Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

LA RUEDA DE EZEQUIEL EN UN MONOCICLO

   

Un dispositivo de la

robótica de última generación

tiene absoluta semejanza con

las muy extrañas ruedas que

describió el profeta Ezequiel

hace 2.600 años.


CÉSAR REYES DE ROA

CÉSAR REYES DE ROA

Argentina

cesarreyes@antiguosastronautas.com

 
 

En un artículo anterior - Ezequiel revisitado: Rueda multidireccional – puse énfasis en la curiosa descripción que unos dos mil seiscientos años atrás hizo el profeta Ezequiel sobre una muy extraña rueda que era al parecer, en sus propias palabras, “como una rueda que está dentro de otra rueda” (Ez 1,16), cuando encontrándose él a orillas del río Kebar vio de pronto que “venía del norte un torbellino de viento, y una gran nube, y una masa de fuego, y un resplandor alrededor de ella; y en su centro, esto es, en medio del fuego, una imagen como de bronce.” (Ez 1,4)

 

 

 

En rigor, el relato minucioso de Ezequiel en el Antiguo Testamento tal vez sea uno de los más reveladores testimonios para conjeturar lícitamente - en el marco de la Hipótesis del Antiguo Astronauta - que alguien pudo haber visto hace milenios el descenso de una nave espacial frente a sus narices. Sin embargo, en lo personal, sostengo enfáticamente que es antes de nada la rueda (o las ruedas) en particular, por la significativa e inequívoca función técnica que implica según la descripción bíblica, lo que da mayor sustento al caso y no tanto las otras referencias a la nube fulgurante o el objeto “como de bronce” que había en el centro de ella  y etc., ya que tales referencias bien pueden ser objeto de muy diferentes interpretaciones, digamos por caso fenómenos naturales de tipo atmosférico y otras en franca oposición con la idea de una posible paleovisita extraterrestre, que bien pueden llevarnos a concluir apresuradamente una simplista sentencia del tipo: el profeta Ezequiel en realidad no vio lo que dijo que vio sino…blablablá…

 

 

“Como una rueda que está dentro de otra rueda…”

 

Como dije a su tiempo en mi trabajo anterior arriba mencionado, hay un error extendido en el común de las gentes, que es sostenido sobre todo por algunos autores y artistas mal informados,  quienes han pretendido ilustrar sin acierto lo visto por Ezequiel a orillas del río Kebar dando por hecho que el profeta vio “halos”, “círculos de luz” o cosas parecidas a “ruedas” en el cielo, lo cual es absolutamente falso si nos atenemos fielmente a lo que con toda claridad dice el texto que leemos a continuación:

 

Ezequiel 1:

 

(…)

15.   Y mientras estaba yo mirando (…), apareció una rueda sobre la tierra, (…)

16.   Y las ruedas y la materia de ellas era a la vista como crisólito, y las cuatro eran semejantes, y su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de otra rueda.

17.   Caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban.

18.   Asimismo las ruedas tenían tal circunferencia y altura que causaba espanto el verlas; y toda la circunferencia de todas cuatro estaba llena de ojos por todas partes.

19.   Y caminando los seres vivientes, andaban igualmente también las ruedas junto a ellos; y cuando aquellos seres se levantaban de la tierra, se levantaban también del mismo modo las ruedas con ellos.

20.   A cualquier parte donde iba el espíritu, allá se dirigían también en pos de él las ruedas; porque había en las ruedas espíritu de vida.

21.   Cuando aquellos seres andaban, andaban las ruedas; parábanse, si ellos se paraban; y levantándose ellos de la tierra, se levantaban también las ruedas en pos de ellos; porque había en las ruedas espíritu de vida.

 

 Vemos aquí cierta y evidentemente que Ezequiel habla sin lugar a dudas de ruedas en el suelo y no (nunca) en el cielo, lo cual invalida por completo la pretendida explicación dada oportunamente por el astrónomo de la Universidad de Harvard Donald H. Menzel, quien sostuvo que el profeta habría sido víctima de una ilusión óptica debida a un complejo fenómeno meteorológico conocido como parahelio (formado por la luz solar que se refracta a través de los cristales de hielo de las nubes, dando lugar a la aparición de anillos concéntricos que rodean al Sol), que combinada con un poco de imaginación y un fervoroso espíritu religioso dio como resultado todo cuanto él narra en el milenario libro. Por consiguiente, y aunque resulte decididamente inadmisible para algunos, la posibilidad de que el testimonio brindado por Ezequiel describa en el mejor lenguaje de su época el aterrizaje de un artefacto alienígena no es algo que pueda descartarse alegremente y por mero prejuicio…

