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Según la esotérica mitología Dogon, Sirio
(Alfa Can Mayor) es un sistema estelar triple que consiste
en las estrellas Sigi tolo (nuestra Sirio A), Po tolo (Sirio
B, una enana blanca) y Emme ya tolo (la hipotética Sirio C,
todavía por ser descubierta) (1). Los Dogon dicen
que la estrella Po explotó “en el primer año de la vida
de las personas en la Tierra” y que su brillo disminuyó
lentamente durante 240 años hasta que se apagó del todo. Se
supone que estos datos (así como la otra información
astronómica que posee la tribu Dogon de la República
Africana Oriental de Malí) fue traída a la Tierra por
visitantes cósmicos (2).
Es sabido por todos que los vuelos
interestelares a casi la velocidad de la luz, “c”, requieren
enorme energía. Por ejemplo, para acelerar un objeto de
1.000 toneladas a v=0,999c, sería necesario consumir 1032
ergios, mientras que para lanzar un objeto similar en el
espacio exterior se requieren sólo 1020 ergios.
Los investigadores utilizan comúnmente la clasificación de
las hipotéticas civilizaciones extraterrestres (ET)
propuesta por N.S. Kardashev de la Academia de Ciencias de
la (ex) URSS: Tipo 1 (similar a la terrestre) – energía
aprovechada: 4 x 1019 ergios por segundo; Tipo 2
- capaz de aprovechar la energía total radiada por su
estrella central (unos 4 x 1033 ergios por
segundo); Tipo 3 - capaz de aprovechar la energía
equivalente a la producida por la Galaxia (unos 4 x 1044
ergios por segundo). Es evidente que nuestra civilización
terrestre podría producir la energía suficiente para lanzar
una sonda interestelar de 1.000 toneladas dentro de no menos
de 80.000 años. Por otra parte, los vuelos interestelares
“reales” (a velocidades relativistas) son algo que nosotros
apenas podemos soñar. Por el contrario, para una
civilización de Tipo 2 o Tipo 3, el gasto de energía en
tales vuelos sería insignificante.
Los grandes recursos de energía no sólo
facilitan los vuelos interestelares, sino también permiten
las actividades de astroingeniería, es decir, la
transformación de estrellas y galaxias para el beneficio de
las civilizaciones cósmicas. En este supuesto está basado el
concepto “evolutivo” de la búsqueda de inteligencia
extraterrestre. Según este concepto, propuesto por N.S.
Kardashev, es necesario buscar civilizaciones ET entre
“las más poderosas…que conocen las fuentes de radiación en
el Universo” (3). El científico soviético,
Dr. V.V. Ivanov, ha supuesto recientemente que hubo alguna
relación hace unos 50.000 años entre el surgimiento de la
especie homo sapiens y la explosión de una Supernova
aproximadamente a 30 parsecs de distancia del Sol. El Dr.
Ivanov cree que la artificialidad de esta Supernova no es
improbable (4).
Permítasenos volver ahora al sistema de
Sirio. Su historia es bastante críptica. Se sabe que una
enana blanca surge de una gigante roja cuando ésta pierde su
masa. Este proceso está acompañado por la eyección de una
nebulosa planetaria que con el tiempo se disipa en el
espacio. El curso de los acontecimientos en los sistemas
múltiples puede complicarse más debido al posible
intercambio de masa entre los componentes. Así, Sirio B fue
una vez una gigante roja cuya masa superaba a la de Sirio A
(por eso la primera evolucionó más rápidamente). ¿Pero
cuándo se convirtió Sirio B en una enana blanca?
Los datos astrofísicos sugieren que el
tiempo de vida de Sirio B como enana blanca es de 30 a 100
millones de años, si no es exagerado. La órbita inicial del
primer satélite de Sirio A era, muy probablemente, circular;
ahora es una muy alargada elipse. Esto sugiere que la
pérdida de masa estuvo acompañada por algunas considerables
perturbaciones. Si la materia “perdida” se disipó en el
espacio, o fue capturada por Sirio A, también dependió de
los parámetros iniciales de la órbita. La situación se
vuelve incluso más complicada si suponemos la presencia del
segundo satélite en este sistema, como afirman los Dogon y
es confirmado por la reciente investigación astronómica
(5).
La evidencia histórica es igualmente
incierta, pero hay algunas razones para suponer que hace
2.000 años o así Sirio no se veía blanca-azulada, como
ahora, sino roja (6). Sin embargo, esto solo no
significa que Sirio B era por entonces una gigante roja.
Esto podría ser nada más que un enrojecimiento temporal de
la estrella debido a ciertas inestabilidades en su envoltura
exterior (lo que es conocido como una fase pseudo - gigante
roja) (7).
R.K.G. Temple supone en su trabajo
(2) que el saber astronómico de los Dogon fue tomado
prestado hace unos cinco o seis mil años de una antigua
tradición común a todas las civilizaciones mediterráneas. Yo
tenía alguna duda acerca de esta conclusión, pero hay aquí
un hecho interesante que parece apoyarla. El antiguo nombre
iraní de Sirio - Tistrya - remite al término sánscrito Tri-stri
(tres estrellas) y a uno indoeuropeo más antiguo del mismo
significado. B.G. Tilak , quien primero propuso esta
explicación etimológica (ahora generalmente aceptada por los
especialistas) (8) no podía entender su sentido y
por consiguiente dudaba sobre el significado de la palabra “Tistrya”;
si en realidad significaba el “Cinturón de Orion”, en lugar
de Sirio. Sin embargo, nada prueba esta conjetura ad hoc.
