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A principios de
los años setenta, cuando también los chinos comenzaron a
permitir el acceso del asombrado público a sus antiquísimos
tesoros culturales, en el mundo occidental hizo furor ante
todo la armadura mortuoria de la Princesa Tou Wan. La citada
prenda está confeccionada de plaquitas de jade verdes del
tamaño de cajetillas de cerillas, unidas entre sí por medio
de fino alambre de oro. La pareja de este tesoro
arqueológico (el príncipe Liu Sheng, esposo de Tou Wan) está
cubierto por una vestimenta compuesta por 2.690 plaquitas.
Tuve la ocasión de contemplar esta armadura de jade en mayo
de 1972, durante mi visita a Pekín. Hay que señalar aquí que
Liu Sheng no estaba incluido en la gigantesca exposición
sobre China que años atrás iba recorriendo distintos países
occidentales: no se le había concedido “permiso de salida”.
La princesa
Tou Wan y su esposo Liu Sheng fueron descubiertos en 1968
por un equipo de arqueólogos chino en el transcurso de unas
exploraciones en una cámara mortuoria subterránea de 52
metros de largo, 37 metros de ancho y 7 metros de alto, en
Mancheng (provincia de Hopei). Liu Sheng había mandado
obstruir el acceso a su último reposo con gran cantidad de
obstáculos de piedra y hierro, por lo que el equipo de
arqueólogos tuvo que sudar lo suyo antes de poder sacar a la
pareja real a la luz del día.
En el curso
de estos últimos años han sido descubiertas en China
diversas instalaciones sepulcrales mecánicamente cerradas,
en su mayoría subterráneas. Dan prueba de la gran inventiva
de nuestros antepasados del Lejano Oriente, pero también de
conocimientos técnicos que incluso hoy en día causan el
asombro de los arqueólogos.
Ahora bien,
son muchos todavía los hallazgos arrancados en China al
polvo de los milenios que siguen permaneciendo inaccesibles
a la contemplación de los occidentales. Los científicos
chinos guardan celosamente sus hallazgos, no permiten el
acceso de los extranjeros a determinados yacimientos
prehistóricos, en caso necesario desmienten incluso su
existencia, y hacen todo lo posible para cosechar ellos
mismos los frutos de su éxito. A pesar de ello, en estos
últimos años han llegado hasta occidente informaciones
procedentes de China que nos obligan a prestarles atención.
El que tengamos conocimiento de todo ello lo debemos a
viajeros que han regresado de China y, naturalmente, a la
actividad de espionaje de las grandes potencias.
Las pirámides
Así, por
ejemplo, la NASA norteamericana posee fotografías obtenidas
por sus satélites, en las que se puede apreciar la
existencia de una pirámide de ¡más de trescientos metros
de altura! en el antiguo Imperio del Centro. Esta
gigantesca obra arquitectónica, que sobrepasa en más del
doble a la mundialmente famosa pirámide de Keops, se
encuentra en la provincia de Shensi, a unos sesenta
kilómetros al sudoeste de Sian. Ningún extranjero, ni
siquiera los chinos “comunes”, han podido ver hasta el
momento esta pirámide gigante, pues toda la zona es
considerada “tabú” al estar oficialmente declarada zona
militar.

Lo que ha podido
saberse hasta el momento es que los historiadores
atribuyen la pirámide a las artes arquitectónicas de
la dinastía Hsia, de origen legendario, que reinó hace
aproximadamente cuatro mil años. Por el momento, sin
embargo, tenemos que contentarnos con los pocos rumores e
indicios que han llegado a occidente.
Así, ha
podido saberse que la enorme pirámide de Shensi todavía
conserva huellas de su antigua policromía. Cada una de sus
caras daba a un punto cardinal y estaba pintada con un color
distinto. La cara norte estaba pintada de negro, la cara
este de azul grisáceo, la cara sur de rojo, y la cara oeste
brillaba en blanco. Se afirma que el piramidón, es decir, la
punta de la pirámide, estaba pintado completamente de oro,
lo que según la concepción china también pone de manifiesto
que los chinos de aquella época, y muy en especial sus
gobernantes y sacerdotes, se consideraban el centro del
mundo.
Las
fotografías obtenidas por medio de satélites, e igualmente
en manos de la NASA, han permitido establecer, por otra
parte, que en la antigua China no sólo hubo esta pirámide.
La provincia de Shensi parece haber sido un verdadero
hervidero de tales construcciones, pues por las fotos
obtenidas por la NASA se ha podido detectar un valle entero
sembrado de pirámides monumentales. El piloto comercial y
escritor neozelandés Bruce Cathie ha contado más de cien
pirámides en el citado valle.
Sabemos
igualmente de otra construcción al este de Sian. En este
caso se trata de una pirámide atribuida al legendario
emperador Ch’in Shih Huang-ti, cuyo sepulcro se encuentra en
Litung, cerca de Sian. Hasta el momento sólo se ha excavado
una parte relativamente pequeña, que sin embargo ya ha sido
cubierta – en una extensión de unos 14.000 m2 – por una
estructura metálica con techumbre de madera, a la que en
ocasiones también tienen acceso los visitantes extranjeros.
