Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

BEP-KOROROTI: ¿CULTO-CARGO A UN ANTIGUO
ASTRONAUTA EN EL MATO GROSSO?

Una tribu del Amazonas festeja periódicamente la pretérita visita de un ser proveniente del Cosmos.

 

CÉSAR REYES DE ROA
CÉSAR REYES DE ROA
Argentina
cesarreyes@antiguosastronautas.com

 

 

El día de John Frum

Cada año una multitud celebra en Tanna - una de las más pequeñas de las ochenta islas que componen las Nuevas Hébridas, en el océano Pacífico occidental - el día de John Frum. Se trata de una animada fiesta popular durante la cual los nativos comen y beben y danzan...y renuevan la esperanza del pronto retorno de su dios.

Caso emblemático de lo que etnólogos y antropólogos denominan culto – cargo (esto es un tipo de creencias nativas surgidas de las confrontaciones culturales acaecidas poco más o menos a mediados del siglo veinte – ver también
“Antiguos astronautas vs. ornitorrincos”), este rito en particular se originó un día de mayo de 1941, cuando corrió la voz entre los isleños de que al otro lado de su acotado mundo de 50 kilómetros de longitud, en un extremo de la isla llamado Green Point, un tal John Frum había aparecido, sorpresivamente, obsequiando a diestra y siniestra fabulosos objetos nunca antes vistos (monedas, linternas, gafas de sol y latas de conserva entre otras muchas cosas), para anunciar el advenimiento de un nuevo reino de la abundancia en el cual nadie necesitaría ya trabajar. Y de hecho, desde el punto de vista de aquellos primitivos nativos, con una cultura de la Edad de Piedra, la conducta del recién llegado encajó de inmediato con la de un dios benefactor. En efecto, al igual que lo hicieron sus colegas de otros tiempos, John Frum había venido del cielo, desde una lejana tierra llamada “USA”, montando un poderoso y gigantesco pájaro que al volar rugía como el trueno. Y, para más señas, iba vestido de manera extraña y su piel, blanca, se veía resplandeciente a la luz del sol. Asimismo, conocedor de los secretos de la Naturaleza, les había instruido acerca de ciertos temas, ejerciendo además cada tanto su poder curando a algunos enfermos.

Pero un día, así como había llegado, misteriosamente, John Frum tuvo que partir de regreso a su lejano mundo, “USA”; cosa que hizo no sin antes, desde luego, prometerles a todos que volvería en un futuro cercano. Sin embargo, el tiempo pasó y el dios John Frum no volvió...En consecuencia, los afligidos nativos idearon un ritual que los mantuviera en unión con su dios mientras transcurría la espera (idea que, por lo demás, es casi universal y está firmemente arraigada en diversas tradiciones religiosas, como sucede por ejemplo con judíos y cristianos, donde los unos todavía esperan la venida del Mesías, y los otros el retorno de Jesucristo). De modo que, en el día de John Frum muchos isleños visten hoy viejos y remendados uniformes de la marina norteamericana; y solemnemente izan la bandera de los Estados Unidos mientras otros, con el torso desnudo y llevando pintadas en sus pechos y espaldas las míticas iniciales USA, marchan al igual que entrenados soldados cargando al hombro largas varas de bambú que hacen las veces de rifles...

                                 CULTO CARGO A JOHN FRUM EN TANNA

 



