
acercamiento diferente en cuanto al tema de las Piedras de
Ica. Si se enfoca el espinoso tema desde una visión
globalizadora veremos como las piezas comienzan a encajar en
este rompecabezas. El error es seguir considerando al
descubrimiento como una expresión aislada, sin conexión con
otras culturas. Creemos que más allá de la autenticidad de
las piedras, y de su dudosa, para algunos, procedencia, los Gliptolitos merecen con lo aquí expuesto una nueva
oportunidad. Abrimos una puerta, esperemos que no la
cierren.
Y para concluir una “nueva coincidencia”, esta vez desde
Argentina. En este país se desarrolló una cultura muy poco
conocida y altamente avanzada. Se la conoció como La Aguada.
Se cree que floreció hace más de mil años. Construyeron
zigurats al estilo mediterráneo y trabajaron en forma
magistral el metal. Los arqueólogos creen que fueron parte
de una cultura solar. Y es aquí donde encontramos un nuevo
rastro de de las Piedras de Ica gracias al ojo experto de un
investigador ítalo-argentino, Gabriele Baraldi, ya
fallecido, quien advirtió las semejanzas.

Una imagen vale más que mil palabras.
Bibliografía:
Libros:
Benítez, Juan José (1975). Existió Otra Humanidad.
Barcelona: Plaza & Janés.
Cabrera Darquea, Javier (1976). El Mensaje Grabado de las
Piedras de Ica. Lima: Inti-Sol.
Charroux, Robert (1974). El Enigma de Los Andes. Barcelona:
Plaza & Janés.
Charroux, Robert (1977). Archivos de Otros Mundos.
Barcelona: Plaza & Janés.
Kolosimo, Peter (1970). Tierra sin tiempo. Barcelona: Plaza
& Janés.
Kowacs, Franz (1981). La Misteriosa Isla de Pascua.
Barcelona: Javier Vergara.
Longato, Renato (2005). Dioses del pasado. Lima: Renato
Longato.
Maziére, Francis (1976). Fantástica Isla de Pascua.
Barcelona: Plaza & Janes.
Artículos:
Paris, Vicente. Las Piedras de Ica: fin de un mito. En:
Revista Año Cero, 1994.
La verdad sobre las Piedras de Ica. En: Revista Más Allá Nro
190, 2004
De Dalmau, Ángela: El Misterio de la Cueva de Los Tayos. En:
Revista Más Allá Nº 65
Webs:
www.piedrasdeica.es
www.renatologato.com
http://www.gabrielebaraldi.arq.br/index.htm
http://www.chauvet-translation.com/
http://www.jjbenitez.com/
LA AUTORA
es bibliotecaria graduada e investigadora. Ha publicado
numerosos artículos en el campo de la Hipótesis del Antiguo
Astronauta y sobre enigmas de la Historia en general.
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Prohibida su reproducción sin permiso de la autora.
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