Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

DRAGONES DEL CIELO

 

 

Conforme a las descripciones

que hacen los mitos y leyendas, los dragones parecerían ser más bien sofisticados aparatos voladores semejantes a los helicópteros modernos.                                     

 

CÉSAR REYES DE ROA

CÉSAR REYES DE ROA

Argentina

cesarreyes@antiguosastronautas.com

     

      Es sobradamente conocida la existencia en las leyendas chinas de extraños dragones voladores que surcaban ruidosamente los cielos del antiguo Imperio del Medio.

 

      Los Hijos del Cielo (título que recibían los soberanos en China) tenían relación estrecha con estos inclasificables saurios, a punto tal que se afirma que “el rey de los dragones fue al mismo tiempo el padre de la primera dinastía”. Pero, claro está que, tomando al pie de la letra lo dicho, resulta absurdo por completo el uso de un criterio zoológico para desentrañar el misterio de tales supuestas “bestias primitivas”, ya que, por más que lo intentemos, no podemos imaginar a cierta especie de reptil volador dirigiendo el destino del imperio (como padre de la primera dinastía), de modo que suponemos lícitamente que la explicación debe de orillar otros rumbos. Por otra parte, está escrito que “los hombres santos y los soberanos habían montado también en dragones, como los dioses”, y ello nos invita a realizar comparaciones con otras descripciones del pasado sobre constantes viajes aéreos, sea en “pájaros de trueno”, “serpientes aladas” y demás rarezas, protagonizadas por los dioses y determinados personajes clave en las respectivas historias de los más diversos pueblos, casi obligándonos a concluir que no estamos ante simples “coincidencias de la imaginación”.

 

 

Obra de la artista china Luo Qingxia inspirada en los versos del poeta Qu Yuan

 

 

Un dragón laborioso

 

      Las Islas Carolinas constituyen el más importante de los archipiélagos de la Micronesia. Una diminuta isla de 0,44 kilómetros cuadrados, llamada Temuen, debe absolutamente toda su importancia a un único motivo: en ella se encuentran las prehistóricas y enigmáticas ruinas de Nan Madol. Enigmáticas debido a las imposibilidades técnicas que tales construcciones implicaban para sus primitivos moradores. No obstante, las leyendas se hacen cargo de las aludidas imposibilidades centrando la cuestión acerca de la formación de la isla – donde abundan los canales - y sus obras en la figura del “dragón que escupe fuego”, auxiliado por su madre, otro dragón por supuesto. Al parecer, la madre del dragón habría abierto los canales con su poderoso soplido, dando lugar a la formación de los islotes. Luego, el “dragón que escupe fuego”, secundado por un ayudante mago, habría hecho volar por los aires los bloques de basalto desde una gran isla vecina, mediante la utilización de una fórmula mágica, consiguiendo depositarlos en forma ordenada en Nan Madol, sin que mediara intervención humana alguna.

 

      A esta altura cabe acotar que los estudiosos vinculados con la problemática de la posible visita de viajeros extraterrestres a nuestro mundo en el remoto pasado han argumentado, no sin razón, que este tipo de relatos puede muy bien encubrir manifestaciones de alta tecnología. Sin embargo, los arqueólogos de la escuela tradicional encuentran otra explicación para el enigma de Nan Madol. Ellos afirman que el supuesto dragón habría sido en realidad un cocodrilo extraviado que, llegado a Nan Madol, fue el causante de grandes trastornos, razón por la cual se incorporó a la memoria de los lugareños en forma de leyenda.

 

¿Cocodrilo?

 

      Desde luego, no deberá sorprendernos la simple solución de los arqueólogos para el “dragón que escupe fuego”. De hecho, otro buen ejemplo en este sentido ya lo habían dado los glosadores bíblicos, para quienes el Leviatán, aquel supuesto monstruo del caos primitivo, era también, ¡cómo no!, un cocodrilo…

 

      Vale la pena recordar ahora cómo se lo describe en la Biblia, en Job 41:

(6) “Su cuerpo es como los escudos fundidos de bronce y está apiñado de escamas                entre sí apretadas”.