Culto-cargo en el Mato Grosso

Muy semejante al culto-cargo a John Frum, a miles de kilómetros de Tanna, la tribu  Kayapó, que habita en el sur del Estado de Pará, a orillas del Río Fresco, en el Mato Grosso brasileño, también rinde periódicamente su homenaje en recuerdo de otro extraño visitante llegado del cielo. Su nombre es Bep-Kororoti, que en lengua indígena significa literalmente “vengo del universo”. Su leyenda, que data de tiempos inmemoriales - al igual que la festiva ceremonia en su honor –, fue dada a conocer por el reputado indigenista João Américo Peret quien, al entrar en contacto con los Kayapó en 1962, la escuchó de boca de un antiguo consejero de la tribu, apodado Gway-Baba (El Sabio), que le relató, en substancia, lo siguiente: Un día llegó de repente a la aldea de los Kayapó un visitante desconocido. Venía de la cordillera Pukato-Ti, cuya cima está siempre oculta por la niebla de la incertidumbre. Se llamaba Bep-Kororoti. Vestía un “bo”, raro atuendo que lo cubría por completo de pies a cabeza, y su mano empuñaba un “kop”, arma que lanzaba rayos. Al verle aparecer, todos huyeron aterrorizados. Y mientras algunos hombres se quedaron a proteger a las mujeres y a los niños, otros guerreros corrieron a enfrentar al intruso. Pero sus armas eran inútiles; no le hacían el menor daño. Y cada vez que lo tocaban, los valientes Kayapó caían derribados al instante. El guerrero venido del universo parecía divertirse al comprobar la fragilidad de sus oponentes. Y de pronto, hizo una demostración de fuerza alzando su “kop” y apuntando primero a un árbol y después a una roca, destruyendo ambos con su poderoso rayo. Con lo cual todos comprendieron que Bep-Kororoti no había venido a hacer la guerra... Así, pasó el tiempo y no hubo más problemas. Poco a poco, la gente de la aldea fue sintiéndose atraída hacia el extranjero a causa de su hermosura, la blancura resplandeciente de su piel y su bondad para con todos. Sus progresos en el arte de la caza y en el manejo de las armas de la tribu hicieron que al poco tiempo aventajara a los más diestros y valientes de nuestros hombres. Y fue así como fue aceptado por todos como guerrero, y una joven lo escogió como esposo y se casó con él y tuvieron varios hijos y una hija a la que llamaron Nio-Pouti. Bep-Kororoti era más inteligente que los demás y pronto comenzó a enseñar muchas cosas desconocidas para la gente. Enseñó por ejemplo a los hombres a construir un ng-obi, la asociación masculina que todavía hoy existe en todos nuestros poblados, donde los mayores relataban sus aventuras a los jóvenes y éstos aprendían cómo debían comportarse ante los peligros e iban formando así su criterio. El ng-obi era pues una escuela y Bep-Kororoti su maestro. Allí se hacían también trabajos manuales y se perfeccionaban las armas. Todo, debido a las enseñanzas del gran guerrero del cosmos, quien, además, fundó la Gran Cámara, donde se discutían todos los asuntos de la tribu. Pero a veces los jóvenes se negaban a ir al ng-obi, y entonces Bep-Kororoti se vestía con su “bo” y salía a buscarlos para obligarles a cumplir con su deber. Cuando la caza escaseaba, Bep-Kororoti partía armado con su “kop” y mataba a los animales sin herirlos.  Y aunque siempre el cazador tenía derecho a reservarse para sí la mejor presa, él no consumía nunca la comida del poblado y sólo tomaba lo necesario para alimentar a su familia. Pero al cabo de unos años, Bep-Kororoti empezó a comportarse de manera diferente. Permanecía días enteros encerrado en su choza, eludiendo a todos. Y cuando salía, se dirigía siempre a las montañas de Pukato-Ti, el lugar de donde había llegado. Y así fue que cierto día, siguiendo un impulso interior, reunió a toda su familia, a excepción de su hija Nio-Pouti que se hallaba fuera del poblado, y se marchó precipitadamente. Pasaba el tiempo y Bep-Kororoti no regresaba. Hasta que un día se presentó de pronto en la aldea lanzando un terrible grito de guerra. Entonces, todos pensaron que había enloquecido e intentaron calmarlo. Pero Bep-Kororoti se resistía. No hizo uso de su arma, pero su cuerpo se estremecía y quienes lo tocaban iban cayendo uno tras otro al suelo, como muertos. Sin embargo, los guerreros derribados volvían a levantarse y de nuevo intentaban dominar a Bep-Kororoti, de modo que la lucha se prolongó durante días. Y finalmente lo persiguieron hasta la cumbre de la montaña, donde para espanto de todos algo tremendo sucedió. Bep-Kororoti se volvió hacia los primeros contrafuertes de la cordillera y con su “kop” destrozó todo cuanto había a su paso. Y luego, se produjo una tremenda explosión que sacudió toda la redonda y Bep-Kororoti desapareció en el aire en medio de nubes llameantes, humo y truenos. Con la explosión, la tierra se había conmovido de tal manera que saltaron hasta las raíces de las plantas, y la selva desapareció y la tribu empezó a sentir hambre. Entonces, Nio-Pouti, la hija de Bep-Kororoti, que se había casado con un guerrero y había alumbrado un hijo, le dijo a su marido que ella sabía dónde hallar alimento para el pueblo, pero que, para eso, debería acompañarla hasta la cordillera de PukatoTi... Llegados allí, Nio-Pouti se encaminó hacia la región de Mem-Baba-Kent-Kre y buscó un árbol especial que ella conocía. Se sentó en sus ramas con su hijo en la falda y le pidió de inmediato a su marido que tirara de las ramas hacia abajo hasta que las puntas tocasen el suelo. Hecho esto, se produjo una enorme explosión y Nio-Pouti desapareció entre nubes de humo, rayos y truenos. Transcurrieron unos días y el esposo de Nio-Pouti, que había permanecido en el lugar esperando su regreso, estaba desmoralizado y a punto de morir de hambre cuando de repente oyó un estruendo y vio que el árbol había aparecido de nuevo. Su mujer había vuelto, y con ella Bep-Kororoti que traía grandes cestos llenos de alimentos jamás vistos. Después de un tiempo, el hombre venido del cosmos volvió a sentarse en aquel árbol especial y ordenó flexionar las ramas hasta que éstas tocasen el suelo. Y otra vez se produjo una explosión y el árbol desapareció nuevamente en el aire. Luego, Nio-Pouti regresó con su marido a la aldea llevando un mensaje que Bep-Kororoti les enviaba a todos diciéndoles que debían emigrar de inmediato a Mem-Baba-Kent-Kre y erigir allí sus aldeas, donde encontrarían alimento. Y que debían guardar las semillas de los frutos y legumbres hasta la época de lluvias, para sembrarlas entonces y tener así una nueva cosecha. Éste fue el comienzo de la agricultura de los Kayapó...