 

 

Desde luego y a buen seguro, Ezequiel no tendría la menor idea de cuál sería el aspecto de una nave espacial…ni conocería tampoco cómo se veía un parahelio. Pero sin temor a equivocarnos podremos apostar que sí sabía explicar muy bien cómo funcionaba una simple rueda en un sencillo carro. Y es por eso que resulta de lo más curioso que este hombre ilustrado haya puesto tanto empeño en describir las peculiares características de algo tan común y corriente, diciendo, por ejemplo, que “su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de otra rueda”, o que (las ruedas) “caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban” y que, además (cada rueda) “estaba llena de ojos por todas partes.

 

 

Patente de invención N° 3.789.947

 

Luego de la aparición de Chariots of the Gods? de Erich von Däniken  - el primero en proponer que el Libro de Ezequiel hablaba en realidad de una nave espacial de algún tipo -   el ingeniero aeronáutico Josef F. Blumrich, ya dueño por entonces de una medalla al mérito por servicios especiales otorgada por la NASA, quiso demostrar que nada de lo que decía al respecto el escritor suizo tenía el menor asidero. La sola idea le parecía a Blumrich  absurda e inadmisible y puso con eso en mente manos a la obra para ponerlo en evidencia. Pero al cabo de una exhaustiva investigación del milenario texto bíblico, la honestidad intelectual de Blumrich lo llevó a admitir que, en efecto, el profeta del Antiguo Testamento bien podría haber hecho a su modo, como sostenía von Däniken, una descripción técnica de una nave espacial que, según el mismo Blumrich interpretó después, tendría un cuerpo cónico, un conjunto de cuatro trenes de aterrizaje con paletas de helicóptero y ruedas y otros complejos mecanismos que con profusos detalles técnicos y diagramas dio a conocer en su libro The Spaceships of Ezekiel, publicado en 1974.

 

Pero no conforme con eso, este ingeniero aeroespacial, que había participado en la construcción del Saturno V – el cohete que llevó a los astronautas a la Luna – diseñó y patentó (en 1974) en el Registro de Patentes de los Estados Unidos, bajo el número 3.789.947, una rueda omnidireccional inspirada en la muy extraña descripción de Ezequiel sobre aquellas ruedas cuya estructura era como de una rueda que está dentro de otra rueda, que caminaban por sus cuatro lados y no se volvían cuando andaban,  y estaban llenas de ojos por todas partes…

 

 

 

 

No ha sido sencillo para la mayoría comprender al principio el diseño y función de estas desusadas ruedas. Sin embargo, cuando se tiene, a través de la explicación de Josef Blumrich, una cabal idea del mecanismo, uno se da cuenta de inmediato que no se trata de algo  en extremo complicado y mucho menos imposible para nuestra tecnología robótica del siglo XXI, como veremos en breve.

 

Leemos a Josef Blumrich ((Ezequiel vio una nave extraterrestre. Editorial ATE, 1979, España):

 

“Las ruedas permiten un movimiento rodante en todas direcciones, sin que por ello necesiten virar. Esta complicada condición será realizable de la manera más sorprendentemente sencilla.” (…) “Representémonos la llanta de un neumático de automóvil (ver abajo figura A sobre  esquema de movimiento multidireccional). Va rodando de la manera conocida, en dirección de la flecha 1. Pero cuando la giramos sobre sí misma (como se muestra por la flecha 2), entonces ha de moverse a lo largo de la flecha 3, en ángulo recto a su dirección acostumbrada. Mediante una apropiada combinación en ambas direcciones de rotación, la cámara rodará a lo largo de cualquier dirección deseada. Con ello está solucionado en principio el problema. En la figura (B) se muestra el más sencillo diseño resultante de la aplicación de este principio. Vemos el “neumático” dividido en un número de segmentos en forma de toneletes conectados por radios al cubo de la rueda. Las dos direcciones de rodaje resultan, por una parte por la rotación de la rueda en torno a su cubo, y por la otra por la rotación de los segmentos en torno a sus propios ejes.”

