En un artículo anterior - Ezequiel revisitado:
Rueda multidireccional – puse énfasis en la
curiosa descripción que unos dos mil seiscientos años atrás
hizo el profeta Ezequiel sobre una muy extraña rueda que era
al parecer, en sus propias palabras, “como una rueda que
está dentro de otra rueda”
(Ez 1,16),
cuando encontrándose éla orillas del río Kebar vio
de prontoque “venía del norte un torbellino de
viento, y una gran nube, y una masa de fuego, y un
resplandor alrededor de ella; y en su centro, esto es, en
medio del fuego, una imagen como de bronce.”
(Ez 1,4)
En rigor, el relato minucioso
de Ezequiel en el Antiguo Testamento tal vez sea uno de los
más reveladores testimonios para conjeturar lícitamente - en
el marco de la Hipótesis del Antiguo Astronauta - que
alguien pudo haber visto hace milenios el descenso de una
nave espacial frente a sus narices. Sin embargo, en lo
personal, sostengo enfáticamente que es antes de nada la
rueda (o las ruedas) en particular, por la significativa e
inequívoca función técnica que implica según la descripción
bíblica, lo que da mayor sustento al caso y no tanto las
otras referencias a la nube fulgurante o el objeto “como de
bronce” que había en el centro de ella y etc., ya que tales
referencias bien pueden ser objeto de muy diferentes
interpretaciones, digamos por caso fenómenos naturales de
tipo atmosférico y otras en franca oposición con la idea de
una posible paleovisita extraterrestre, que bien pueden
llevarnos a concluir apresuradamente una simplista sentencia
del tipo: el profeta
Ezequiel en realidad no vio lo que dijo que vio sino…blablablá…
“Como una rueda que está dentro de otra rueda…”
Como dije a su tiempo en mi trabajo anterior arriba
mencionado, hay un error extendido en el común de las
gentes, que es sostenido sobre todo por algunos autores y
artistas mal informados, quienes han pretendido ilustrar
sin acierto lo visto por Ezequiel a orillas del río Kebar
dando por hecho que el profeta vio “halos”, “círculos de
luz” o cosas parecidas a “ruedas” en el cielo, lo
cual es absolutamente falso si nos atenemos fielmente
a lo que con toda claridad dice el texto que leemos a
continuación:
Ezequiel 1:
(…)
15. Y mientras estaba yo mirando
(…), apareció una rueda sobre la tierra, (…)
16. Y las ruedas y la materia de ellas era a la
vista como crisólito, y las cuatro eran semejantes, y
su forma y estructura eran como de una rueda que está dentro
de otra rueda.
17. Caminaban constantemente por sus cuatro lados, y
no se volvían cuando andaban.
18. Asimismo las ruedas tenían tal circunferencia y
altura que causaba espanto el verlas; y toda la
circunferencia de todas cuatro estaba llena de ojos por
todas partes.
19. Y caminando los seres vivientes, andaban igualmente
también las ruedas junto a ellos; y cuando aquellos seres se
levantaban de la tierra, se levantaban también del mismo
modo las ruedas con ellos.
20. A cualquier parte donde iba el espíritu, allá se
dirigían también en pos de él las ruedas; porque había
en las ruedas espíritu de vida.
21. Cuando aquellos seres andaban, andaban las
ruedas; parábanse, si ellos se paraban; y levantándose
ellos de la tierra, se levantaban también las ruedas en
pos de ellos; porque había en las ruedas espíritu de
vida.
Vemos aquí cierta y evidentemente que Ezequiel habla sin
lugar a dudas de ruedas en el suelo y no (nunca) en
el cielo, lo cual invalida por completo la pretendida
explicación dada oportunamente por el astrónomo de la
Universidad de Harvard Donald H. Menzel, quien sostuvo que
el profeta habría sido víctima de una ilusión óptica debida
a un complejo fenómeno meteorológico conocido como
parahelio (formado por la luz solar que se refracta a
través de los cristales de hielo de las nubes, dando lugar a
la aparición de anillos concéntricos que rodean al Sol), que
combinada con un poco de imaginación y un fervoroso espíritu
religioso dio como resultado todo cuanto él narra en el
milenario libro. Por consiguiente, y aunque resulte
decididamente inadmisible para algunos, la posibilidad de
que el testimonio brindado por Ezequiel describa en el mejor
lenguaje de su época el aterrizaje de un artefacto
alienígena no es algo que pueda descartarse alegremente y
por mero prejuicio…
Desde luego y a buen seguro,
Ezequiel no tendría la menor idea de cuál sería el aspecto
de una nave espacial…ni conocería tampoco cómo se veía un
parahelio. Pero sin temor a equivocarnos podremos apostar
que sí sabía explicar muy bien cómo funcionaba una simple
rueda en un sencillo carro. Y es por eso que resulta de
lo más curioso que este hombre ilustrado haya puesto tanto
empeño en describir las peculiares características de algo
tan común y corriente, diciendo, por ejemplo, que “su
forma y estructura eran como de una rueda que está dentro de
otra rueda”, o que (las ruedas) “caminaban
constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando
andaban” y que, además (cada rueda) “estaba
llena de ojos por todas partes.”
