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Nuestro sistema solar tiene sólo ocho
planetas “clásicos” - así lo ha decidido la unión de
astrónomos, reunidos en Praga. Plutón - todavía allí afuera
- debe de estar riéndose.
Es irónico - o, quizás, simbólico - que
la decisión de privar a Plutón de su estatus como el noveno
planeta de nuestro sol coincida con el 30 aniversario de la
publicación de mi obra primordial, El Duodécimo
Planeta en el otoño de l976. En ella, sugerí que la
Épica Sumeria de la Creación no es un mito alegórico sino
una sofisticada cosmogonía que describe científicamente cómo
nuestro sistema solar llegó a ser como es; e incluyó a
Plutón definitivamente.
Inscrito en siete tablillas de arcilla,
el texto describía cómo aparecieron los planetas interiores
y exteriores; cómo un cuerpo celestial invasor (“Nibiru”)
chocó contra el planeta “Tiamat” y lo desintegró, creando
“un nuevo cielo;” y cómo Nibiru, capturado en una gran
órbita elíptica, se convirtió en el duodécimo miembro de la
“familia solar” – el Sol, la Luna, y diez planetas
incluyendo a la Tierra, Nibiru y Plutón. Estos “dioses
celestiales” fueron equiparados por un panteón de doce
deidades en la Tierra.
Los informes de Praga sugerían al
principio que los astrónomos estaban molestos por el pequeño
tamaño de Plutón, ahora que había sido descubierto un gran
cuerpo helado más lejano. Pero el voto final se concentró en
lo que ha preocupado a los astrónomos casi desde el
descubrimiento de Plutón en 1930. Su rara órbita inclinada
que tambalea dentro y fuera de la trayectoria de Neptuno.
Esta extraña órbita ha llevado a algunos
astrónomos a especular que Plutón empezó su vida como un
satélite, quizás de Neptuno. ¿Pero qué poderoso
acontecimiento podría haber causado que cambiara su posición
y adoptara una órbita extraña? Nadie lo sabe. Pero en El
12 Planeta yo escribí que los sumerios de la antigua
Mesopotamia lo sabían: Plutón (“GAGA” en la Épica de la
Creación) era de hecho una luna de Saturno, arrancada y
enviada a una órbita independiente por la invasión de Nibiru
para jugar un papel importante en esos encuentros
celestiales.
De hecho, los sumerios también eran
conscientes de que Gaga/Plutón terminó en una rara órbita
cerca de Neptuno. En el panteón sumerio, el planeta que
nosotros llamamos Neptuno era el colega celestial del dios
de Acuario Enki. Su “ministro “ o “visir” se apodaba Ushmu,
que significa “el de dos caras” - y así era representado,
con una cara mirando a Enki y una segunda cara apartando la
vista de él - exactamente de la manera en que Plutón mira a
Neptuno.

La Épica de la Creación y los otros
textos sumerios pertinentes son apoyados por otras
representaciones pictóricas, tales como el sello cilíndrico
VA-243 en el Berlin Near Eastern Museum. Allí se muestra al
Sol en el centro (!), rodeado por once cuerpos orbitando que
incluyen a la Luna, Plutón y al todavía no reconocido
“Planeta X” - Nibiru.

El conocimiento sumerio del origen y
composición de nuestro sistema solar incluía gran cantidad
de otros aspectos que la ciencia moderna ha estado
redescubriendo en tiempos recientes. Basta con decir aquí
que: los sumerios consideraron a Plutón como un miembro de
buena posición de nuestra “familia solar”; permítanle
quedarse así.
EL
AUTOR es
periodista, escritor y lingüista experto en hebreo antiguo y
otras lenguas semíticas y europeas. Pionero en la
investigación de la hipótesis de las paleovisitas
extraterrestres y profundo conocedor del Antiguo Testamento
y de la historia y arqueología del Cercano Oriente, es el
autor de la mundialmente exitosa serie Crónicas de la
Tierra, que inició con el best seller El 12vo.Planeta.
Su último libro en español es El Libro Perdido de Enki.
© Z. Sitchin 2006 – Reproduced by permission.
Traducido y reproducido con permiso expreso del autor.
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor
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