Por otro lado, el nombre “tres estrellas” está bastante
justificado por lo que se refiere al concepto Dogon de este
sistema estelar. Es sumamente significativo que Sirio
también fuese llamado “Tristryeni”, que quiere decir,
“muchas estrellas o un grupo de estrellas”, así como
“Pauryeni” - “la primera” (al parecer esto da a entender que
Sirio A realmente se ve a ojo desnudo).
Pero el nombre más común para Sirio en el
mundo antiguo era “El Can”. El culto del perro-lobo estaba
extendido en el mundo indoeuropeo. Por ejemplo, el motivo de
la lucha contra el dragón en la mitología eslava surgió de
un tema más antiguo del héroe-herrero, que lucha y
finalmente encadena a un perro monstruoso. El Dr. V.V.
Ivanov, habiendo analizado este mito, puso atención en su
aspecto “celestial”: “En todo el territorio de Eurasia,
este conjunto mitológico está asociado con la Osa Mayor…,
con una estrella cercana igual a un perro que es peligroso
para el Universo, y también con herreros…” (9).
La gran importancia del herrero en la
mitología Dogon es bien conocida; y aunque Sirio está lejos
de la Osa Mayor en el firmamento, pertenece al mismo grupo
estelar.
Así, es probable que el mito sobre el
perro del cielo, peligroso para la Osa Mayor y para todo el
Universo, que fue encadenado por los sagrados herreros, esté
basado en un acontecimiento cierto de la historia del
sistema de Sirio (la Estrella Perro). Mi opinión es que éste
podría ser artificial, una intervención de astroingeniería
de una supercivilización cósmica en la evolución de este
sistema dirigida, al parecer, a evitar la explosión de Sirio
B como Supernova. Durante la eyección de masa de la gigante
roja, su núcleo restante podría conservar una masa que
excede el límite de Chandrasekhar (1.2-1.4 masas solares).
Pero esto llevaría inevitablemente a la desastrosa
auto-compresión del núcleo y a su explosión como Supernova.
Como resultado, serían expulsados poderosos chorros de
materia y radiación en el espacio circundante (10).
La explosión de una Supernova a tan corta
(en escala cósmica) distancia del Sistema Solar podría ser
fatal para la biosfera terrestre. Este peligro podría ser
evitado quitando el exceso de materia estelar de Sirio B.
Los 240 años de disminución del brillo de la estrella
parece de hecho una lenta descarga de esta “mina cósmica.”
¿Fue descargada completamente? Quien sabe…el mito nos dice
que los herreros sólo encadenaron al Perro, pero eso no
significa que ellos hayan conseguido que fuera del todo
inofensivo.
Para verificar la hipótesis de esta
intervención extraterrestre en la evolución de las estrellas
por el bien de la supervivencia de nuestra civilización (¿y
posiblemente para algún otro propósito?), sería necesario
estudiar el sistema de Sirio en detalle y buscar allí
construcciones de astroingeniería. Por ejemplo, esto podría
hacerse por radio interferómetros con una base muy larga
(3). Al parecer es inútil esperar descubrir
señales significativas de esta estrella. Es poco probable
que haya ahora allí vida inteligente autóctona o que la
supercivilización que llevó a cabo sus actividades de
astroingeniería esté intentando al mismo tiempo satisfacer
nuestra curiosidad intelectual. El sistema de Sirio puede
ser más bien un campo de batalla para el futuro de nuestra
región del Cosmos antes que simplemente la morada más
cercana de las IETs. Pero si esta hipótesis es probada
después de todo, nuestra comprensión del mundo en que
vivimos se ampliará, en todo caso no menos que como el
resultado del descubrimiento de los largamente esperados
mensajes de radio cósmicos.
Referencias:
(1)
M.Griaule y G.Dieterlen, Le Renard
Pale. Institut d´Etnologie, París, 1965
(2)
R.K.G. Temple, The Sirius Mystery,
Sidgwick & Jackson, Londres, 1976
(3)
N.S. Kardashev, Astronomiya,
Metodologiya, Mirovozzreniye. Nauka, Moscú, 1979
(4)
V.V. Ivanov, The History of the
Slavonic and Balkan Names of Metals. Nauka, Moscú, 1983
(5)
M. Walbaun y J.L. Duvent,
Astronomie, 1983
(6)
T.J.J. See, Astronomische
Nachrichten, 1926
(7)
F.D´Antona y I. Mazzitelli, Nature, 1978
(8)
B.G. Tilak, The Orion or
Researches into the Antiquity of the Vedas. Bombay, 1893
(9)
V.V. Ivanov, Slavyanskoye i
Balkanskoye Yazyoznaniye. Karpato-Vostochnoslavyanskiye
Paralleli. Struktura Balkanskogo Teksta. Nauka, Moscú, 1977
(10)
I.S. Shklovskiy, The Problems of
the Modern Astrophysics. Nauka, Moscú, 1982
(11)
I.S. Shklovskiy, The Stars: Their
Birth, Life and Death. Nauka, Moscú, 1984
EL AUTOR es doctor en filosofía de la ciencia, egresado de la Academia de
Ciencias de la ex Unión Soviética. Ha publicado gran
cantidad de artículos y libros en relación a la hipótesis de
las paleovisitas y sobre el problema de la existencia de
vida extraterrestre inteligente. Actualmente es presidente
del comité científico de RIAP – Research Institute on
Anomalous Phenomena.
© Vladimir V. Rubtsov – Derechos reservados.
Traducido y reproducido con permiso expreso del autor.
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