 

    

 

“En la figura (B) se muestran los segmentos en forma de toneletes, como teniendo una superficie lisa, lo que daría por resultado un mínimo de fricción entre rueda y suelo. Para aumentar la fricción, o la resistencia al deslizamiento, la superficie necesita un perfilado. Sin embargo, la resistencia al deslizamiento es necesaria en dos direcciones: en el plano de la rueda y perpendicular al plano. Los perfilados de superficie, como los empleados en los tractores pesados o en las auto-orugas no serían servibles, puesto que ellos sólo transmiten la fuerza propulsora en el plano de la rueda. La solución más sencilla y efectiva al par, son cortas piezas troncoides, a manera de las “apisonadoras”, nombre con que se las conoce desde la construcción de carreteras, y repartidas sobre la superficie de los segmentos de la rueda.” (…) “Las cortas protuberancias troncoides deben ser algo cónicas, como semi-retirados ojos de caracol. Para facilitar la penetración en el suelo, pueden ser huecas, en cuyo caso tendrían oscuras aberturas en sus extremos libres. Contempladas a cierta distancia, esas oscuras aberturas podrían ser justificadamente comparadas a “ojos”.”

 

 

 U3-X

 

Desde luego, para los no entendidos, no siempre las cosas quedan del todo claras hasta que uno ve “el aparato funcionando”. ¡Y afortunadamente la “rueda de Ezequiel” está hoy en movimiento y a la vista de todos!

 

Bien sabemos que un invento (como el de Blumrich en este caso) puede ser mejorado en cualquier momento. Y que toda  optimización de un diseño original es siempre un paso adelante que debemos celebrar…Y eso mismo hice cuando me encontré viendo con agradable sorpresa la “rueda omnidireccional de Ezequiel” girando en el uniciclo U3-X que la prestigiosa empresa japonesa Honda presentó al público en octubre de 2009, en el Tokyo Motor Show.

 

En línea con la tecnología de los Segways, el nuevo vehículo de Honda cuenta con un sistema denominado HOT Drive System (Honda Omni Traction Drive System), formado por pequeñas ruedas motorizadas conectadas entre sí para formar una rueda de mayor diámetro, lo cual permite un movimiento en cualquier dirección… al igual que las ruedas que vio Ezequiel que “caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban.(Ez 1,17). ¡Aunque usted no lo crea!...por decirlo así, en palabras de Robert Ripley.

 

El video que se muestra a continuación en https://www.youtube.com/watch?v=dmSisFCzc44 ilustra, como diagrama técnico animado, el movimiento omnidireccional del HOT Drive System… (¡cómo lo vio Ezequiel!).

 

 

Un testigo creíble y  confiable

 

Al escribir esto tengo en mis manos un ejemplar de la “Sagrada Biblia”, publicada por la Editorial Herder de Barcelona, España, en 1970. La revisión general de los textos originales y las introducciones estuvieron a cargo del R.P. Serafín de Ausejo, profesor de Sagrada Escritura, quien sobre Ezequiel y su libro dijo, entre muchas otras cosas interesantes: “El Libro de Ezequiel es seguramente el más ordenado y lógico entre los de todos los profetas.” (…) “El carácter de Ezequiel es lógico y razonador. No es un poeta al estilo de Isaías, ni un corazón emotivo como el de Jeremías. Su fuerza está en lo ponderado de su raciocinio…”

 

En cualquier tribunal de nuestros días, un concepto así sobre una persona le daría a ésta absoluta calidad de testigo creíble y confiable…Hace dos mil seiscientos años, este mismo hombre lógico y razonador y letrado y, por consiguiente, individuo creíble y confiable dijo haber visto “algo” cuyas características permiten sospechar legítimamente que podría tratarse de un portento tecnológico que estaría mucho más allá de su umbral de comprensión…pero aun así lo describió de la mejor manera y conforme su lenguaje de época se lo permitió, haciendo incluso hincapié en ciertos detalles que aludían a unas insólitas ruedas cuya función técnica recién hoy, en el siglo 21, alcanzamos a comprender del todo gracias al diseño de avanzada, y experimental, de una empresa líder en robótica…

 

Me cuesta creer que hoy - salvando las distancias de los nuevos logros tecnológicos que todos tenemos a diario a tiro de piedra en el campo de la información - alguno de nosotros hubiese podido describir esta rueda omnidireccional con mayor claridad…

 

 

 

 

EL AUTOR estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres

 

© César Reyes de Roa, 2010 – Todos los derechos reservados.

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