Patente de invención N° 3.789.947
Luego de la aparición de Chariots of the Gods? de
Erich von Däniken - el primero en proponer que el
Libro de Ezequiel hablaba en realidad de una nave
espacial de algún tipo - el ingeniero aeronáutico Josef
F. Blumrich, ya dueño por entonces de una medalla al
mérito por servicios especiales otorgada por la NASA, quiso
demostrar que nada de lo que decía al respecto el escritor
suizo tenía el menor asidero. La sola idea le parecía a
Blumrich absurda e inadmisible y puso con eso en mente
manos a la obra para ponerlo en evidencia. Pero al cabo de
una exhaustiva investigación del milenario texto bíblico, la
honestidad intelectual de Blumrich lo llevó a admitir que,
en efecto, el profeta del Antiguo Testamento bien podría
haber hecho a su modo, como sostenía von Däniken, una
descripción técnica de una nave espacial que, según el mismo
Blumrich interpretó después, tendría un cuerpo cónico, un
conjunto de cuatro trenes de aterrizaje con paletas de
helicóptero y ruedas y otros complejos mecanismos
que
con profusos detalles técnicos y diagramas dio a conocer en
su libro The Spaceships of Ezekiel, publicado en
1974.
Pero no conforme con eso, este
ingeniero aeroespacial, que había participado en la
construcción del Saturno V – el cohete que llevó a los
astronautas a la Luna – diseñó y patentó (en 1974)
en el Registro de Patentes de los Estados Unidos, bajo el
número 3.789.947, unarueda omnidireccional
inspirada en la muy extraña descripción de Ezequiel sobreaquellas ruedas cuya estructura era como de una rueda
que está dentro de otra rueda,
quecaminaban
por sus cuatro lados y no se volvían cuando andaban, y
estaban llenas de ojos por todas partes…
No ha sido sencillo para la mayoría comprender al principio
el diseño y función de estas desusadas ruedas. Sin embargo,
cuando se tiene, a través de la explicación de Josef
Blumrich, una cabal idea del mecanismo, uno se da cuenta de
inmediato que no se trata de algo en extremo complicado y
mucho menos imposible para nuestra tecnología robótica del
siglo XXI, como veremos en breve.
Leemos a Josef Blumrich ((Ezequiel vio una nave
extraterrestre. Editorial ATE, 1979, España):
“Las ruedas permiten un movimiento rodante en todas
direcciones, sin que por ello necesiten virar. Esta
complicada condición será realizable de la manera más
sorprendentemente sencilla.”
(…)
“Representémonos la llanta de un neumático de automóvil
(ver abajo figura A sobre
esquema de movimiento multidireccional). Va rodando de
la manera conocida, en dirección de la flecha 1. Pero cuando
la giramos sobre sí misma (como se muestra por la flecha 2),
entonces ha de moverse a lo largo de la flecha 3, en ángulo
recto a su dirección acostumbrada. Mediante una apropiada
combinación en ambas direcciones de rotación, la cámara
rodará a lo largo de cualquier dirección deseada. Con ello
está solucionado en principio el problema. En la figura
(B) se muestra el
más sencillo diseño resultante de la aplicación de este
principio. Vemos el “neumático” dividido en un número de
segmentos en forma de toneletes conectados por radios al
cubo de la rueda. Las dos direcciones de rodaje resultan,
por una parte por la rotación de la rueda en torno a su
cubo, y por la otra por la rotación de los segmentos en
torno a sus propios ejes.”