(9) “Sus estornudos relampaguean luz, y sus ojos son como los arreboles de la aurora”

(10) “De su boca salen llamas como de tizones encendidos”.

(11) “Sus narices arrojan humo como la olla hirviente entre llamas”

(12) “Su aliento enciende los carbones, y su boca despide llamaradas”

(14) “Los miembros de su cuerpo están perfectamente unidos entre sí, caerán rayos sobre él, mas no se moverá de su sitio”

(17) “Si alguno quiere embestirlo, no sirve contra él espada, ni lanza, ni coraza”.

(18) “Pues el hierro es para él como paja, y el bronce como leño podrido”.

(19) “La flecha no le hará huir; para él las piedras de la honda son hojarasca”.

(21) “Debajo de él quedarán los rayos del Sol, y andará por encima del oro como sobre lodo”.

(22) “Hará hervir el mar profundo como una olla, y hará que se parezca al caldero de ungüento cuando hierve a borbollones”.

(23) “Deja en pos de sí un sendero reluciente, y hace que el mar tome el color canoso de la vejez”.

(24) “No hay poder sobre la Tierra que pueda comparársele, pues fue creado para no tener temor a nadie”.

 

      ¿Cocodrilo? Con toda seguridad, si así fueran los cocodrilos nadie se hubiera atrevido nunca a hacer con ellos zapatos y carteras…

 

 

¿Sofisticados helicópteros?

 

      Como dijimos, muchos investigadores opinan que los dragones serían en realidad ingenios extraterrestres, amparándose en mitos precisos como por ejemplo el del “dragón antorcha”, del que se cuenta que tenía la cara de un hombre y su cuerpo era rojo como la sangre. Y también se dice que “no bebe, no come. Cuando respira levanta viento”. Incluso, algunos autores se han arriesgado a suponer que la descripción “Cuando respira levanta viento”, puede responder, comparativamente hablando, al accionar de algún tipo de vehículo aéreo similar a nuestros modernos helicópteros.

 

      En cualquier caso, entendemos que mal podríamos adherir a un juicio tal sustentándonos exclusivamente en la leyenda china recién citada. Sin embargo, en la antigua Germania, la conocida leyenda de Sigfrido y el dragón parece coincidente con esa interpretación.

 

      La historia se resume así: el dragón, negro como la noche, pero de alas azules, se acercaba a Sigfrido volando muy lentamente, “trazando con su cola amplios círculos”. Tras un desigual combate, Sigfrido logró vencer al terrible dragón, que “vomitaba llamas azules”, el cual perece “en su propio fuego”, quedando el héroe germano ensordecido por el “enorme estallido” producido por el monstruo en ese momento.

 

      Ahora bien, desde una óptica actual ciertos puntos del relato nos llaman la atención: el dragón se presenta ante Sigfrido volando y “trazando con su cola amplios círculos”, ¿acaso es del todo improcedente establecer aquí una comparación con el efecto visual de las aspas de un helicóptero en movimiento? ¿Ese extraño “vomito de llamas azules” guardará relación con algún tipo de armamento?

 

      El “monstruo” perece “en su propio fuego”, produciendo en ese instante un “enorme estallido”. ¿Nos sorprendería hoy por hoy saber que un vehículo aéreo derribado estalla ruidosamente y se consume en su propio fuego?

 

      Interrogantes al margen, los cocodrilos tan caros para los arqueólogos nos siguen pareciendo ajenos a la cuestión…

 

      Agreguemos un dato interesante aportado por el recordado Andrew Tomas (“No somos los primeros”), y citamos textualmente: “A principios del siglo IV, Ko-Hung describe un helicóptero en China: ‘Algunos han fabricado carros voladores con madera procedente de la parte más interna del árbol guinjo, utilizando tiras de piel de buey atadas a unas palas rotatorias para hacer mover la máquina’ ”.

 

      ¿Serían estos antiguos constructores chinos de precarios helicópteros hombres visionarios que en lugar de temer a los dragones simplemente decidieron estudiarlos y copiarlos?

 

EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 

© César Reyes de Roa, 1999 – Derechos reservados.

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© César Reyes de Roa, 1999 – Derechos reservados – Reproducción autorizada por el autor.