Nadie que tenga ocasión de viajar a China debería dejarse
perder la oportunidad de visitar las maravillas
prehistóricas de la época del emperador Ch’in Shih Huang-ti
allí conservadas: seis mil figuras de terracota vidriada
representando a guerreros, algunos de los cuales montan
hermosísimos caballos igualmente de arcilla, del tamaño de
ponies islandeses. Todas estas figuras han sido excavadas
hace ya algunos años, descubiertas por pura casualidad. El
emperador había mandado moldear y apostar en orden de
batalla a todo este ejército fantasma a modo de guardia
sepulcral que ahuyentara a posibles violadores de su tumba.
Los
visitantes todavía no han podido acceder, sin embargo, a la
tumba propiamente dicha del emperador, que en la actualidad
es buscada con ahínco por los arqueólogos chinos. Se rumorea
que la tumba del “hijo del cielo” ha de ser
extraordinariamente artística y refinada: un enorme
sarcófago subterráneo, sobre el cual se extiende un cielo
artificial con Sol, Luna y estrellas. Si estas tradiciones
legendarias estuvieran basadas en hechos, se trataría de una
sensación arqueológica de rango mundial.
Los restos
indudablemente más interesantes de la antigua civilización
china se encuentran al oeste de Yoyang. En las estribaciones
de la sierra de Hunan, a orillas de lago Dongting, se
encuentra el llamado “valle de las piedras”, conocido
también como “valle de granito”. En el año 1957 tuvo lugar
allí un violento movimiento sísmico lacustre, a raíz del
cual quedaron inesperadamente al descubierto los fragmentos
de tres pirámides circulares.
El
arqueólogo Chi-Pen-lao, catedrático de la Universidad de
Pekín, estudió en 1961 el lugar al frente de un equipo de
especialistas. Las mediciones realizadas entonces
permitieron deducir que aquellas construcciones también
alcanzaron en su día una altura de 300 metros. Lo insólito,
sin embargo, es la edad en la que han sido fechadas estas
pirámides, pues Chi-Pen-lao remonta su construcción a unos
45.000 años.
Los
arqueólogos chinos descubrieron en las citadas pirámides
circulares unos pasillos derruidos que conducen a cotas por
debajo de la superficie del lago. Dichas galerías desembocan
en un laberinto cuyas paredes lisas muestran claramente su
procedencia artificial. Una de las galerías de trazado
simétrico (y que se cruza con otras) condujo a los
arqueólogos a una sala subterránea, donde Chi-Pen-lao y sus
colaboradores descubrieron a la luz de las linternas una
auténtica sensación: las paredes estaban cubiertas de
dibujos hechos por medio de incisiones, que los arqueólogos
chinos afirman que fueron realizados con certeza en época
prehistórica.
Esto hace
que el hallazgo sea todavía más enigmático. Las incisiones
representan animales que parecen huir todos en la misma
dirección, perseguidos por seres humanos de pequeña
estatura, fuertes, armados de una especie de cerbatanas, que
aplican a sus labios a modo de trompetas.
Escudos volantes
Pero
todavía resulta mucho más sorprendente lo que – según el
relato de Chi-Pen-lao – se desarrolla por encima de
esta escena de caza. En efecto, encima de las cabezas de los
cazadores penden unos artefactos aerodinámicos, en forma
de escudo, tripulados por seres humanoides, vestidos con
chaquetas y pantalones modernos, que en sus manos portan
artefactos parecidos a los actuales fusiles. Según el
equipo investigador chino, debe tratarse de armas, puesto
que están dirigidas exactamente contra los hombres que
huyen.

Después de haber logrado establecer unos interesantes
contactos durante mi visita a Pekín en 1972, tengo la
intención de trasladarme de nuevo allí en la primavera de
este año 1982,
(N de R: la
publicación original de este artículo data de febrero de
1982) con el fin de
obtener material gráfico de las citadas representaciones
rupestres. Sé que no se trata de una empresa fácil, pero el
riesgo bien merece la pena.
No cabe
duda de que una documentación gráfica de este tipo echará
luz sobre culturas prehistóricas desconocidas hasta el
momento, al tiempo que demostraría de una vez por todas que
en la antigüedad – y en otras partes – hubo una sociedad de
seres muy capacitados, que tenían el poder suficiente para
dominar a las demás personas.
Quizás se
trata efectivamente de los descendientes directos o de los
elegidos por los “hijos del cielo”, nombre éste que los
antiguos emperadores chinos solían darse.
EL AUTOR,
fallecido en octubre de 2005, fue periodista y escritor.
Pionero en el campo de la hipótesis del antiguo astronauta,
publicó desde 1969 un total de 17 ensayos, tres biografías y
tres novelas.
© Peter Krassa – Derechos reservados.
Traducido y reproducido con permiso expreso.
Prohibida su reproducción sin autorización previa.
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