 

Ahora bien, de igual manera que en Tanna los isleños llevan puestos uniformes de la Marina estadounidense para evocar a John Frum en su día, los Kayapó del Amazonas visten durante la celebración en memoria de Bep-Kororoti un curioso traje hecho de paja a imitación de aquel extraño atuendo al que le dicen “bo” (como se muestra en las fotografías que a continuación reproducimos, tomadas por el prestigioso indigenista João Américo Peret en l962). Así pues, y partiendo de la idea de que lícitamente no hay razón para pensar que por ejemplo los nativos de la isla de Tanna tienen mejor “ojo” en materia de indumentaria ritual que los indios Kayapó, deberemos colegir que la vestimenta de paja que alude a Bep-Kororoti es por lo menos una réplica tan fiel como el uniforme de John Frum. Y por supuesto, eso nos conduce irremediablemente a preguntarnos sobre su notable parecido con el traje de un astronauta... siendo que tal vestimenta ritual, como se ha dicho, se remonta a tiempos inmemoriales.

 

 BEP-KOROROTI FOTO DE JOAO A. PERET

Fotos Bep-Kororoti - © Copyright João Américo Peret , 1962


 

“Vengo del Universo”

 

En rigor, la leyenda de Bep-Kororoti habla sin medias tintas de un extranjero llegado del cosmos, que vestía de una manera desusada y portaba un arma que lanzaba poderosos rayos  - representada por esa larga vara que empuña el sujeto de la foto de Peret, cuya carga simbólica es la misma de aquellos “fusiles” de bambú que llevan al hombro los devotos de John Frum en Tanna - , el cual, además, partió finalmente de regreso a su mundo, desapareciendo en el aire entre nubes llameantes, humo y truenos... más o menos como los soldados que abandonaron las islas de Oceanía en sus aviones para volver definitivamente a casa.

 

Según la “Hipótesis del Antiguos Astronauta”, nuestro planeta habría sido visitado en el pasado por seres extraterrestres. Su ciencia y tecnología, inaccesibles para el entendimiento del hombre primitivo, le dieron a tales visitas un contenido sobrenatural que se tradujo en mitos y leyendas, y entronizó a los visitantes como dioses poderosos venidos del cielo.

 

“Vengo del Universo”, es lo que de veras significa en lengua nativa el nombre “Bep-Kororoti”. Y eso, en boca de aquel extraño personaje, más bien parece una confesión de parte del tipo que conforma a los juristas…

 


 

 

Agradecimiento especial a João Américo Peret: Deseo expresar públicamente mi más sincero y profundo agradecimiento al prestigioso indigenista y escritor João Américo Peret por permitirme la publicación de esta versión en español de la leyenda de los indios Kayapó, así como su autorización para reproducir las fotografías tomadas por él en 1962.

 

 

 

Copyright:

 

©João Américo Peret 1972 - Direitos reservados ao autor. Nome original: Bep-kororoti o Guerreiro do Espaço.  

© César Reyes de Roa 2000 – Derechos reservados a versão desta edição, espanhol. 

 

©João Américo Peret 1972 - Todos los Derechos reservados al autor - Nombre oririnal: Bep-kororoti o Guerreiro do Espaço.  

© César Reyes de Roa 2000 – Derechos reservados de la versión de esta edición en español.

 

EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 
© César Reyes de Roa, 2000 – Derechos reservados.