Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

LA IRRACIONAL RESPUESTA DE LOS CIENTÍFICOS A LA HIPÓTESIS DEL ANTIGUO ASTRONAUTA

Una crítica objetiva que pone

de manifiesto la falta de rigor

científico de aquellos que, sin

investigar a fondo la evidencia,

desestiman una hipótesis válida

como es la del antiguo astronauta

 

 

PASQUAL S. SCHIEVELLA

Dr. PASQUAL S. SCHIEVELLA

EUA

 http://mysite.verizon.net/vzepglv8/index.htm  

 

Que inteligencias extraterrestres visitaron la Tierra en la antigüedad y alteraron el curso de la historia humana es una vieja hipótesis, propuesta de nuevo por Erich von Däniken.

Aunque yo simpatizo con esta tesis, la idea central de este artículo es una crítica del comportamiento de los críticos, particularmente los científicos, en el más amplio sentido del término. Como una hipótesis histórica, los méritos de la hipótesis del antiguo astronauta debería ser comparada con la evidencia disponible con riguroso escrutinio científico.

 

Desafortunadamente, esto no ha ocurrido. En lugar de eso, la comunidad científica ha atacado a la hipótesis y a von Däniken con ultrajes e insultos. Sus pruebas han sido descartadas con burlas. La hipótesis es atacada con un falaz razonamiento y una apelación a la autoridad. De igual modo inquietante es el sepulcral silencio de los “expertos” en lo que concierne a la evidencia de la hipótesis. Este silencio, y los ataques de los críticos, claramente demuestran que no cabe esperar una evaluación científica, por lo menos en los Estados Unidos.

 

Debería hacer notar desde el principio que este examen de tal irracionalidad de parte de muchos científicos de ninguna manera debe ser interpretado como que tengo falta de fe en la ciencia. Yo soy, por supuesto, un ferviente defensor de la ciencia. Por eso es que me pongo tan molesto con los científicos dogmáticos que destruyen la credibilidad de la ciencia reclamando para sí más de lo que pueden entregar y rehusándose a concederle a la hipótesis del antiguo astronauta la consideración científica que se merece.

 

Todo el mundo sabe que es posible y probable que existan seres inteligentes en alguna parte del Universo. Incluso los críticos de la hipótesis del antiguo astronauta lo admiten. Suponer otra cosa es volver a la Edad Media, cuando se creía que la Tierra era el centro del Universo y el hombre la suprema creación.

 

El historiador Will Durant, en su “Story of Civilization” (Historia de la Civilización), propone que nosotros no somos necesariamente los descendientes de las primitivas culturas a las cuales los arqueólogos y antropólogos prefieren atribuir nuestra ascendencia. Su tesis, y los misterios que la ciencia no ha explicado, sugieren la posibilidad de que antiguos viajeros espaciales visitaran la Tierra. Ningún argumento basado en la poca información que se tiene sobre los problemas de los viajes intergalácticos y la inmensidad del Espacio ha demostrado todavía que una inteligencia superior no podría llevar a cabo lo que nosotros, con nuestros pocos siglos de limitada tecnología y teoría científica, creemos imposible.

 

Es posible y probable que antiguos astronautas hayan visitado la Tierra. Esto no puede ser negado a menos que uno considere que la evolución es imposible, o que no hay evolución y Dios sólo nos creó a nosotros (un tema que plantea cuestiones sobre las cuales no hay evidencia podría estar dirigido), o que tal evolución haya tenido lugar solamente en la Tierra, o que a excepción de nosotros no hay astronautas u otras inteligencias en el Universo, o que la evidencia es todo en cuanto a nuestro origen, o que nosotros tenemos absoluto conocimiento acerca de estas cosas, y similares. Desde luego, ninguna persona inteligente podría sostener tales ideas medievales.

 

A no ser que neguemos la posibilidad de la evolución en alguna parte del Universo o pretendamos tener un absoluto conocimiento respecto de nuestro pasado, debemos reconocer por lo menos la posibilidad de que civilizaciones tecnológicamente avanzadas puedan haber surgido en algún lugar y que ellas quizá nos hayan visitado en el remoto pasado.

 

La hipótesis del antiguo astronauta, entonces, es como mínimo posible. Como prueba de las teorías de von Däniken, debe ser mencionado que de la hipótesis del antiguo astronauta no puede esperarse que siga las rígidas reglas y estándares de pruebas establecidas por las ciencias naturales. Sus modos de prueba son fundamentalmente parecidos a aquellos de las ciencias sociales, tales como la psicología, sociología y antropología. Esperar formal rigidez en tales disciplinas informales es exigir lo que no puede ser. Sin embargo, uno esperaría de los científicos que le permitieran a von Däniken hacer una extrapolación de su información, ya que ellos mismos aceptan la extrapolación como una clase de evidencia que permite más avances en la ciencia.

 

La tesis de von Däniken explica hasta ahora los inexplicables misterios, ninguno de los cuales han recibido algún esclarecimiento por parte de las mentes académicas prisioneras de los prejuicios y preconceptos. No es fatal para la hipótesis que los críticos encuentren errores. Tomándolo como un todo, las conclusiones de von Däniken señalan convincentemente una intromisión extraterrestre en el distante pasado de la humanidad.

 

La hipótesis del antiguo astronauta es poco diferente de la mayoría del registro histórico. La hipótesis sólo requiere la “validación” de los datos informados por la correlación de esos datos con los inexplicados y maravillosos artefactos técnicos del distante pasado. Las pruebas de la hipótesis del antiguo astronauta pueden ser encontradas en la lógica de posibles y probables eventos, en lo histórico, aun cuando predominantemente religiosos, documentos que se conservaron en gran estima en todo el mundo, y en los antiguos artefactos que no pueden ser explicados en los términos de los supuestos conocimientos y capacidades de la antigüedad. Todo esto, estudiado como un cuerpo de información coherentemente descriptible, que apunta a una intervención extraterrestre. Además de eso, la descripción en antiguos documentos, cuando se asocian con datos empíricos, debilitan considerablemente el argumento de que los terráqueos son responsables por esos artefactos, que obviamente estaban más allá de sus habilidades lingüísticas, conceptuales y técnicas.

 

Parece, entonces, como von Däniken reitera, que es tiempo de apuntar a estos fascinantes misterios, y sobre las descripciones de ellos en las lenguas de la antigüedad, nuevas perspectivas y viables hipótesis se hicieron posibles por el más sofisticado lenguaje y conocimiento de nuestra época.

 

Si las instituciones científicas y religiosas lo permitieran, y si los gobiernos o fundaciones lo  financiaran, los investigadores podrían introducir datos de todas partes del mundo en las computadoras para establecer las similitudes comparativas entre las descripciones empíricas de los “dioses del espacio” y determinar si estas descripciones son, como los críticos prefieren creer,  nada más que las creaciones de mentes insanas o excesivamente fértiles imaginaciones. Complementado por computadoras, expertos en lingüística comparada, traducción, culturas antiguas, y lenguas antiguas sería posible determinar si la información técnica, conceptos y logros hallados en los museos, existentes en los sitios arqueológicos, y descritos en documentos históricos y religiosos podrían haberse originado con un pueblo pre-científico que hablaba sólo un lenguaje no técnico y sencillo.

 

Como está ahora, la hipótesis del antiguo astronauta es principalmente una hipótesis histórica y secundariamente una científica. Fundada sobre evidencia documental y circunstancial y, en algunos casos, sobre fuerte evidencia que no debe ser negada excepto por la distorsión de los hechos más allá de la razón y la probabilidad.

 

Mucho de la crítica negativa a Erich von Däniken y la hipótesis del antiguo astronauta proviene de un pequeño número de científicos, quienes afirman que no hay “una pizca de evidencia” para sostener la hipótesis. El reclamo es que ellos prueban sus teorías, mientras que la hipótesis del antiguo astronautas no lo hace. Yo deseo recordarles que hay muchos tipos de prueba. Que la prueba puede no sólo ser empírica, observacional, experimental, o inductiva, sino también teórica, lógica, matemática, hipotética, deductiva, estadística, probable, y documental. Estas varias formas cuentan para mucho examen crítico y fundamental dentro de la ciencia misma. El uso por parte de los teóricos que defienden la hipótesis del antiguo astronauta de muchas de estas clases de prueba no es menos válido que el uso de ellas por los científicos. Desde luego, ellas deben ser directa o indirectamente verificables y compatibles con un cuerpo comprensivo de hechos relevantes, teorías, generalizaciones, e hipótesis. Por el grado por el cual estos elementos encajan coherentemente sin contradicción, por ese grado podemos nosotros legitimar afirmaciones de que tenemos evidencia, prueba, o conocimiento.

 

Hacer un deliberado caso omiso de estos diferentes tipos de prueba es el modus operandi  de aquellos científicos que son culpables de dogmatismo y prejuicio. ¿Están sugiriendo los críticos de von Däniken que no hay verdad o conocimiento excepto por el que se encuentra en las ciencias naturales? ¿Afirmarían ellos que no hay “una pizca de evidencia” en que el Presidente Lincoln fue baleado en el Ford Theater en Washington, o que la historia de los Estados Unidos sucedió sustancialmente como esta registrada, sobre la base de que nadie vivo estuvo ahí para ver que pasó? ¿Cuestionarían ellos los documentos que registran el descubrimiento de la penicilina por Fleming, o que César haya gobernado Roma? Tal conocimiento no puede ser verificado por las técnicas de las ciencias naturales, por experimentación, o por infalsificable información.

 

Por supuesto, la ciencia debe llevar a cabo su búsqueda de la verdad objetivamente. Pero la ciencia no son los científicos. Éstos distan de ser infalibles y a menudo distan de ser objetivos, unos pocos incluso son deshonestos, propensos al autoritarismo y a los sueños de infalibilidad científica aun cuando admiten que están especulando. Ellos olvidan que los actuales logros de la ciencia constituyen poco más que un desarrollo embrionario en la continua búsqueda de la verdad. Elevándose ellos mismos al trono de la infalibilidad, dan a entender que son los únicos que tienen la clave de los misterios del universo. Éstos demuestran la peor clase de mentalidad pueblerina fallando en ver que hay problemas de un tipo que no pueden ser resueltos por un estudio de construcciones subatómicas o de estructuras moleculares. Para empeorar las cosas, los logros técnicos de ciencia a menudo son combinados con científica certeza, induciendo a error al gran público en la creencia de que los productos de la tecnología – tales como la televisión, el armamento nuclear, y el viaje espacial – son amplia prueba de que lo que los científicos dicen es ipso facto verdadero.

 

Aunque von Däniken no tiene poca experiencia en ciencia, él nunca ha pretendido ser un científico. Sus críticos ignoran eso, no obstante, y argumentan en contra su propia suposición de que von Däniken piensa que es un científico. Luego ellos proceden a demostrar lo que él mismo admite – que no lo es. Este enfoque de “hombre de paja” es típico de muchos de sus críticos. De hecho, es para nuestro beneficio que von Däniken no sea un científico. Las ideas que expresa von Däniken han sido planteadas, como él dice, miles de veces en el pasado. Ninguna antes, sin embargo, fue lo suficientemente audaz o provocativa para suscitar en la conciencia mundial la posibilidad y la probabilidad de inteligencia extraterrestre.

 

En efecto, la perseverancia de von Däniken y su provocativo y acusatorio estilo de escritura no le han hecho granjearse la simpatía de los científicos del mundo, ni de sus líderes religiosos. Sin embargo, si sus preguntas no son apropiadas, debería ser fácil para sus críticos demostrarlo. Los científicos por cierto no han demostrado que la caracterización que de ellos hace von Däniken sea equivocada, y lo que es peor, las respuestas carentes de rigor científico de éstos apoyan sus opiniones. Tampoco las demoledoras pruebas en contra de sus hipótesis han sido demostradas. Desde luego la difamación y los débiles reclamos no lo harán.

 

Los ataques y respuestas negativas de las instituciones religiosas son fácilmente comprensibles, en vista de su especial interés. Uno esperaría, sin embargo, una actitud más comprensiva de parte de los miembros de la comunidad científica. Su enfoque hasta ahora huele del todo a autoritarismo dogmático. Obviamente no puede esperarse de la ciencia que se distraiga con afirmaciones que pueden resultar estar llenas de contradicciones internas, ambigüedades y términos sin sentido. Pero ése no es caso con la hipótesis del antiguo astronauta.

 

Si la ciencia ve su carácter moral y ética científica como incluyendo la responsabilidad de advertir al mundo sobre qué es lo racional y qué no, entonces debe hacerlo con un enfoque que no discrimine. Si se ataca a von Däniken, entonces se tiene que atacar a todos los altos sacerdotes del irracionalismo – religioso, político y científico, de todo el mundo. Como una comunidad humanística, la ciencia debería atacar ideas, no a los defensores de las ideas. Se debería recurrir al método científico no a la tiránica voz del dogma y el autoritarismo. Los científicos harían bien, por lo tanto, en admitir que los teóricos del antiguo astronauta tienen derecho a usar el mismo tipo de prueba que la ciencia misma usa. Harían bien en examinar la evidencia e información con la objetividad que ellos afirman utilizar en las ciencias “concretas”. No deberían ocupar el tiempo en denuncias, sino más bien en investigaciones. Harían bien en prestar su interés, sus métodos, sus técnicas, y su apoyo moral y financiero a una búsqueda seria de conocimiento histórico en relación a la hipótesis del antiguo astronauta.

 

 

EL AUTOR es doctor en filosofía egresado de la Columbia University (EUA). Es fundador y presidente de The National Council for Critical Analysis, y editor de The Journal of Critical Analysis y The Journal of Pre-College Philosophy. Ha publicado gran número de libros y artículos, algunos de ellos relacionados con la hipótesis del antiguo astronauta.

 

© Pasqual S. Schievella – Derechos reservados.

Traducido y publicado con autorización expresa del autor.

 

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