“En la figura
(B) se muestran los segmentos en forma de toneletes, como
teniendo una superficie lisa, lo que daría por resultado un
mínimo de fricción entre rueda y suelo. Para aumentar la
fricción, o la resistencia al deslizamiento, la superficie
necesita un perfilado. Sin embargo, la resistencia al
deslizamiento es necesaria en dos direcciones: en el plano
de la rueda y perpendicular al plano. Los perfilados de
superficie, como los empleados en los tractores pesados o en
las auto-orugas no serían servibles, puesto que ellos sólo
transmiten la fuerza propulsora en el plano de la rueda. La
solución más sencilla y efectiva al par, son cortas piezas
troncoides, a manera de las “apisonadoras”, nombre con que
se las conoce desde la construcción de carreteras, y
repartidas sobre la superficie de los segmentos de la
rueda.” (…) “Las
cortas protuberancias troncoides deben ser algo cónicas,
como semi-retirados ojos de caracol. Para facilitar la
penetración en el suelo, pueden ser huecas, en cuyo caso
tendrían oscuras aberturas en sus extremos libres.
Contempladas a cierta distancia, esas oscuras aberturas
podrían ser justificadamente comparadas a “ojos”.”
U3-X
Desde luego, para los no entendidos, no siempre las cosas
quedan del todo claras hasta que uno ve “el aparato
funcionando”. ¡Y afortunadamente la “rueda de Ezequiel” está
hoy en movimiento y a la vista de todos!
Bien sabemos que un invento
(como el de Blumrich en este caso) puede ser mejorado en
cualquier momento. Y que toda optimización de un diseño
original es siempre un paso adelante que debemos celebrar…Y
eso mismo hice cuando me encontré viendo con agradable
sorpresa la “rueda
omnidireccional de Ezequiel” girando en el uniciclo U3-X
que la prestigiosa empresa japonesa Hondapresentó al público en octubre de 2009, en el
Tokyo Motor Show.
En línea con la tecnología de los Segways, el nuevo vehículo
de Honda cuenta con un sistema denominado HOT Drive
System (Honda Omni Traction Drive System),
formado por pequeñas ruedas motorizadas conectadas entre sí
para formar una rueda de mayor diámetro, lo cual permite un movimiento en
cualquier dirección…al igual que las ruedas que vio Ezequielque
“caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se
volvían cuando andaban.” (Ez 1,17).
¡Aunque usted no lo crea!...por decirlo así, como Robert
Ripley.
El video que se muestra a continuación ilustra, como
diagrama técnico animado, el movimiento omnidireccional del
HOT Drive System… (¡cómo lo vio Ezequiel!).
Un testigo creíble y confiable
Al escribir esto tengo en mis
manos un ejemplar de la “Sagrada Biblia”, publicada por la
Editorial Herder de Barcelona, España, en 1970. La revisión
general de los textos originales y las introducciones
estuvieron a cargo del R.P. Serafín de Ausejo, profesor de
Sagrada Escritura, quien sobre Ezequiel y su libro dijo,
entre muchas otras cosas interesantes: “El Libro de
Ezequiel es seguramente el más ordenado y lógico entre los
de todos los profetas.” (…) “El carácter de Ezequiel es
lógico y razonador. No es un poeta al estilo de Isaías, ni
un corazón emotivo como el de Jeremías. Su fuerza está en lo
ponderado de su raciocinio…”
En cualquier tribunal de nuestros días, un concepto así
sobre una persona le daría a ésta absoluta calidad de
testigo creíble y confiable…Hace dos mil seiscientos años,
este mismo hombre lógico y razonador y letrado y, por
consiguiente, individuo creíble y confiable dijo haber visto
“algo” cuyas características permiten sospechar
legítimamente que podría tratarse de un portento tecnológico
que estaría mucho más allá de su umbral de comprensión…pero
aun así lo describió de la mejor manera y conforme su
lenguaje de época se lo permitió, haciendo incluso hincapié
en ciertos detalles que aludían a unas insólitas ruedas cuya
función técnica recién hoy, en el siglo 21, alcanzamos a
comprender del todo gracias al diseño de avanzada, y
experimental, de una empresa líder en robótica…
Me cuesta creer que hoy - salvando las distancias de los
nuevos logros tecnológicos que todos tenemos a diario a tiro
de piedra en el campo de la información - alguno de nosotros
hubiese podido describir esta rueda omnidireccional con
mayor claridad…
EL AUTOR
estudió abogacía en la Universidad de Buenos Aires
(Argentina). Es periodista versado en ciencia y fue
coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión,
jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y
actualmente es el editor de antiguosastronautas.com.
Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a
la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres